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Derbi en Anoeta

Real Sociedad - Athletic: Maderas nobles, tiempos revueltos

Rulli dirige a su defensa, en un entrenamiento en Zubieta./LUSA
Rulli dirige a su defensa, en un entrenamiento en Zubieta. / LUSA

Las porterías de Real Sociedad y Athletic buscan la estabilidad en lucha con la nostalgia imposible de otras épocas | Un renacido Gero Rulli y un seguro Iago Herrerín serán titulares en el derbi de mañana, donde el acierto de los porteros puede resultar decisivo

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Son dos porterías aristocráticas. Forjadas por la tradición, se diría que sus postes están hechos de maderas nobles. No es fácil ser portero de la Real Sociedad o el Athletic, sometido a escrutinio constante por un aficionado que ha visto a los mejores. Plazas difíciles siempre, ahora son tiempos revueltos en las porterías de ambos equipos.

Mañana jugarán Gero Rulli y Iago Herrerín. En un puesto delicado, en el que la estabilidad se considera un valor absoluto, los dos se han hecho con el puesto no sin sobresaltos. El argentino de la Real Sociedad, hace un mes no jugaba. El rojiblanco ha hecho un viaje de ida y vuelta, con escala en el banquillo, para colocarse en la portería del Athletic.

Rulli recuperó la titularidad en Madrid por una lesión de Moyá y aprovechó el escaparate del Bernabéu para jugar un partidazo y reivindicar su estatura. En último mes está siendo el mejor jugador de la Real. Aún no es el asombroso portero que llegó con 22 años de Estudiantes de la Plata y se adueñó de la portería con una solvencia aplastante, pero en un mes ha ganado un buen puñado de puntos para la Real y ha dejado tres o cuatro detalles de clase. El Rulli de verdad tiene talla para adueñarse de la portería de Arconada mucho tiempo (y para que algún grande de Europa le eche el lazo).

Bastante mejor portero que lo que se cree, Iago Herrerín no parece, sin embargo, con opciones de colgarse el cartel de heredero de Iribar. Ese papel estaba destinado para Kepa Arrizabalaga. El fenomenal meta ondarrutarra, en cambio, pensaba otra cosa: tras el culebrón de hace un año con el Real Madrid, en verano fichó por el Chelsea, dejando un agujero negro deportivo y sentimental en el Athletic.

La inestabilidad de la portería de la Real Sociedad es responsabilidad básicamente del propio Rulli, que en las dos últimas temporadas entró en una línea descendente clara, a pesar de que (o quizá porque) el club le garantizaba de facto la titularidad al situarle como suplente a un futbolista de menos nivel, como Toño Ramírez. Cuando la temporada pasada Rulli cayó lesionado y Toño pasó apuros, la Real fichó al veterano Miguel Ángel Moyá (34 años).

La elección de Llopis

Jugó bien y Rulli no recuperó el puesto. Con un sector importante del público y la crítica a favor del balear, Asier Garitano dio la titularidad al inicio de la presente temporada al argentino, avalado por su prestigioso entrenador de porteros, Luis Llopis. Pero el platense no respondió y Garitano le tuvo que quitar, tras varias actuaciones pésimas. Por circunstancias recuperó el puesto y ahora puede devolver la situación al escenario previsto.

La Real Sociedad fichó a Rulli en 2014 para suplir la marcha de Claudio Bravo al Barcelona. El chileno era el típico arquero sudamericano y, pese a su fea marcha, hay que reconocer que dio altura a la portería de la Real. La consolidó durante sus últimas seis temporadas. Bravo fue lo que la planificación estratégica del club había ideado para Asier Riesgo. Pero el debarra, crecido en Zubieta con la etiqueta de portero del futuro desde su infancia, ha tenido una carrera fuera de la Real. Para sustituir a Bravo, llegó el argentino Rulli, el típico portero europeo.

Como en la Real, en el Athletic ser portero es un privilegio y un honor. Y algo frustrante, porque no se puede aspirar a ser el mejor de la historia.

Rulli recuperó el puesto por una lesión de Moyá y ha sido el mejor realista desde el Bernabéu OPORTUNIDAD

El escalafón de la portería de San Mamés sufrió un descalabro con la salida de Kepa al Chelsea MOVIMIENTOS

El navarro Remiro llegará en verano a la Real, donde se encontrará con Rulli y Moyá... o no FICHAJE

Después de Zubizarreta, la meta del Athletic ha estado en manos más solventes que brillantes. Aranzubía y Gorka Iraizoz fueron los que más estabilidad ofrecieron, pero la búsqueda del nuevo Iribar siempre ha sido uno de los relatos míticos de la grada de San Mamés, como añorar a Arconada nunca ha dejado de llenar conversaciones en Atotxa y en Anoeta. En la Real Sociedad, la historia dará su justo valor a Alberto, como el portero que asentó la portería después de la marcha de Arconada, una empresa de la máxima dificultad. El irundarra llevó a la Real de Atotxa a Anoeta y fue indiscutible -salvo la excentricidad de Clemente con Asper- durante diez temporadas, antes de dejar paso a Westerveld y Riesgo.

La evolución de la portería de la Real Sociedad ha llevado a que desde 2018 ninguno de sus dos inquilinos sean de la cantera, algo que escandaliza a los mayores, que evocan los tiempos en que la Real exportaba guardametas de nivel internacional de tantos que producía el fútbol guipuzcoano. La inagotable cantera. Esnaola, Artola, Urruti, Araquistain, Ignacio Eizaguirre... Desde 2002 lo habitual ha sido un portero extranjero y la Real acaba de fichar para el Sanse al ecuatoriano de 19 años Moisés Ramírez, lo que fuerza las costuras de la filosofía del club hasta el mismo límite.

Remiro, la campaña que viene

Con la llegada del navarro Álex Remiro la temporada que viene, la portería realista volverá contar con un hombre de casa, formado en el fútbol vasco. El caso del meta de Cascante dibuja muy bien ese estado de cierta confusión o provisionalidad que afecta a las dos porterías.

Tras una exitosa cesión al Huesca la pasada temporada -su suplente fue Ander Bardají, cedido por la Real y hoy traspasado al Fuenlabrada de Segunda B-, Remiro volvió a Lezama como tercer portero, tras Kepa Arrizabalaga y Iago Herrerín. Tenía un contrato con cifras acordes a ese estatus.

Pero Kepa se marchó al Chelsea -donde está brillando- y Herrerín se lesionó. Así que, de golpe, pasó de número tres a número uno. El Athletic le comunicó que sería titula, pero que antes debía volver a renovar con unas condiciones, de nuevo, ajustadas a su posición. Es decir, mucho más dinero. Pero Remiro, que acaba contrato en junio, dijo que no. Y Berizzo -entonces, entrenador del Athletic- le mandó a la grada por orden de la directiva y puso a jugar al alavés Unai Simón, que cedió su puesto a Herrerín en cuanto se recuperó.

Fichará por la Real Sociedad y se encontrará con Rulli y Moyá... o no. Porque otro de los factores que explican la inestabilidad de la portería de Anoeta en los últimos tiempos ha sido la inseguridad que ha transmitido el portero argentino sobre su futuro. Casi cada verano ha amagado con su salida, pese a que no ha habido ofertas serias por él. Hasta se dejó querer por Boca Juniors, lo que sería un paso atrás inimaginable para un futbolista de su talla, de solo 26 años pese a llevar siete temporadas en Primera (dos en Estudiantes y cinco en la Real).

No tiene, eso así, la confianza de la grada, que aplaude sus paradas con tacañería. Tiene todas las virtudes que necesitan los grandes, porte, aplomo y determinación, y una que solo tienen los jugadores especiales: una ausencia total de demagogia. No vuela a balones imposibles y no usa las dos manos si le basta con una. Las festivas tribunas del fútbol moderno aplauden a esos jugadores que persiguen hasta la línea de fondo un balón que saben que no van a alcanzar. Rulli no es de esos. Y si en junio cree que se tiene que ir, se irá. Sin sentimentalismos.

En Bilbao, valoran la estabilidad que asegura Herrerín con el sosiego que da no esperar milagros. El meta de Castro Urdiales da lo que da, que es mucho. Dentro de cien años no se sentará a la derecha de Iribar, pero mientras esté en el Athletic le dará buenos puntos y casi ningún disgusto. El público de San Mamés, siempre pragmático, sabe lo que vale alguien capaz de cubrir el agujero que deja una prima donna como Kepa.

Durante décadas, la portería de los dos grandes equipos vascos fue un asunto, más que deportivo, casi religioso. Aquellos tiempos míticos quedaron atrás, pero hay costumbres que nunca se olvidan. El aficionado ha visto a los mejores y tiene el ojo entrenado. Tantos años después, el juicio sigue siendo inapelable.

La portería de la Real Sociedad pesa y la del Athletic, también. Son de roble.

 

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