Dos arrastres y un pasillo al gol

IMANOL TROYANO

Llegaba la Real al Martínez Valero, campo de pruebas donde Imanol presentó la pasada temporada en sociedad la disposición del rombo, por lo que cabía esperar un guiño a aquel mecanismo que nació hace cuatro meses y que el técnico oriotarra concibiera una nueva fórmula con la que sorprender al rival.

Sobre todo después de que la salida de Isak y la lesión de Carlos Fernández hubieran dejado al técnico guipuzcoano sin poder disponer de delanteros del primer equipo. Karrikaburu era la única opción natural en la punta de ataque, toda vez que se daba por hecha la presencia de Kubo como componente de esa línea más adelantada actuando como falso delantero. Sin embargo, Imanol optó por alinear a Cho arriba, que ya había jugado como titular en esa demarcación en pretemporada, y no tuvo que variar el dibujo, a pesar de no poder contar con un ariete de inicio.

Si ya de por sí el 1-4-4-2 en rombo demanda una gran movilidad de los dos hombres de arriba, tanto Sorloth como Isak no paraban de mover a los defensas rivales en su momento, poder contar con piezas como Kubo y Cho, con un carácter más dinámico aún, daba la opción de potenciar todavía más esa movilidad en el frente.

Las claves

  • Rival La zaga ilicitana se desajustó a la hora de perseguir a los realistas y ofreció muchos espacios

  • Centrocampistas La aparición de jugadores de segunda línea como Silva o Brais Méndez otorgó mucha profundidad

Desde segunda línea

Bigas y Roco, los centrales del Elche, lo sufrieron en sus carnes. Ambos jugadores, principalmente en la primera mitad, no supieron tener bajo control los espacios que se generaban gracias a los constantes movimientos de los atacantes realistas. No sabían cuándo perseguir a su par o mantener la posición, ya que si no lo hacían daban la opción de que Cho o Kubo recibieran el balón al pie. En cambio, si saltaban de su sitio para impedirlo, permitían que otro realista pudiera aprovechar los huecos que se creaban a partir de esos arrastres. En esta situación cobraba mucha importancia la aparición de un hombre de segunda línea como Silva o Brais Méndez para poder amenazar en profundidad.

La jugada del único gol del encuentro es un ejemplo sencillo de la sucesión de movimientos que se produjeron en apenas unos segundos y que causaron un gran desajuste en el entramado defensivo local. Esto facilitó en última instancia que Brais Méndez gozara de toda la tranquilidad del mundo para batir a Badía en el mano a mano.

Zubimendi tuvo el tiempo suficiente como para cruzar el centro del campo y levantar la cabeza y después decidir que la caída de Kubo y el desmarque hacia delante de Silva no eran lo suficientemente buenos, pero sí el pasillo central que abrieron con sus desplazamientos por el cual habilitar a Brais Méndez. Su pase vertical que atravesó dos líneas rivales fue mortal de necesidad.

Entre Mascarell y Bigas se centraron en Silva, mientras Mojica saltó a Kubo. Roco estaba más preocupado de Cho, ya que Lirola se encontraba fuera de lugar a la altura de Merino. El de Mos se coló por la espalda de Gumbau, que, ya desubicado de su zona, optó por achicar y se eliminó de la jugada. Una gran acción que valió tres puntos.