Victoria en Anoeta

La Real redondea un día histórico

Anoeta antes del inicio del partido. /K. López
Anoeta antes del inicio del partido. / K. López

El talento de Odegaardy la velocidad de Isak y Portu deciden arriba un partido en el que la Real fue superior a su rival

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Fue el día soñado. Ese que resistirá en nuestra memoria el paso del tiempo porque ser de la Real es vivir estas cosas. Y no solo por lo que supone bailar al hasta ahora líder de la Liga y uno de los claros aspirantes al título como el Atlético, sino por lo que significa ver a 35.000 almas sintiendo en txuri-urdin en un moderno campo de fútbol que hemos tardado un cuarto de siglo en hacer realidad. En ocasiones así a uno le vienen a la memoria partidos cargados de nostalgia como el de la despedida de Atocha, con aquel 3-1 al Tenerife con doblete de Océano en el adiós de Bixio, o el de la inauguración de Anoeta con el empate ante el Real Madrid una tarde de Semana Grande de 1993 en la que nos dimos cuenta de lo que significaba reunir a casi 30.000 personas en torno al fútbol en San Sebastián. El estreno del Reale Arena no podía faltar a la historia de este club y la Real se encargó de ello con un partidazo solo equiparable al de hace tres temporadas ante el Barcelona con Eusebio. Porque al Atlético se le ha ganado varias veces en casa últimamente -cuatro de seis con ésta- pero la batalla no fue tan fiera ni las circunstancias las mismas que ahora, con los de Simeone embalados en el arranque liguero.

Al margen del fuerte componente sentimental en un día así, en lo deportivo la Real Sociedad confirmó que quiere pisar fuerte en el campeonato. Y eligió a uno de los grandes para demostrarlo. Un Atlético que venía de hacer pleno en las tres primeras jornadas y que este verano se ha reforzado a conciencia para tratar de reducir las distancias con Barcelona y Real Madrid. Simeone no se dejó nada en el tintero consciente de que Donostia es mala plaza para dosificar esfuerzos e incluso alineó a sus centrales más experimentados, Savic y Giménez, en detrimento de los recién llegados Felipe y Hermoso, porque no se fiaba de la cita. Dio igual, porque una apisonadora blanquiazul le pasó por encima.

Ritmo y agresividad. La mejor lectura de este triunfo es que la Real ganó empleando las armas de su rival. Tras unos minutos de tanteo inicial, imprimió un ritmo de juego tan alto que el Atlético siempre fue a remolque. Tanto que en el descanso, aún con 0-0, Simeone dio entrada a Marcos Llorente por Lemar para tratar de reforzar la medular jugando con tres mediocentros, con Koke ligeramente escorado a la derecha, y después metió a Correa por Joao Félix, más correoso que el portugués. El técnico argentino trataba de compensar en vano la inferioridad que veía en los suyos sin éxito.

Y no solo en lo táctico, sino en todos aquellos elementos que muchas veces son tanto o más importantes que el propio manejo del balón: concentración, entrega, agresividad y ritmo. No recuerdo un partido en el que la Real ganara tantas disputas al Atlético, un maestro en esas acciones en encuentros tan cerrados. Otra vez quizás se habría llevado el gato al agua en alguna acción a balón parado o contragolpe, pero sucedió justamente al revés: ahí le noqueó el conjunto txuri-urdin en la segunda parte con los goles de Odegaard y Monreal.

2 Real Sociedad

Moyá, Zaldua, Elustondo, Llorente, Monreal, Zubeldia, Mikel Merino (Zurutuza, min. 83), Portu (Januzaj, min. 82), Odegaard, Oyarzabal e Isak (Willian José, min. 73).

0 Atlético

Oblak (Adán, min. 66), Trippier, Savic, Giménez, Lodi, Saúl, Koke, Joao Félix (Correa, min. 57), Lemar (Marcos Llorente, min. 46), Vitolo y Diego Costa.

goles
1-0: min. 58, Odegaard. 2-0: min. 61, Monreal.
árbitro
Mateu Lahoz (Comité valenciano). Amonestó a Zubeldia por la Real y a Trippier, Marcos Llorente y Diego Costa por el Atlético.
incidencias
Partido de la cuarta jornada en Primera disputado en el Reale Arena, ante 34.719 espectadores.

El plan B funciona. Hace tres años, cuando se logró la última clasificación para Europa, la derrota en Bilbao resultó clave para ir hacia arriba. Fue un punto de inflexión. Un máster acelerado de lo que no debe hacer un equipo que quiere ser competitivo. Ahora parece que ha sucedido igual, porque en quince días los de Imanol le han dado la vuelta a la situación y no han podido hacer mejor lectura de aquel tropiezo.

Se sabía que el Atlético gusta de presionar sobre la salida de balón rival. De hecho, Koke tenía en su radar a Zubeldia por si este recibía en situación complicada. Pero qué va. La solución fue iniciar las jugadas de saque de meta en largo buscando la zona de Merino y Monreal, dos especialistas por alto que se merendaron en esos balones a Koke y Vitolo. En lugar de jugar desde atrás la Real lo hizo desde el centro del campo tras ganar las caídas. De esta forma limitó las pérdidas y eliminó el peligro del Atlético a la contra, un equipo que ataca muy bien los espacios. El duelo estaba encarrilado.

Contragolpe y estrategia. Pero una cosa es encarrilarlo y otra, resolverlo. Ahí también se notó la mano de Imanol, un buen preparador de partidos. La presencia de Portu e Isak arriba dio velocidad y profundidad al ataque. Además jugando con dos hombres a pierna natural en las esquinas -el propio Portu y Oyarzabal- y muy comprometidos en defensa el resultado fue una rapidez inusitada en las transiciones, tanto defensivas para replegar como ofensivas para contragolpear.

Con Zubeldia haciendo superioridad entre centrales, Merino y Odegaard tuvieron más espacio para sacar de sitio a Koke y Saúl. Y desde ahí se inició todo, normalmente tocado por la varita mágica que tiene el noruego en su zurda. Lanzó en conducción a Isak para que este asistiera, tras caño a Savic, a Oyarzabal. Oblak salvó con el pie el mano a mano con el eibarrés. Después también botó el córner en el que entre Aritz y Llorente a punto estuvieron de marcar y participó en la contra que antes del descanso cabeceó Oyarzabal tras un centro de Portu desde la derecha y Savic casi desvía en propia puerta.

Así que a nadie le extrañó que en la segunda parte fuese el hombre del partido. Una falta lateral en contra se convirtió en el mejor contragolpe. Como en Mallorca, Moyá agarró el balón y lanzó a Llorente. Monreal, Oyarzabal y Merino jugaron con rapidez para que la bola llegara cuanto antes a Odegaard. Con este de cara y los centrales reculando, la cosa tenía que acabar bien.

Para evitar sufrimiento innecesarios tres minutos después una falta de Lodi a Portu finiquitó el partido tras una ejecución maestra de Odegaard al segundo palo que culminaron Isak, ganando por arriba la acción, y Monreal, rebañándola delante de Oblak. La Real había vencido al Atlético con una contra y una jugada de estrategia. Ver para creer. La guinda perfecta al día soñado. Este equipo va muy en serio. ¿Verdad, Simeone?

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