UNA DECISIÓN CONTROVERTIDA

Las palabras de Olabe diciendo que «si alguien piensa que su oportunidad no está en la Real, es mejor que se vaya» sientan un peligroso precedente. ¿Qué pasa ahora si se planta un jugador en su despacho porque quiere marcharse?

UNA DECISIÓN CONTROVERTIDA
MIGUEL GONZÁLEZ

Qué poco dura la tranquilidad en casa del pobre. Y digo la tranquilidad porque la alegría de la primera victoria en Anoeta no nos la quita nadie. Pero esa calma que dan los triunfos apenas ha durado unas horas, las transcurridas hasta el anuncio de la marcha de Rubén de la Barrera.

Desgraciadamente nos estamos acostumbrando en los últimos tiempos a que la gente abandone el barco cuando le dé la gana, lo que atenta directamente contra la seriedad que merece una institución como la Real Sociedad. Hace casi dos años fue el propio Roberto Olabe el que hizo las maletas. «Cuando eres parte de un problema, hay que tomar una decisión», fue su escueta explicación cuando días después apareció en el Bilbao International Football Summit. En enero pasado Iñigo Martínez cruzó la autopista para marcharse al Athletic y ahora es el segundo entrenador el que se va cuando apenas se han cumplido tres meses de competición.

Es curioso comprobar cómo ahora se rebaja la trascendencia de su salida porque 'solo' se trata del segundo entrenador, cuando su llegada parecía que era indispensable para formar un cuerpo técnico capacitado que respondiese a las expectativas de este proyecto 3.0. Era el hombre que iba a completar en la fase ofensiva a un Asier Garitano que había brillado más por sus planteamientos defensivos en el Leganés.

Dos técnicos muy distintos

De la Barrera era el delfín de Olabe en Zubieta, quien le había llamado en su día para hacerse cargo de la Cultural Leonesa cuando Aspire se hizo con la propiedad del club. Ascendió a Segunda pero la pasada campaña no pudo mantener al equipo en la categoría de plata. En León no gustó nada que trascendiera su fichaje por la Real cuando se estaban jugando la vida. Al parecer tenía apalabrado un acuerdo con el Tenerife, pero prefirió venir a San Sebastián para conocer la Primera División y seguir cerca de Olabe.

Desde el principio se intuyó que juntar en el mismo banquillo a dos entrenadores tan diferentes iba a ser complicado. Para que me entiendan, y salvando las distancias, sería como hacerlo con Simeone y Guardiola. La idea de Garitano se sostiene en el orden defensivo y el aprovechamiento de los espacios mediante rápidas transiciones, mientras que De la Barrera es un partidario de someter al contrario a través del balón y buscarle muy arriba en la presión.

Olabe defendió el experimento en la necesidad de conformar un grupo de trabajo heterogéneo, con puntos de vista diferentes, que generara debates internos que permitieran avanzar en el conocimiento. Hace unas fechas, en una comparecencia en Zubieta, Garitano explicó el funcionamiento de esta idea: «Mis colaboradores opinan y yo decido».

De puertas afuera el comportamiento de ambos ha sido intachable. Nunca han dado muestras del más mínimo desencuentro, aunque en el día a día de Zubieta no había que ser muy listo para comprobar que no había demasiado feeling entre ellos. No, al menos, el que tiene Garitano con Miguel Pérez, su inseparable preparador físico al que se trajo de Leganés, Luis Llopis y Jon Ansotegi. El club, consciente de cuál era su postura tras el partido contra el Levante, quiso mostrarle su cercanía. Hace dos semanas se vio a Aperribay departiendo con él en el amistoso de Tarbes, pero no ha servido de mucho.

De apuesta de Olabe...

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Rubén de la Barrera era el nombre que el director de fútbol puso sobre la mesa hace unos meses para entrenar a la Real. En el Consejo entendieron que después de una temporada tan irregular como la pasada se requería de un técnico con experiencia en Primera División cuando menos, ya que no podían arriesgarse a un segundo año lejos de los objetivos fijados. Olabe pilló el mensaje.

El club se puso a trabajar entonces sobre una terna en la que, además del de Garitano, también estaban los nombres de Unai Emery y Javi Gracia. Incluso el de Imanol Alguacil, que tan buen final de temporada firmó con los mayores, aunque el oriotarra no estaba muy por la labor y desde la entidad tampoco querían que dejara el trabajo con el Sanse.

El propio Aperribay confirmó en una entrevista a este periódico en verano que hubo conversaciones con Emery, aunque matizó que nunca fueron a la vez que las de Garitano. Olabe tiene una relación muy fluida con el hondarribiarra, pero cuando el Arsenal se interesó por él se frustraron las de por sí escasas opciones de que viniera. Después de salir del PSG recalar en el Emirates era una propuesta que no podía rechazar.

Las conversaciones con Garitano se intensificaron mientras se diluían las opciones de Emery y Gracia, que tenía contrato con el Watford. En Anoeta gustaron mucho los puntos de vista del bergararra acerca de la plantilla y su propuesta para recuperar la competitividad de un grupo que venía de pinchar en hueso el curso anterior. Ya saben que normalmente se busca lo que no se tiene y la Real quería un entrenador que devolviera el orden y la fortaleza defensiva.

...a segundo de Garitano

En ese momento fue cuando Olabe vio la oportunidad de cerrar la cuadratura del círculo. El club quería conformar un cuerpo técnico potente y propio que implantara en Zubieta la cultura del esfuerzo. Garitano no puso ninguna objección, más allá de traerse al preparador físico que tenía en el Leganés, Miguel Pérez. Así Olabe pudo dar encaje a De la Barrera como complemento de Garitano, algo a lo que el club no se podía negar. Una cosa es que no quisiesen un técnico sin experiencia en Primera y otra muy diferente que no valiese para ser asistente con la proyección que apuntaba. Además, en caso de que las cosas no saliesen según lo previsto, como había pasado tres veces en cuatro años, quién sabe si veían en él a un posible recambio para el banquillo.

El caso es que la Real firmó un buen partido ante el Sevilla y resucitó en la segunda parte en Levante para hacerse con una victoria balsámica, tanto en el fondo como en la forma. Ahora, además, ya sabe lo que es ganar en Anoeta.

Así las cosas, De la Barrera ha recogido sus bártulos para emprender una aventura nueva lejos de Zubieta. Lo que sorprende es la facilidad con la que uno puede desligarse de la Real cuando quiere. Da la sensación de que solo existen obligaciones en una dirección. Olabe dijo ayer que «si alguien piensa que su oportunidad no está en la Real, es mejor que se vaya». Peligroso mensaje este, aunque qué iba a decir después de cómo se marchó hace un año. Imaginen que se presenta mañana cualquier jugador en su despacho y le dice que tiene la cabeza en otro sitio. ¿Qué va a hacer? ¿Abrirle las puertas? Esto es fútbol profesional y se gana el suficiente dinero como para exigir una cierta seriedad. La mínima, completar la temporada en curso, que nadie le obligó a venir. Porque irse de la noche a la mañana no es serio. Por muchas palabras que tenga de agradecimiento. Por cierto, el desenlace de esta historia me recuerda al del propio Olabe en su día con Eusebio. Entonces los resultados respaldaron a este último como ahora lo han hecho con Garitano.

 

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