Nadie corre más que el balón

La asistencia de primeras de Willian José a Merino en el primer gol de la Real es más veloz e imprevisible que cualquier carrera de Vinicius

Peligro. Oyarzabal intenta el disparo sobre la portería madridista mientras Nacho sale a interceptarlo. /ARIZMENDI
Peligro. Oyarzabal intenta el disparo sobre la portería madridista mientras Nacho sale a interceptarlo. / ARIZMENDI
Imanol Troyano
IMANOL TROYANO

Anoeta, el mismo campo de fútbol ya sin pistas de atletismo que ha sido la mayor asignatura pendiente esta temporada para la Real, se unió y cerró el fin de semana más mágico del curso, y de los últimos años, para el club blanquiazul. Los chicos no quisieron empañar la celebración del equipo femenino y ganaron con una superioridad aplastante a un Real Madrid que hace meses que vive en un mundo paralelo al del planeta fútbol.

La Real ofreció por fin una bonita función en casa, en el último partido liguero que veremos en San Sebastián, y deja con otro cuerpo a una afición que ha sufrido demasiadas tardes inaguantables cada vez que veía a su equipo desde la grada. Así de desmemoriado es este deporte con frecuencia.

La tarde de ayer recordó a la del estreno en casa ante el Barcelona. La ilusión era diferente, pero el sol pegaba como entonces. Imanol, eso sí, sacó un once que jamás hubiéramos imaginado hace ocho meses. Apostó por los que ha confiado en las últimas jornadas y a la vista está que no se confundió.

La Real se comió al Real Madrid. No porque tuviera grandes asuntos en juego, un séptimo puesto que no le saca de pobres, sino por responsabilidad para con su gente. Mientras los donostiarras se dedicaban a controlar el juego, los madridistas optaban por jugar rápido y directo. Brahim fue el único que realmente se tomó en serio el partido entre los atacantes madrileños, pensando quizás que debe hacer méritos suficientes como para ser cedido el próximo curso a un equipo con aspiraciones ambiciosas. Fue el autor del gol y lo más inquietante arriba, aunque se acabó contagiando por la inoperancia de sus compañeros.

Conscientes los de Imanol que tenían que vigilar con más ahínco el flanco derecho, decidieron defenderse en todo momento con balón. La posesión txuri-urdin dejó sin opciones a las pretensiones merengues, que tan solo se convertían en amenaza cuando Asensio, Benzema, Isco o el mencionado Brahim intentaban hacer la guerra por su cuenta. Los blancos contaban con mejores velocistas, por eso la Real prefirió agarrar el balón, porque nadie es más veloz que la pelota.

A base de construir desde zonas más retrasadas, los donostiarras comenzaron a desarbolar al Real Madrid. Las combinaciones que se producen desde atrás parecen no decir mucho, y pueden ser hasta peligrosas, pero ante una presión alta del rival, como la que el conjunto de Zidane planteó al principio con Isco, Benzema y Kroos, pueden originar unos espacios valiosísimos en el centro del campo. Los dos o tres toques que precisan los jugadores para realizar una salida limpia en zona de iniciación, se convierten en uno solo según se consigue llegar a zona de tres cuartos de campo. El contacto de primeras de Willian José que asiste a Merino es más veloz e imprevisible que cualquier carrera de Vinicius.

La Real le sacó los colores a su rival porque movió el cuero rápido y bien, pero sin precipitarse. Para el Madrid, en cambio, la bola estaba hecha de lava pura. Si la temporada ha servido para que jugadores como Zubeldia, Sangalli, Barrenetxea o Aihen se asienten en el primer equipo y para que la Real haya recuperado la alegría en el juego, Europa puede esperar.

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