Mejor formación, peor olfato

El Athletic tiene en Gipuzkoa el mismo objetivo que la Real, hacerse con los mejores jugadores, por lo que toca ponerse las pilas y evitar fugas como la de Nolaskoain

Peru Nolaskoain, junto a Urrutia durante la firma de su nuevo contrato. /ATHLETIC
Peru Nolaskoain, junto a Urrutia durante la firma de su nuevo contrato. / ATHLETIC
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

El derbi tiene color guipuzcoano. Desgraciadamente no es un factor que asegure un resultado favorable para la Real mañana, pero sí representa un orgullo para el fútbol de nuestro territorio y una muestra de su salud de hierro. Que con la mitad de habitantes de Bizkaia tenga el doble de representantes entre las dos plantillas es un dato revelador del buen trabajo en la base.

Para la Real, como principal exponente de la cantera en nuestro territorio, es una gran noticia que se formen tantos futbolistas profesionales en un ámbito tan pequeño, un hecho insólito a nivel mundial. Con apenas 700.000 habitantes se podría conformar un equipo para estar arriba en la Liga. Se me ocurre uno con Olazabal o Riesgo bajo los palos y una defensa formada por Odriozola, Aritz, Nolaskoain y Yuri, por ejemplo, sin olvidar a Zaldua, Gorosabel o Balenziaga. En el centro del campo la competencia sería brutal, con los Illarramendi, Zubeldia, Zurutuza, Dani García, Unai López... Hay tantos que podríamos dar cabida a tres de ellos para jugar con un trivote en la zona ancha. Susaeta y Oyarzabal estarían por fuera con Aduriz o Bautista como alternativas para manejarse arriba. Fíjense que equipazo resultaría. Y eso cuando en los dos últimos años se han retirado Xabi Prieto, Agirretxe, Xabi Alonso, Arteta o Iraola, entre otros.

Muchas veces escuchamos en la calle que tal y como está el fútbol es imposible que la Real vuelva a contar con un equipo 100% de casa. Y es verdad, porque siempre habrá clubes con mayor poderío económico que rondarán a los jugadores más prometedores y será necesario cubrir esos huecos en el mercado. Así sucedió con Xabi Alonso (Liverpool), Illarramendi y Odriozola (Real Madrid), Griezmann (Atlético)... Pero eso no quita para que tenga mucho margen de mejora en su aspiración de aglutinar a los mejores guipuzcoanos, algo que ya no es así. El Athletic quiere lo mismo y toca ponerse las pilas.

De los 19 jugadores del territorio repartidos entre la Real y el Athletic, 15 han vestido de blanquiazul y otros dos, Nolaskoain y Guruzeta, estuvieron en Zubieta a prueba. Solo Susaeta y Aduriz no lo han hecho. De hecho, Susaeta sería el único que siendo guipuzcoano se le puede considerar propiamente un producto de la cantera vizcaína, ya que ingresó en Lezama a los diez años. Curiosamente su primo Néstor, tres años mayor, jugaba en la Real.

El resto son todos de la cantera guipuzcoana. Al menos han pasado más tiempo en edades formativas aquí que allí, incluido Aduriz, que jugó hasta los 18 años en el Antiguoko. Lo mismo ocurrió con Guruzeta, mientras que Nolaskoain se marchó a Bilbao con 17.

Detectar el talento propio

Para nutrir de futbolistas a dos equipos profesionales con amplia tradición de cantera que se disputan un mismo ámbito hay dos aspectos que son fundamentales: el olfato en la captación del talento y la formación. No tengo dudas de que Zubieta gana en este segundo concepto. Desde hace años es un referente en el fútbol formación y los resultados están ahí. La mayoría de los jugadores que han llegado al primer equipo ingresaron en la base con 14 años o menos. Es decir, en infantiles o cadete de primer año. De los once canteranos de la plantilla, así lo hicieron todos menos Merquelanz, que llegó con 17 en edad juvenil.

En el Athletic buena parte de sus jugadores vistieron de rojiblanco por primera vez a partir de juveniles: Herrerín, Lekue, San José, Unai López, Guruzeta, Nolaskoain, Williams... Aduriz, incluso, lo hizo en edad senior, porque su último año juvenil lo completó en el Aurrera de Vitoria. Y ahí el club rojiblanco ha demostrado ojo clínico para sacar rendimiento a apuestas más tardías. ¿Que muchos no han llegado? Claro, eso pasa en todos los sitios. Aquí y en la Conchinchina. Pero solo con mirar esa lista se ve que el vecino no se ha movido nada mal.

El caso más significativo es el de Williams. Jugaba en el Pamplona en juveniles. Muchos lo identificaban con Balotelli. La cresta que lucía ayudaba a ello. No le veían talento como para llegar a Primera. Eso sí, los goles se le caían. Con 18 años le llamaron a Lezama para una prueba y se lo quedaron. Hoy es el jugador más valioso del Athletic.

En el caso de la Real no se trata de salir a captar talento, sino de retener el propio. El que tienes en casa o en tus clubes convenidos. Casos como el de Peru Nolaskoain no se pueden repetir. He oído mil veces aquello de que no todos tienen cabida en Zubieta para justificar estas fugas. Que se apostó por otros jugadores. Es curioso que el de Zumaia no encontrara un hueco en la Real en el equipo de su generación (1998) cuando hoy ninguno de su edad juega siquiera en el Sanse. ¡Y eso fue hace tres años!

En Zubieta hay siempre demasiadas dudas a la hora de elegir a los jugadores. Sobre todo con los guipuzcoanos. Y en un club con una filosofía tan particular no vale con el notable alto, se requiere el sobresaliente para sobrevivir. Si no controlas lo de casa estás perdido. Y no ha sido un error de no saber quiénes eran esos jugadores, sino de toma de decisión. Lo peor de todo es que nunca hay responsables porque la culpa siempre es del que se marcha.

Los captadores han sido claves en el devenir de este club. Paco Nogales en la zona de Navarra derivó a Zubieta futbolistas que han llegado a Primera como Carlos Martínez, Toño, Viguera, Rubén Pardo, Javi Ros o Pablo Hervías. Qué decir de la labor de Eric Olhats en Francia, el descubridor de Griezmann con 13 años en aquel torneo de París cuando los grandes clubes de su país le veían demasiado bajito. Él trajo también a Kevin, Cadamuro, Giovanni Sio, Le Normand o Nais Djouahra.

Zubieta no puede vivir solo de Gipuzkoa, es comprensible, pero donde no puede fallar es en casa. Porque ese tipo de errores se cobran una factura muy alta. A nivel deportivo y social.

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