Un balón disputado en el área del Athletic. / MORQUECHO

Grande equipo, grande Real

Un impotente Athletic, que apenas inquietó a Remiro, sucumbe ante un plantel txuri-urdin que supo manejar los tiempos de la final

ALBERTO LÓPEZ
ALBERTO LÓPEZ Exportero y entrenador

Los dioses del fútbol quisieron que en esta final que jugábamos en Sevilla nos sintiéramos todos un poco más cerca con la tremenda tromba de agua que cayó durante el partido. Sirvió también, si cabe, para dar más épica a esta final. De inicio, lo esperado en ambos equipos. La Real jugando desde atrás con paciencia y elaborando mucho el juego. El Athletic, por su parte, esperando atrás y buscando una contra que nunca llegó.

En los primeros quince minutos, lo previsible en una final: muy pocas ganas de cometer errores que al inicio pudieran pesar mucho en el desarrollo del encuentro, pero con la sensación de que el Athletic tenía el partido donde quería.

Oyarzabal cambió su mecánica habitual en el penalti con un disparo más 'violento'

Sin embargo, pasados veinticinco minutos la final empezó a parecerse más a lo que quería Imanol. Comenzamos a llegar con Portu poniendo buenos balones que no encontraron rematador. Las bandas derechas de ambos equipos fueron las más productivas en ataque. Al descanso, como cualquier final que hemos visto anteriormente, mucho respeto entre los dos equipos con los cuatro centrales como jugadores más destacados.

Arranque polémico de la segunda parte con la posible mano de Iñigo Martínez dentro del área. Ni la tecnología conseguía aclarar si era dentro o fuera. Ya en el minuto 60 llegó la jugada clave de esta final. Error en la salida desde atrás de los bilbaínos, tal vez por falta de hábito. Recuperación rápida de la Real, pase al espacio de Merino y penalti. No entiendo por qué no es expulsión. Además, aún siendo gol, variaba mucho la situación si el Athletic se hubiera quedado con uno menos sobre el terreno de juego.

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Mikel Oyarzabal quiso garantizar su tiro y cambió la mecánica del golpeo que tiene habitualmente con un disparo más 'violento'. El gol, por supuesto, modificó la imagen del partido y le vino fenomenal al cuadro txuri-urdin, que pasó por sus mejores momentos. Por su parte, el Athletic quedaba tocado con pocas ideas y poco fútbol.

A los de Marcelino, obligados a crear algo para empatar, se les vieron las carencias en este tipo de escenarios. Mientras tanto, la Real iba haciendo su juego, dejando pasar los minutos y defendiendo siempre con balón. Los instantes finales pasaron lentos pero dio tiempo para ir poco a poco saboreando la victoria con un Athletic impotente al otro lado.

Tremenda alegría por Imanol, por esos jugadores que tanto nos han hecho disfrutar. Gracias por todo ello. Gracias a los aficionados por el apoyo mostrado siempre hacia nuestro equipo. Disfrútenlo porque la última vez fue hace 34 años y no sabemos cuándo volverá a suceder. Hoy nos toca llorar pero de alegría. ¡Grande equipo, grande Real!