Paralluelo, con pasado en el atletismo, protege el balón ante la presión de Bernabé. / EP

Derrota en la Supercopa

La diferencia continúa siendo palpable

La Real ya no sale escaldada en sus duelos frente al Barça pero poder competirle de tú a tú es prácticamente una misión imposible a corto y medio plazo

Iñigo Villamía
IÑIGO VILLAMÍA

Consciente de la dificultad que conlleva disputarle un partido al todopoderoso Barcelona, más si cabe si se trata de una final en la que hay título en juego, la Real saltó ayer al Estadio Romano José Fouto de Mérida sin ningún tipo de complejo ni nerviosismo. Y sus motivos tenía. Porque el último precedente, en el que las donostiarras cayeron por la mínima (2-1) en el Johan Cruyff con una diana sobre la bocina de Lucy Bronze después de haber cuajado un partidazo, hacía soñar con una posible hazaña. Todo pese a que las dos Supercopas anteriores –en total se han jugado tres ediciones– habían terminado con sendas goleadas a favor de las blaugranas.

La primera a la propia Real, a la que en 2019 le cayeron diez (10-1), y la segunda al Atlético de Madrid, que nada pudo hacer el curso pasado para evitar el 7-0 con el que concluyó un encuentro sin emoción. Este domingo, sin embargo, fueron 'solo' tres, y uno de ellos en el descuento, que prácticamente ni cuenta porque para entonces ya estaba todo el pescado vendido. Ahora bien, decir que las txuri-urdin pueden competirle de tú a tú a las ahora entrenadas por Jonatan Giráldez continúa siendo una quimera. Eso es una realidad. Pero que cada vez están más cerca de hacerlo, también.

Le Real ha pasado de perder 10-1, 8-1 o 1-9 ante el Barça a un 0-3 que no refleja una superioridad tan aplastante

Porque la Real ya no sale escaldada en sus duelos frente al Barça, sobre todo cuando es capaz de aguantar el tipo en los compases iniciales y provocar que al vigente campeón de absolutamente todo le cueste más de la cuenta adelantarse en el marcador. Este domingo eso no ocurrió y el 0-1 llegó a los trece minutos. A partir de ahí, la posibilidad de empatar o incluso darle la vuelta se convertía en una misión imposible. Aun así, el equipo blanquiazul nunca perdió la cara pese a tirarse la mayor parte del tiempo defendiendo con todas sus futbolistas metidas en campo propio.

Poco más se puede pedir

Que esta Real no es la del año pasado es evidente, porque en defensa el equipo no ofrece la misma seguridad y en la faceta ofensiva figuras como Nerea y Amaiur están lejos de igualar esos registros que le auparon al histórico subcampeonato. Pero en favor de Natalia Arroyo hay que decir que la situación tampoco tiene nada que ver. En 2022 la moneda casi siempre caía de cara; en la actualidad, mayoritariamente cruz. Las lesiones de varias jugadoras, la más importante la de Cecilia, y la marcha de alguna otra están condicionando el rendimiento de un vestuario en el que hace mucha falta una inyección de moral.

El partidazo disputado el pasado mes de diciembre en el Johan Cruyff (2-1) es el camino a seguir para poder ganar algún día

Volver a alcanzar la Champions cada vez va a ser más complicado, por lo que no debe convertirse en ninguna obsesión. Lo importante es seguir creciendo como club y arrimarse lo más posible a potencias como Barcelona o Real Madrid -sigue a años luz de las catalanas-, equipos hechos a base de talonario que son capaces de aunar a las mejores del planeta. Sobre todo las culés, que con la obtenida ayer acumulan ya 50 victorias consecutivas sin contar la Champions.

Sea como fuere, las realistas continúan sumando experiencias y el subcampeonato en la Supercopa ha de analizarse desde un punto de vista positivo. Porque para poder perder finales hay que alcanzarlas. Ojalá llegue el día en el que a Putellas, Bonmatí, Mapi y compañía les toque hacer el pasillo.