Autocondena blanquiazul

La Real regala dos goles y, aunque no mereció perder, su reacción no fue suficiente

Bautista acaba de rematar de cabeza. El delantero tuvo la última ocasión del partido para empatar a la salida de un córner. / JOSE MARI LÓPEZ
Bautista acaba de rematar de cabeza. El delantero tuvo la última ocasión del partido para empatar a la salida de un córner. / JOSE MARI LÓPEZ
Pedro Soroeta
PEDRO SOROETA

No hay forma de dar ese salto de calidad, de meter la cabeza en la parte noble de la tabla. La Real Sociedad volvió a fallar en un encuentro decisivo, olvidándose de esa sexta plaza y colocándose en la decimotercera. Los de Garitano completaron una primera media hora de juego muy mala, de forma que era casi imposible reconocerles. El Valladolid lo aprovechó para adelantarse en una de las múltiples pérdidas inocentes de balón. El centro del campo naufragó con estrépito y dio alas a los de Sergio, que vieron más luz de la que esperaban en Anoeta. Luego, en la segunda mitad, la cosa cambió, pero otro error imperdonable, cuando más atacaba la Real Sociedad, puso el choque demasiado cuesta arriba. A partir de ahí, los realistas lo intentaron de todas las formas posibles, acortaron distancias cuando había tiempo por delante, pero se quedaron a unos centímetros de la igualada. Seguramente la merecieron, pero a este nivel los errores se pagan muy caros. Ninguno de los goles forasteros debió llegar, al menos de la forma en que se produjeron, y luego fue nadar mucho para morir en la orilla. Una pena, porque el sexto puesto estaba ahí y seguramente lo menos malo es que sigue muy cerca. Pero con fallos como los de ayer, con ausencias como la de la primera parte, será imposible remontar.

Veinte años sin Aitor

Se me hace un nudo en la garganta a pesar de que han pasado 20 años. Recuerdo como si fuera ayer la fría noche en el maldito Calderón en la que fue asesinado Aitor Zabaleta. Nos las prometíamos felices en aquella eliminatoria de la Copa de la UEFA. No podíamos pensar, aunque acercarse a ese nefasto campo siempre era desagradable, que la noche iba a terminar en tragedia. Cuando llegábamos a nuestra puerta de entrada, unas ambulancias del Samur llamaron nuestra atención. Enseguida corrió la noticia. Un aficionado de la Real Sociedad había sido apuñalado. No lo podíamos creer, pero era verdad. Desde ese momento y, a pesar de que el campo vivió aquel día una fiesta especial al grito de 'vasco el que no vote', todo quedó en un segundo plano.

Derrota en Anoeta (Real 1 - 2 Valladolid)

Lo mejor
La Real sigue a tiro de los puestos de cabeza, pero no puede desperdiciar más oportunidades
Lo peor
Los de Garitano regalan esta vez la primera media hora de juego y el Valladolid lo aprovechó
El dato
Después de quince jornadas, los realistas han perdido más partidos que los que han ganado
La clave del partido
El segundo gol del Valladolid, cuando más atacaba la Real, terminó por romper el encuentro

La Real perdió de forma injusta, con un gol mal anulado a Cvitanovic por fuera de juego, pero eso era lo de menos. Aquella noche en vela en Madrid, con la familia de Aitor Zabaleta llegando desde San Sebastián, es el peor recuerdo que uno tiene de su carrera periodística. Por eso hoy, cada vez que me siento en mi sitio de abonado en la tribuna Aitor Zabaleta, un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba abajo. No me olvido de la última vez que estuve con Aitor. Creo que fue en el Hotel Plaza de Armas de Sevilla. Andaba buscando entradas para el partido que la Real jugaba allí. «Venga Pedro, tenéis que estar siempre con la Real, porque si vosotros no sacáis la cara a nuestro equipo, no la va a sacar nadie. O vamos todos juntos, o vamos mal». Ese fue siempre el espíritu de Aitor Zabaleta. Y ese es el espíritu que se vive hoy en la grada que lleva su nombre. Un orgullo haberle conocido. Y una emoción especial cada vez que Anoeta grita su nombre. Le asesinaron por ser de la Real Sociedad. Tremendo.

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