Plantilla

Barrenetxea: «Desde pequeño mis padres me han puesto los pies en el suelo»

Ander Barrenetxea, feliz ante su primera temporada con el primer equipo de la Real. / RS

El joven atacante de la Real Sociedad asegura que esta temporada, al ser la primera con el primer equipo, «es muy especial»

Eneko Pérez
ENEKO PÉREZ

Juventud, divino tesoro. Ander Barrenetxea (Donostia, 2001) continúa quemando etapas en su carrera deportiva a una velocidad vertiginosa. A su edad -cumple 18 años en diciembre-, la gran mayoría de los jugadores están en el primer equipo juvenil en División de Honor, o en el mejor de los casos, en la Real C, curtiéndose en Tercera para poder dar pronto el salto al Sanse. Él ya ha llegado al primer equipo y cuenta incluso con dorsal, el '22'.

Barrenetxea vivió en 2018 el proceso de ascenso a la élite en apenas cinco meses, cuando pasó de estar entrenando con los juveniles en agosto a jugar en la Liga con la Real el día de Santo Tomás, con solo 16 años. Pasó como una estrella fugaz por la Real C y el Sanse. «Todo está llegando muy rápido, no solo para mí, sino para mi familia y amigos también, que siempre están ahí dándome apoyo», comentaba este miércoles el canterano en una entrevista realizada por el club txuri-urdin.

En la misma, el joven atacante recuerda sus inicios en el fútbol con cariño: «Empecé en tercero de primaria en el Ekintza, con el equipo de mi colegio, y luego fui con mis amigos a la escuela del Antiguoko, donde terminaron cogiéndome». En la escuadra antiguotarra estuvo hasta los 12 años, edad en la que la Real lo reclutó para su categoría Infantil. El chico ya despuntaba.

«Es verdad que desde pequeño ya destacaba mucho, pero hay una diferencia enorme entre esas edades y el fútbol profesional, no tiene nada que ver», confiesa Barrenetxea, quien tenía como ídolo a Xabi Prieto, un referente en la historia moderna de la entidad guipuzcoana con el que no llegó a compartir vestuario. «Es una pena», se lamenta.

Con ficha ya del primer equipo, el veloz atacante realista se enfrenta a la que va a ser su primera temporada completa al máximo nivel. «Es algo muy especial ser parte del equipo. Me hace mucha ilusión porque entré en el club siendo muy pequeño y he llegado arriba siendo muy joven. Para mí, este curso va a ser de aprendizaje. Quiero ganar en experiencia, ir sumando minutos y seguir cumpliendo el sueño de jugar en la Real», admite el extremo blanquiazul.

Después de varias semanas en las que su nombre sonó como uno de los posibles revulsivos del equipo en la pasada campaña, el debut de Barrenetxea en Primera llegó el 21 de diciembre, día de Santo Tomás, en Anoeta y frente al Alavés. El atacante txuri-urdin recuerda, como es lógico, con gran cariño esa fecha: «Mi madre me preguntó un día antes a ver si iba a ir convocado y yo le contesté que creía que no. Cuando fui al entrenamiento y me dieron la noticia, nos fuimos directos al hotel. Yo no tenía nada encima y me tuvo que traer las cosas mi padre».

Otro de los momentos más recordados en la breve carrera del canterano tuvo lugar el sábado, en Mestalla, cuando se emocionó y derramó alguna lágrima al ver marcar a Oyarzabal el penalti que provocó el empate definitivo. Solo cinco minutos antes había cometido el error juvenil -justo lo que es, un chico de 17 años- de perder un balón dentro del área y acto seguido hacer una pena máxima que acabó sin consecuencias, ya que Kevin Gameiro falló, y aquí el que perdona, paga. Pero, sin duda, Barrenetxea tiene una secuencia grabada a fuego en su memoria que no va a olvidar jamás: la de su primer gol. «Fue un día perfecto. La afición empujó muchísimo, el Real Madrid llegaba sin jugarse nada y nosotros peleábamos por Europa. Recuerdo la jugada, fue una sensación increíble», rememora.

La Copa, ¿por qué no?

En el caso de un jugador profesional de fútbol, llegar hasta la cima y estar rodeado por un mal entorno supone un gran riesgo, pero ese no es el caso del atacante realista. «Mis padres siempre han hecho que yo tenga los pies en el suelo. Me dicen que no me crezca, que un día estás arriba y al otro estás abajo, que siga trabajando duro y que sea yo mismo en el campo», destaca Barrenetxea. Su madre es Azu Muguruza, la entrenadora del IDK Gipuzkoa de baloncesto femenino.

Otro de los jóvenes del vestuario comandado por Imanol Alguacil es Mikel Oyarzabal, que a sus 22 años ya es uno de los capitanes y una figura respetada en la Liga. «Mikel es un gran jugador, de los de esta generación es con quien más me identifico. Me gusta porque juega arriba, como yo, por su juego y también por su carácter», señala el donostiarra, que reconoce que «aún me queda muchísimo camino por recorrer en el fútbol. Se habla mucho de mí, supongo que es por la edad».

A su bisoñez le viene de perlas la categoría y la veteranía de hombres curtidos en mil batallas como Miguel Ángel Moyá y David Zurutuza. Dos compañeros que «nos ayudan mucho a los más jóvenes. Aprendes mucho de ellos y tienen razón cuando dicen que llegar al primer equipo es complicado pero lo más difícil es mantenerte». Y una vez dentro del equipo, hay que ayudar al grupo a conseguir sus metas, unos objetivos que esta temporada pasan por «luchar por entrar en Europa, y en la Copa se puede pelear por llegar a la final y conseguir un título», subraya.

A poco más de tres semanas de vivir el primer choque en un Anoeta ya completamente reformado frente al Atlético de Madrid, el extremo admite que «por supuesto que nos motiva jugar en el estadio ya terminado. Esperamos que este año la comunión con la afición sea igual de fuerte que en la última temporada». Aunque antes de jugar con el apoyo de la hinchada txuri-urdin, aún quedan por disputar dos encuentros fuera de casa: «son complicados, pero no por eso vamos a cambiar nuestro estilo de juego. Si ganamos los dos, firmaremos un inicio de campeonato muy bueno». Que así sea, Ander.