Encrucijada en la portería

El debate sobre Rulli no solo coloca en una situación incómoda al argentino sino también a Garitano y a Moyá

Rulli Real Sociedad
Rulli intenta despejar un balón ante el Barcelona. / EFE
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

No soy sospechoso de ser amigo de Gero Rulli ni de mantener una buena relación con él. Hace dos temporadas no le gustó una de mis crónicas en un partido de Copa jugado en Anoeta y me lo hicieron llegar. Desde entonces formo parte de su lista negra. Nada nuevo en esta profesión en la que uno no escribe para gustar a los demás sino para tratar de ser fiel con lo que ve, aunque muchas veces esa perspectiva de la realidad no sea compartida por todos. Es algo inherente al periodismo y que se asume desde el primer día. «Agua bajo el puente», que diría Toshack.

Esa lejanía con el personaje resulta beneficiosa porque te da una mayor libertad a la hora de valorar sus actuaciones. Siempre que uno esté por encima de filias y fobias y no se deje llevar por el sentimiento para cobrarse facturas pasadas. Que intento no sea mi caso.

La derrota del sábado fue dolorosa y esa sensación no la quita nadie. La Real Sociedad tuvo muy cerca la victoria ante el actual campeón de Liga pero los «grandes detalles» -como dijo Garitano- impidieron, no solo que los tres puntos se quedasen en casa, sino que al menos sumase uno de ellos.

El ambiente de Anoeta fue más digno de una final que de un partido de Liga. El rival, además, contribuía a engrandecer un día que perdurará en el recuerdo de los que lo vivimos. Cuando Aritz adelantó a la Real fue el no va más, con un campo que se venía abajo y una grada Aitor Zabaleta que vibraba como una única voz. La historia parecía escrita por el mejor guionista de Hollywood. Pero el sueño se rompió de golpe y esa frustración había que liberarla. Y ahí apareció un Rulli poco afortunado en los dos goles para convertirse en el culpable de todos los males, recibiendo insultos incalificables en las redes sociales que deberían avergonzarnos a todos.

Va en la condición humana la necesidad de buscar responsables cuando las cosas no salen como se desea. Y cuanto mayores son las expectativas depositadas en el proyecto, mayor tiene que ser el culpable. Seguramente esas dos mismas acciones del argentino el martes que viene contra el Rayo Vallecano no tendrían la misma repercusión. Pero el del sábado no era un partido más y, para lo bueno y para lo malo, todo se magnificó. Incluso el partido de la Real Sociedad. Una atmósfera semejante no admitía término medio.

Sin embargo, y por encima de los tres puntos que se esfumaron, la peor consecuencia de la visita del Barcelona es el debate que queda abierto en la portería y que pone a los dos guardametas en el centro de las miradas. También a Miguel Ángel Moyá, porque le exige tener el don de la infalibilidad. Como el día que juegue se le ocurra cometer un error la conclusión será que ninguno de los dos porteros son válidos. Y la naturalidad es un requisito indispensable para la portería. Tanto en lo relacionado a las decisiones que toman los técnicos respecto a ella como en el comportamiento de los guardametas.

La lógica de Garitano

Me dice un amigo mío que en su día se sentó en el banquillo de la Real que me ve algo crítico con el entrenador en este arranque de temporada. Yo le respondo que me limito a contar lo que veo y que aún no le tengo pillado el truco a esta Real. Y le recuerdo que los entrenadores siempre saben más que los periodistas, así que esté tranquilo.

En lo que respecta a Rulli, creo que Garitano acertó al darle la titularidad al inicio de Liga. Y lo digo ahora que viene de firmar el peor de sus cuatro partidos. Tampoco será cojo un portero que acaba de debutar con Argentina y que está valorado en 10 millones en Transfermarkt, uno de los portales especializados en tasar a los jugadores. Todos tenemos nuestros gustos, a uno les gustará más Rulli y a otros Moyá, es lógico, pero lo que tengo claro es que la Real cuenta con la mejor pareja de porteros del último decenio, desde que coincidieron juntos Claudio Bravo y Asier Riesgo. Del que, por cierto, Moyá era suplente en la sub-21.

Así las cosas decantarse por Rulli de inicio parecía lo más natural por diversos motivos. Porque es su quinta temporada aquí, porque es una apuesta de club, porque tiene una carrera por delante y porque hay que rentabilizar la inversión que se hizo en su día por conseguir su fichaje, una operación que fue aplaudida por los aficionados.

La decisión fue avalada por el mismo Luis Llopis, uno de los mejores preparadores de porteros del mundo como ha demostrado con Keylor Navas en el Real Madrid, que desde el primer día asumió como propio el reto de convertir al argentino en uno de los mejores guardametas de la Liga, ya que entiende reúne las cualidades para ello.

En la jornada inaugural en Villarreal sus acertadas intervenciones valieron los tres puntos. Fue con diferencia el mejor del equipo. Salvó dos acciones de uno contra uno frente a Gerard Moreno y Ekambi que valieron su peso en oro. En Leganés sacó una mano cambiada a disparo lejano de Rubén Pérez que era gol. Es verdad que no midió bien alguna salida, pero no es menos cierto que el área realista sufrió en la segunda parte un continuo bombardeo y que varios balones los atrapó arriba con seguridad. Todos era imposible. En los goles poco pudo hacer y esa parada reseñada permitió a la Real sumar. En Eibar apenas tuvo trabajo y los tantos no fueron su culpa.

Más responsables

Así llegamos al encuentro del Barcelona, donde es innegable su desacierto en los dos goles pero nadie recuerda sus intervenciones ante Piqué y Coutinho. Un servidor le calificó con un '1' en el DV de Oro, la nota más baja del equipo. Pero de ahí a enterrarle de por vida va un trecho. Porque hay más responsables en que la Real no pudiera sumar el sábado.

Juanmi, que realizó un partidazo fuera de las áreas, tuvo una ocasión de esas que no suele desaprovechar para hacer el 2-0. Y no acertó. Quizás tuvo tiempo de pensar y él es más un rematador de instinto. En el 1-1 Piqué remata solo de cabeza y Umtiti gana el duelo posterior tras el primer error de Rulli. En el 1-2 no es menor la responsabilidad de Zurutuza, que en el segundo poste devuelve el balón al punto de penalti en vez de prolongarlo de nuevo a córner. Claro que luego Rulli tarda un mundo en incorporarse.

Ahora la situación es complicada para todos. Para el entrenador porque queda señalado al no poner a Moyá. Para Rulli porque le esperamos en el próximo error para mandarle al banquillo de por vida. Y para Moyá porque, como he dicho antes, tiene que demostrar que es infalible cuando a estas alturas de su carrera no tiene nada que demostrar. Este laberinto tiene difícil salida.

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