Eusebio se disfrazó de Garitano

Los realistas se lamentan al final del partido tras no conseguir la victoria. /ARIZMENDI
Los realistas se lamentan al final del partido tras no conseguir la victoria. / ARIZMENDI
IMANOL TROYANO

la Real le hace falta algo más para poder celebrar de una vez por todas su primera victoria en Anoeta. Esta vez fue el Girona de Eusebio quien consiguió llevarse un modesto botín de San Sebastián, como en su día logró el Rayo Vallecano. Lo que funcionó en San Mamés resultó insuficiente en casa.

Con la euforia de la victoria en el derbi vasco venida a menos, los realistas se encontraron con la realidad que los equipos locales tienen que lidiar para sacar sus partidos adelante. El balón. Eusebio volvió a Anoeta con la firme intención de dejar jugar a la Real y de mantener a los suyos bien ordenados, sobre todo en el centro del campo, y preparados para cualquier contragolpe. Lo consiguió. El técnico vallisoletano demostró ayer que sus equipos también saben adaptarse a las circunstancias, pese a que ello conlleve renunciar a tu propia filosofía.

Eusebio se disfrazó de Garitano, pero el de Bergara continuó con su plan. Sandro estrenó titularidad y acompañó en el ataque a un Bautista que vivió apresado en una jaula rojiblanca. A nadie le extrañó que fuera el primer sustituido. El Girona cerró con seriedad su medular, donde se acumulaban los donostiarras, que no aprovechaban, por falta de hombres, los carriles exteriores. Pardo, más escorado en la derecha, se movía por defecto hacia dentro para dejar a Gorosabel el carril, pero casi nunca percutía en superioridad. Desde la banda izquierda, el otro lateral, Kevin, también tenía como misión profundizar, si bien estaba más ayudado en el desborde por Oyarzabal. La Real atacaba mejor por fuera, pero los centros laterales no llegaban a buen puerto.

Los ataques estáticos de los guipuzcoanos se ahogaban antes de alcanzar el borde del área rival. El peligro real venía de acciones rápidas, trenzadas en pocos toques. A esta Real le gusta correr y atacar los espacios. Le va la marcha. Y para ello cuenta con una pieza que más pronto que tarde comenzará a ver puerta: Sandro Ramírez. El canario tiene la lección muy bien aprendida y el ímpetu con el que galopa hacia la portería contraria es una de las mejores armas de Garitano. Ayer fue quien más lo intentó. Los defensores sabían perfectamente que desde la izquierda se iba a perfilar a la derecha para después soltar su latigazo. Tan solo Bono y los postes evitaron que se estrenara como goleador. Las mejores ocasiones de los donostiarras llegaron al contragolpe, pero estas acciones no suceden con tanta frecuencia cuando el rival te concede la posesión del esférico.

Se necesitaba a Sangalli

La última media hora del encuentro fue un quiero y no puedo para la Real, aunque cabe destacar también otra lectura más optimista. Las entradas de Juanmi, Willian José y Luca Sangalli dieron otro aire al equipo. Sobre todo las de los dos últimos. El brasileño volvió a ofrecer otra clase magistral de espaldas a la meta contraria, mientras que el donostiarra revolucionó la zona ancha e incluso el carril derecho. El canterano aportó en quince minutos el desborde en banda que necesitaba el equipo. Anoeta sigue sin celebrar los tres puntos y la grada empieza a impacientarse. Anoche se vivió noche fría en el nuevo hogar sin pistas.

Más sobre el Real Sociedad 0 - Girona 0

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos