Días de confeti y azúcar

Me gustaría que este buen final de liga no condicione el análisis de la plantilla que Roberto Olabe tiene sobre la mesa

Álvaro Vicente
ÁLVARO VICENTE

Son días de vino y rosas en la Real Sociedad. Todo son buenas palabras tras un fin de semana en el que el sentimiento txuri urdin ha alcanzado niveles estratosféricos que no hace más que ayudar a afianzar las raíces de este club en nuestro territorio. La fotografía de Alderdi Eder, donde no cabía un alfiler, nos ha devuelto a los años de gloria, rematado con una tarde redonda como hace mucho en Anoeta, donde se registró la mejor entrada de la temporada.

Dicen que para ganar a un grande se tienen que dar dos circunstancias: que el grande no tenga el día y que el pequeño sí lo tenga. Les confesaré que tengo sensaciones encontradas. Porque no quiero quitar ningún mérito a la Real, pero no puedo otorgarle el mismo valor a esta victoria que a otras logradas en el pasado ante el mismo rival. Ganar al Madrid siempre tiene mérito, mucho más dando la vuelta a un marcador adverso y mucho más si se hace con buen juego, pero es que este Madrid...

Confieso que estoy algo empachado de azúcar, o mejor, no termino de entender ciertas posturas. Resulta que hace un mes había que echar a medio equipo y ahora tres victorias después nos valen todos. Mi sensación es que nos hemos dejado llevar por el tsunami femenino.

Este final de temporada edulcorado tiene el peligro de esconder las carencias que sigue teniendo este equipo. Hay peligro de que llegue el verano y se antepongan otros aspectos a los futbolísticos. Que si 'estos jugadores han ganado los dos partidos de liga al Madrid, que si han sacado más victorias a domicilio que nunca en los últimos años...' Y seguro que a ninguno de esos argumentos les falta razón. Pero flaco favor le haremos al equipo si consideramos que la temporada se salva con victorias como ésta o si pasamos del blanco al negro, si entendemos que es un éxito entrar en Europa y un fracaso si no se hace.

A esta Real le siguen faltando cosas en un fútbol cada vez más físico, con más duelos individuales. Por ahí tiene que dar un paso adelante en los pocos fichajes que se hagan. El espíritu competivo empieza a aparecer en jugadores como Oyarzabal, Aritz, Zaldua, Zubeldia, Aihen o Barrenetxea.

La Real Sociedad ganó al Madrid más pasota que ha recalado en Anoeta en los últimos años. Los blancos defendieron con la mirada a los nuestros. No es casualidad que este Madrid no gane fuera de casa desde el 10 de marzo. Dos meses en los que los de Zizou no han sumado los tres puntos ni en Leganés, ni en Getafe, ni en Valencia, ni en Vallecas, ni en San Sebastián.

El Real Madrid, un club señor, se unió a la fiesta montada en Gipuzkoa. Disimuló en el arranque pero desde que se quedó con diez tuvo la excusa perfecta para ejercer de perfecto invitado en una tarde preciosa en Anoeta. Y, en ese escenario, con la grada volcada, los nuestros parecían el Ajax.

Lo que más me gustó fue ver que la Real buscó los espacios, siempre miró hacia arriba y no jugó tanto en horizontal. Quizás sea eso, la querencia a ganar metros en vertical y la solidez defensiva que ha ganado la Real, lo mejor que ha hecho Imanol con sus jugadores en esta etapa, además de hacerles creer de lo que son capaces de conseguir y de lo que supone vestir la camiseta de la Real. Esa combinación ha conseguido que Anoeta tenga algo a lo que agarrarse en el futuro.

Imanol y sus jugadores han conseguido que el equipo llegue vivo a la última jornada y han devuelto la ilusión a los más escépticos después de una temporada ingrata por los muchos puntos que se ha dejado el equipo en casa.

Ahora me gustaría que quienes toman las decisiones tengan claro qué van a hacer con Januzaj, Pardo, Bautista y los porteros, entre otros, más allá de lo que ocurra el fin de semana. Me gustaría que este buen final de liga no condicione el análisis de la plantilla que Roberto Olabe tiene sobre la mesa.