Las finales no siempre las gana el mejor equipo

Las finales no siempre las gana el mejor equipo
JORGE VILDASELECCIONADOR ESPAÑOL DE FÚTBOL FEMENINO

Las finales no las gana el mejor equipo -que a tenor de lo visto este curso sería el campeón liguero-, sino aquel que muestra la mayor convicción en lo que tiene que hacer y más confianza en su capacidad. Por ello, la Copa de la Reina 2019 la veo abierta entre dos conjuntos seguros de sus opciones.

A priori, el guion recoge que el Atlético de Madrid intentará llevar el peso del partido y controlar el balón. Así, la Real Sociedad trataría de hacer daño buscando el espacio que deje el rival a través de contraataques o una presión alta que permita robar la pelota.

Esto es la teoría. Pero todo plan se puede ir abajo si algún equipo marca pronto. Por ello, los primeros diez o quince minutos serán fundamentales, sobre todo para el equipo que no es favorito. Si la Real aguanta la salida del Atlético, mentalmente se puede venir arriba en busca de su oportunidad.

Porque la psicología cuenta mucho en una final. Y en este aspecto no veo gran diferencia. La plantilla madrileña posee jugadoras con un mayor bagaje en este tipo de partidos, pero en la realista hay internacionales con encuentros de mucho nivel en sus piernas.

Además, es evidente la progresión de la Real, un conjunto muy bien trabajado por Gonzalo Arconada. En el último partido sufrió la lesión de Itxaso Uriarte, una jugadora importante en su esquema, pero, si finalmente no juega, la que salga en su lugar lo hará con todas las garantías.

Como seleccionador, estaré en Los Cármenes. La expectación que ha generado esta final también la siento sobre la selección con miras al Mundial que arranca en junio. Se han creado unas expectativas muy altas, pero debemos tener los pies en la tierra. Al combinado español solo se le puede exigir que compita bien, que es algo que creo que lo vamos a conseguir y veremos hasta dónde nos lleva en Francia.

El camino hay que andarlo poco a poco pero con paso firme. El fútbol femenino está viviendo un crecimiento exponencial. Por ello, las instituciones -con la Federación Española a la cabeza- y los técnicos tenemos el deber de establecer unos cimientos sólidos para que este crecimiento sea estable y no se desmorone. No podemos dejar que esto suponga una burbuja.