Emociones desde el nuevo Anoeta

Entrar en el estadio en construcción es pasar a un mundo en el que se mezclan estructuras y volúmenes con emociones solo entendibles desde la pasión por la Real

VÏDEO: Tres meses de obras en Anoeta en tres minutos. / Ainhoa Múgica
Jesús Falcón
JESÚS FALCÓNSan Sebastián

Es temprano, para ser agosto. Mientras la ciudad aún se despierta, más tarde de lo habitual debido a la Semana Grande, en Anoeta ya se trabaja intensamente. En el tajo no hay espacio para la fiesta, y menos cuando los plazos aprietan. Son las nueve de la mañana y un centenar de obreros trabajan a fondo en diversos puntos de la obra. El exterior daría para rodar una película bélica, con hierros retorcidos y bloques de hormigón sobrantes del viejo estadio. Dentro, la cosa cambia. Los planos, los fotomontajes, las infografías no hacen justicia a las sensaciones que se despiertan una vez dentro. Donde un ingeniero o un arquitecto alemán, o de Bilbao, solo vería grúas, estructuras y volúmenes, al profano aficionado txuri-urdin se le despiertan emociones.

Uno a cude a la obra como observador, sin el estrés de tener que cumplir plazos y sin más preocupación que tratar de transmitir con fidelidad lo que ve. Lo que ve quien estuvo aquí hace tres meses, aquel 13 de mayo en el que Anoeta dejó de ser lo que era para transformarse. Acercarse al estadio es salir de la comodidad del asfalto de la ciudad para entrar en otro mundo. Varias máquinas esperan fuera, camiones de suministros entran y salen, pero una vez en el interior lo primero que se encuentra el visitante parece un oasis entre tanto ajetreo, pues nada parece haber cambiado allá donde alcanza la vista en la recepción. Toca ponerse el casco y el chaleco para ascender «hasta la cota 20, desde donde mejor se ven los camios». Todo un choque: barro en los alrededores, tranquilidad en el interior, un ascensor que podría servir para un bloque de oficinas, un pasillo oscuro y de pronto, la luz...

Fue aquel domingo de mayo cuando salió el último espectador del Real Sociedad - Leganés, aquella victoria con sabor a despedidas. La de Xabi Prieto, la de Carlos Martínez,.. también la de Anoeta tal y como lo conocimos estos 25 años. Ahora uno es más consciente de la tercera, pues el cambio es más radical de lo que esperaba. No son solo las pistas de atletismo, ya enterradas, ni las gradas más cercanas, ni esa cubierta que lo cierra casi todo. La suma de cambios no es Anoeta. No el que vivimos durante ese cuarto de siglo. Pocos lo echarán de menos. Todo eso se nos pasa por la cabeza a quienes disfrutamos más de la Real que del fútbol.

Aún falta un mes para que las tres gradas estén listas, sí. Un año para que luzca completo la luz azul. Sí. Pero las sensaciones, eso tan subjetivo, ya son distintas. Aunque lo objetivo, también cambia mucho. Las distancias son muy diferentes, la visibilidad mucho mayor y la comodidad será otra cosa a juzgar por los asientos aún tapados y el espacio existente entre los mismos. Los pasillos, las instalaciones, el hall... esto es otra cosa. Anoeta envejeció pronto. Ahora lo vemos claro.

Estamos muy cerca de lo que será el palco, en la grada Oeste. Bajo nosotros, filas de las viejas butacas llenas de polvo y, más abajo aún, los anclajes de los futuros asientos. Un pie a cada lado de la frontera entre el antes y el después. Delante nuestro un grupo de operarios trabaja en la cubierta y otro en el terreno de juego, ahora más parecido a una plaza de toros cubierta de arena. En medio, los banquillos, protegidos por un pequeño muro que permiten adivinar la mucha cercanía que las estrellas tendrán respecto al público. «Una galopada de Oyarzabal se verá desde aquí de cine».

El palco es terreno privilegiado así que nos movemos. La perspectiva cambia pero la visibilidad no empeora. Desde la nueva grada Sur, bautizada en honor a Aitor Zabaleta, es espectacular. El terreno de juego se extiende bajo los pies desde cada ángulo. Una subida de Zaldua o Theo en vertical, pegados a la banda, también se verá de lujo desde aquí. La Real es emoción. Muchas emociones juntas y apiñadas, mucho más. Ya no hay cielo abierto por el que se escapen 'uys' o 'gooool'. La acústica sin duda, será otra cosa.

Estamos en una obra viva, hay trabajadores en cada esquina y obstáculos en el suelo. Apuntar, fotografiar, observar... pero la mente va a Atotxa, vuelve al viejo Anoeta y evoca cómo puede ser el estreno ante el F.C. Barcelona... El público de Anoeta se verá las caras de nuevo. Uno escuchó los cánticos de 'hola fondo norte', 'hola fondo sur' en Atotxa. En Anoeta eran imposibles, ¿volverán?

Desde la nueva grada vemos un grupo de obreros que mueve tubos blancos en el suelo, muy cerca de la que es ya la única pista de atletismo de la ciudad. Son los encargados de montar las 'bananas', estructuras metálicas que a modo de esqueleto rodeará el músculo de hormigón del campo y que pronto quedará recubierto por una piel de plástico azul. Técnicamente, nos dicen, se denomina ETFE, un material que deja pasar la luz. Aún no ha llegado a Amara, pero está ya a mano.

Avanzamos entre las filas del graderío, más espaciosas y escoltadas por dos pequeñas construcciones. La izquierda servirá para acoger instalaciones de seguridad y la derecha será un bar con vistas al campo. En ambas se retocan sus interiores. Muy cerca unos andamios muestran dónde irá el vídeomarcador, que se instalará en breve. En medio, los asientos, en fundados en plásticos para que estén relucientes el día del estreno.

Zona donde se instalará el vídeomarcador, con andamios tapando provisionalmente el hueco.
Zona donde se instalará el vídeomarcador, con andamios tapando provisionalmente el hueco.

En el centro del estadio los trabajos se centran en cubrir con gravilla lo que será el terreno de juego. Sobre esta capa se instalará la 'fontanería' para poder regar bien todo el campo y en fechas próximas se tapará con el césped. A simple vista parece un milagro tanto cambio en unas semanas... y lo que queda. ¿Llegamos a tiempo? «Con esa idea trabajamos todos». Y hay doble motivación pues en muchos casos los trabajadores habían visitado el estadio con frecuencia antes de trabajar en él. Saben bien qué supone estrenar el nuevo campo frente al F.C. Barcelona.

Entre 100 y 150 personas pueden llegar a trabajar en un día en las obras de reforma de Anoeta, así que la actividad es incesante y muy variada. Una docena de grúas de distintas alturas trabaja por todo el perímetro interior, elevando a los trabajadores hasta los puntos más altos donde tejen la estructura que tapará las gradas prácticamente hasta la última fila de asientos. En el centro, un tractor verde. Operarios que en las alturas ensamblan piezas de alta tecnología y que a pie de campo allanan con un rastrillo la arena.

La intensidad no es menor fuera. Sobre la grada Este, la cercana al Xanti, otro grupo de operarios se afana por reconstruir las escaleras de acceso al interior. Quedarán cubiertas en las próximas semanas, pero su aspecto es más elegante, más recogido, que las grandes masas de hormigón que hasta hace tres meses daban carácter al viejo Anoeta. «Es uno de los puntos críticos de la obra, sin accesos correctos y seguros no se puede abrir al público el estadio», comentan varias voces de quienes están haciendo posible el milagro de crear un estadio nuevo en tres meses.

Tres meses. Serán cuatro cuando se abra a la afición. Tocará volver junto a otro aficionado de 10 años y esta vez para ver fútbol, para sentir emociones, para hacer cantera con un niño que empieza a tomar conciencia de que la Real es otra cosa. Un club que no gana Champions ni ficha galácticos cada año, pero que tiene jugadores como Xabi Prieto. ¿Quién marcará la historia venidera del nuevo Anoeta? Valores. Sentimientos. ¿Pueden unas piezas metálicas y de hormigón guardar esos intangibles? Quizá no, pero la memoria de quienes hemos disfrutado de emociones en ese lugar se deja llevar.

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