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Vecinos de Castilleja de Guzmán, la localidad sevillana de Carlos Fernández, brindan ayer por el triunfo de la Real. A. V.
Real Sociedad

Castilleja entrega su alma a Carlos Fernández

Pasión ·

La final engrandece el amor por su paisano en esta miniatura geográfica de sentimiento realista a orillas del Guadalquivir. La alcaldesa, el quiosquero que enmarca las camisetas del jugador, el padre... Todos van con la Real

Álvaro Vicente

Enviado especial a Sevilla

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Miércoles, 31 de marzo 2021, 06:39

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Carlos, Carlos, Carlos...!! Sin aficionados en las gradas es fácil que a Carlos Fernández le llegue más que a nadie el calor de su gente porque apenas cinco minutos por carretera separan el escenario de la final de su pueblo, Castilleja de Guzmán. Los suyos están con él. No hay duda. Las banderas y bufandas de la Real Sociedad que no hay en las calles de Sevilla sí han aflorado entre sus cerca de 3.000 habitantes. El grito de guerra de niños y mayores retumba ahora que el sol comienza a esconderse y asoman los primeros que salen a tomar la fresca en la plaza que queda delante del consistorio.

El estadio de La Cartuja aparece imponente en el horizonte desde la cornisa del Aljarafe en el que se ubica este pequeño municipio de apenas dos kilómetros de extensión, a la espalda de Camas, convertido hoy en lugar de residencia de muchas parejas que han visto una oportunidad por su cercanía con la capital, lo que ha hecho crecer su población joven.

Hace calor, el termómetro supera los 25 grados, y los chavales del pueblo sudan la camiseta en lo que llaman 'el poli', un descampado desde el que se divisa la A-66 por la que tantos vascos conducen en verano en su camino a las playas de Cádiz y Huelva. Las bicicletas descansan apoyadas en uno de los pocos árboles. En otro momento, sin el maldito Covid, este entretenido amistoso entre la nueva generación de guzmareños se estaría jugando en el terreno anexo de albero, pero las restricciones sanitarias han obligado a cerrar el campo de fútbol once. El único del pueblo. Nada distinto a lo que pasa en otros puntos del país: la escuela de fútbol de Castilleja de Guzmán no puede reanudar su actividad porque alguna administración lo impide, de acuerdo a la tasa de contagios.

Pero los mismos alumnos echan el resto en la plaza. «Cualquiera de esos chavales podría ser Carlos Fernández. Él empezó aquí, en la escuela de fútbol, y ha ido creciendo hasta convertirse en nuestro mejor embajador», apunta la alcaldesa socialista María del Mar Rodríguez. «Hay algo romántico en su historia como futbolista porque quién le iba a decir a él que iba a tener oportunidad de ganar la Copa del Rey en ese estadio que veía a lo lejos cuando daba sus primeras patadas en este campo de fútbol», reflexiona.

En otras circunstancias, sin el coronavirus de por medio y sin toque de queda, la alcaldesa cuenta que con motivo de la final de Copa, el Ayuntamiento habría abierto las puertas del teatro del pueblo, el Federico García Lorca, para poner en pantalla grande el partido, como ya han hecho en otras ocasiones. La última vez, cuando Carlos jugaba en el Granada en calidad de cedido y un tanto suyo en las semifinales de Copa de la pasada campaña estuvo a punto de frustrar la final ante el Athletic. «Pero lo máximo que podríamos meter ahora son cuarenta personas manteniendo las distancias», lamenta María del Mar Rodríguez.

«Siempre tenemos un trocito de nuestro corazón para el equipo de Carlos, así que vamos con la Real»

Alcaldesa

Para que no quede duda, la alcaldesa se explica: «En Castilleja de Guzmán somos del Sevilla o del Betis. En mi caso, del Recreativo de Huelva porque soy onubense, pero siempre tenemos un trocito de nuestro corazón para el equipo de Carlos, así que sin duda ninguna todos vamos con la Real».

Confianza ciega

Los guzmareños también deberán seguir la final encerrados en sus casas, casi todas con fachada blanca y ninguna de más de dos alturas. Escritores (Antonio Gala, Camilo José Cela, los hermanos Machado...) y las ocho provincias andaluzas dan nombren a las principales calles de la localidad. Orgullosos están en Castilleja de Guzmán de haber reconocido con una calle a los 'Donantes de sangre y órganos'.

Muy cerca de ésta, porque nada queda lejos, David Cruz regenta la papelería Guzmán, en la que se cruzan todos los debates futbolísticos del mundo. Sevillista hasta la médula, con esa gracia que solo ellos tienen, cuenta que sacó la tarjeta de socio a su hijo recién nacido antes de inscribirlo en el Registro Civil, así que admite que le apenó el día que Carlos Fernández salió de Nervión.

Una fotografía firmada por el jugador preside su comercio. Lo sabe todo de su paisano. Incondicional en el Sánchez Pizjuán, este quiosquero vibra ahora con los partidos de la Real.

Repasa los dos meses que Carlos lleva en la Real, en los que solo ha podido jugar 105 minutos repartidos en siete encuentros. Todavía no ha logrado marcar, «pero ha aportado detalles que le pueden venir bien al equipo. Salvo el día de su estreno en la eliminatoria de Copa ante el Betis en el Benito Villamarín, donde salió en la prórroga, no ha tenido más de 18 minutos seguidos en un partido y además una contractura le dejó fuera de combate durante tres o cuatro partidos. Pero ¿quién dice que no puede ser el protagonista de la final?», cuestiona. «En las finales se recuerda al que marca el gol de la victoria. ¿Por qué no va a ser él saliendo desde el banquillo?».

«En las finales se recuerda al que marca el gol de la victoria. ¿Y si es Carlos saliendo del banquillo?»

Quiosquero

Esa misma intuición tiene el padre del jugador de la Real. Evita hacer declaraciones porque así se lo ha pedido su hijo, empujado por el club, y esquiva ser fotografiado por el mismo motivo, pero no le hace falta hablar para expresar el orgullo que siente al ver que Carlos está en un club histórico a un paso de ser campeón de Copa. No hay artículo de periódico o fotografía que haga relación a su hijo que se le escape. Todos son encuadernados en la papelería, como las camisetas de juego de Carlos de sus grandes momentos deportivos. «Ojalá la próxima semana estemos recortando los periódicos con Carlos levantando la Copa y enmarcando la camiseta de la Real de la final», auguran.

Esa ilusión es la que se palpa en cualquier rincón de este pueblo sin industria, sin suelo de cultivo, con un campo de tiro militar y que trata ahora de poner en valor dos tesoros arqueológicos -una extensa necrópolis de la Edad de Bronce y un palacio, el de los Guzmanes- aprovechando el tirón que tiene la ciudad romana de Itálica, a apenas cinco kilómetros.

El Ayuntamiento tampoco tardará en renovar el campo de fútbol para adecuarse a los nuevos tiempos con la instalación de una superficie de hierba artificial que diga adiós a la arena. Quien más quien menos ya intuye el nombre que llevará el nuevo complejo deportivo. No muy lejos, a orillas del Guadalquivir, está escrito su nombre. Luce el 9 y porta camiseta blanquiazul.

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