Real Sociedad

El Bernabéu ya no es lo que era

Rulli vuela en el cielo de Madrid. El argentino fue un coloso en la portería de la Real./REUTERS
Rulli vuela en el cielo de Madrid. El argentino fue un coloso en la portería de la Real. / REUTERS

Rulli se corona con una actuación para los anales que deja sobre el tapete la gran pregunta: ¿Qué piensa hacer con su talento? A la Real Sociedad le pitan un penalti a favor, no le señalan uno claro en contra y el Madrid acaba con diez

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El Santiago Bernabéu ya no es lo que era. La Real Sociedad ganó después de que le pitaran un penalti a favor, no le pitaran uno claro en contra y el Madrid acabara el partido con diez. En estos tiempos que corren, uno ya no se puede fiar de nada. Ni de lo más sagrado.

El Bernabéu, el kilómetro cero del poder -futbolístico y no-, no pudo ocultar su impotencia. Acabó protestando al árbitro, una vulgaridad en la que jamás se caía en la casa blanca, por señorío (por supuesto) y porque no hacía falta. Si don Santiago levantara la cabeza...

La cosa empezó rara, con el penalti de Casemiro a Merino en la primera jugada, una acción perfecta para la vieja suerte de mirar hacia otro lado, otrora seña de identidad del estamento arbitral según en qué lugares y circunstancias. Pero el trencilla se fue a los once metros como si estuviera en Leganés.

No había motivos para la alarma entre el realismo: la derrota aún era posible. Goles tempraneros ha habido muchos -Kovacevic, Aritz Elustondo...- y luego pasaba lo que pasaba, remontada épica del Madrid y todo eso. Miedo escénico, noventa minuti son molto molto longos. O sea, lo de toda la vida.

La amenaza para la Real Sociedad era colosal. Todo el partido por delante para sufrir. Y la situación empeoró de forma considerable cuando el Madrid se puso a jugar mal, que es cuando más peligroso resulta. Tan mal jugaba el Madrid que Vinicius parecía figura. La cátedra de Chamartín no daba crédito. Y con todos los elementos en contra, la Real se puso a jugar en plan solvente, como si fuera un equipo alemán de los ochenta en vez del ejército inconsistente de las últimas semanas. Ay, los futbolistas.

En la reanudación sucedió el acontecimiento más increíble del partido y de los últimos 15 años. Rulli, para entonces ya consagrado como un gigante, sale a los pies de Vinicius, le derriba dentro del área y el árbitro dice sigan, sigan. Solari, jugador del Madrid antes que monaguillo, no daba crédito. Cuántos penaltis a favor por mucho menos.

El rey de la milonga

El fallo del árbitro fue totalmente comprensible. Inevitable, podría decirse, tal era el tamaño de la figura de Rulli para entonces. El meta realista estaba firmando una actuación para los anales y, claro, cuando salió como un tigre a los pies de Vinicius, no había color. ¿A quién creer en esa jugada? No a Vinicus, desde luego.

Rulli ya parecía el mismísimo Amadeo Carrizo, leyenda de River Plate. Y eso no es cualquier cosa. Lo explica mejor Roberto Fontanarrosa, invitado de honor a esta página: «Créame, doctor. No hay nada mejor que ser el Rey de la milonga. Usted pensará que exagero pero acá en la Argentina, no sé en otros países, acá, acá, no hay nada más importante que ser el Rey de la milonga. Arquero de River, tal vez. Puede ser. A veces lo pienso, especialmente cuando me acuerdo del gran Amadeo. Usted lo veía entrar a la cancha a Amadeo Carrizo y se le caían las medias. Dígame si no era así. Esa pinta, ese porte, esa prestancia, un tipo hermoso, le juro. Y arquero de River además, que no es pavada. ¿Qué puede ser más importante que eso? ¿Qué otro puesto las puede impresionar más? ¿Ministro de economía? ¿Cantante? Pero cuando a uno le preguntan y usted de qué trabaja. ¿De qué trabaja? Arquero de River. Mamita querida. Arquero de River y con esa pinta y ese lomo. Qué fenómeno Amadeo».

¿Qué habría hecho el gran Amadeo ayer? Erigirse un monumento a sí mismo en plena Castellana. Es lo que hizo Rulli, en una actuación gloriosa y sonrojante a la vez. Porque, ¿dónde estaba hasta ayer? ¿Qué piensa hacer con su talento? ¿No piensa ser titular?

Y aún faltaba la guinda. La impotencia blanca era Lucas Vázquez. Un internacional, dedicado a intimidar a un chaval de nombre Aihen. El acabose. A la calle. Eso no pasa en el Bernabéu, debió pensar el gallego al salir del campo rasgándose la camiseta.

Ganó la Real Sociedad. Lo dicho, el Bernabéu no es lo que era.