Dime qué centrocampistas pones...

La reubicación por dentro de dos enormes futbolistas como Zurutuza y Oyarzabal han cambiado la cara a esta Real

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Fray Luis de León utilizó la famosa expresión «decíamos ayer» cuando reanudó sus clases en la Universidad de Salamanca después de que la Inquisición lo encarcelara durante cinco años. En mi caso han sido solo 45 los días que he estado alejado de mi profesión por un problema ocular pero se me han hecho eternos. Gracias a la doctora Martínez Soroa y todo su equipo ahora 'veo mucho mejor' a la Real que cuando la dejé en octubre. Ya hasta gana en Anoeta...

En este mes y medio que me he perdido solo se jugaron cuatro partidos de Liga, en los que hubo de todo y la irregularidad en torno al comportamiento del equipo fue la nota predominante. A mí ya me dejó buen sabor de boca el partido contra el Sevilla. Por el rival que había delante, por mantener la portería a cero y por la línea constante durante los noventa minutos. Faltaba ratificar tan buen punto en la visita al Levante y, aunque se pasó mal durante la primera hora, la última media fue un canto a la esperanza por la sensación transmitida en el campo y la autoridad con la que remontó un marcador adverso.

Oportunidad en la crisis

Sin darnos cuenta el equipo evoluciona con el paso de las jornadas y poco tiene que ver con el que empezó el campeonato en agosto. Se dice a menudo que las situaciones de crisis son una oportunidad y es una verdad como un templo. También en el fútbol. En los últimos años los momentos de dificultad han estado en la génesis de los mejores momentos de la Real.

Recuerdo en 2012 cuando Montanier viajó a Málaga con las maletas preparadas porque el equipo rozaba el descenso. Lo hizo, además, con las bajas de Bravo, Zurutuza y Griezmann. Cuando se vio perdido se la jugó con un once muy ofensivo, en el que colocó a Pardo junto a Illarramendi en el centro del campo y metió a Prieto en la mediapunta, posición en la que el excapitán ofrecería los mejores años de su carrera. Arriba tampoco le tembló el pulso para juntar a Vela, Ifrán y Chory. La Real ganó a un Málaga que entonces jugaba la Champions y ahí surgió un equipo que acabó cuarto la Liga.

Hace dos años, en la 16/17, Eusebio buscaba un estilo después de que en su primera campaña aquí tuviera que andar improvisando para sacar al equipo de donde lo dejó Moyes. Pero el arranque no fue el esperado. Así que se plantó en Villarreal en la cuarta jornada y dispuso en el centro del campo de forma escalonada a Illarramendi, Zurutuza y Oyarzabal, con Vela, Willian José y Juanmi arriba. Perdió 2-1 pero no mereció perder, ya que fue superior incluso a su rival. En la siguiente jornada mantuvo la misma apuesta ante un Las Palmas que con Setién venía lanzado, ganó 4-1 y ahí surgió otro de los equipos que más nos ha hecho disfrutar.

Muchas veces en esta vida uno es valiente cuando no tiene nada que perder. Y es en esas situaciones de adversidad cuando se comprueba su verdadera capacidad. La Real mostró su mejor versión en Bilbao el día que más bajas tenía. Y ofreció buenos minutos en la Copa en Vigo y en el partido del Levante cuando iba por detrás en el marcador. Necesitaba de la adversidad para quitar el freno y desmelenarse.

Zuru, en el origen de todo

Este punto de inflexión llegó en la segunda parte en el Ciutat de Valencia. Con el 1-0 en contra Garitano dio entrada a Zurutuza y Juanmi y, de repente, todo cobró sentido porque la Real se ordenó a partir de que los mejores jugadores rindiesen desde sus posiciones naturales. Fue colocar a Zurutuza de segundo centrocampista por delante del cuatro y la luz se encendió. Donde todos los pases eran horizontales y por fuera, el tiró de imaginación para romper líneas por dentro y sembrar la inquietud en el rival desde el juego interior, el punto débil realista en el arranque de Liga. Tanto hablar de Zubeldia e Illarramendi y la clave estaba en Zurutuza.

Este movimiento trajo aparejados varios más. Con Januzaj abriendo el campo a la derecha gracias a su prodigioso mano a mano, el técnico sacó a Willian José de la posición de nueve para que fijara a la defensa rival en el lado opuesto al que quería atacar. Eso le permitió dos cosas: generar espacio libre en zonas intermedias para filtrar por ahí a Oyarzabal y habilitar a Juanmi por dentro para picar con sus desmarques a la espalda de la defensa contraria. A su vez, Theo tenía libre todo su carril una vez que Oyarzabal le dejó despejado el camino.

Así ha sido como la Real se ha reinventado y ha ofrecido su mejor versión. Se dio la circunstancia de que en Levante los mejores momentos llegaron con Illarramendi, Zurutuza y Oyarzabal jugando escalonados en el centro del campo, curiosamente como aquel partido con Eusebio dos años atrás en Villarreal. ¿Casualidad?

Un equipo más atrevido

Fue Cruyff el que dijo aquello de «dime qué centrocampistas pones y te diré a qué juegas». La Real de Garitano se ha postulado en los últimos partidos con un dibujo de 1-4-4-2 en defensa para, desde ahí, tender en ataque hacia un 1-4-3-3, con Oyarzabal de enganche y Januzaj, Juanmi y Willian arriba.

Además de la ubicación en su hábitat natural de los mejores jugadores, la Real se ha mostrado más atrevida tácticamente para ir a buscar al contrario. Aquellos primeros partidos de marcado repliegue sin balón en Villarreal y Leganés han dado paso a choques más igualados en los que también ha peleado por llevar la iniciativa.

Al Celta le ahogó con una presión en campo contrario que recordó a lo que venía haciendo la Real en los últimos años, aunque ahora respaldada por un orden zonal y no tanto por la persecución individual a todo el campo. Un cambio de entrenador siempre conlleva una doble adaptación: del míster a los jugadores y de estos a las ideas del técnico. En ocasiones el orgullo y la soberbia de este impide evolucionar a un equipo porque lo que se propone no es lo más adecuado para exprimir el potencial de la plantilla. No es el caso de Garitano, que va posibilitando el crecimiento colectivo mientras el juego mantiene su sello.

 

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