Fiebre bajo las cerchas

El nuevo Anoeta sigue sin celebrar su primera gran noche en un partido plomizo, a pesar de la expectación entre los aficionados

Regreso. Willian, que volvía a jugar tras lesionarse en Ipurua, celebra el gol del empate junto a Kevin Rodrigues. / MICHELENA
IMANOL TROYANO

Tengo un amigo que es un cabezota. Ese que no falta nunca a Anoeta, y ayer, pese a sufrir uno de esos virus que de cuando en cuando azotan por San Sebastián, tampoco falló. Un partido en martes a las 21.00 horas contra el Rayo Vallecano y que además se da en abierto parecía el idóneo para quedarse en casa. Pero este argumento está caduco con las reformas hechas en casa.

«¡Cómo me voy a perder el partido!» Aduce enérgicamente, con la energía que le queda. «¡Si es en el nuevo Anoeta!» Añade después. No hay manera de rebatir semejante razonamiento. Quien estuvo en el campo contra el Barcelona sabe de lo que habla mi amigo.

Llega al asiento vistiendo gorra y bufanda azul y blanca. La noche es fresca, pero lo que le preocupa a mi amigo es que no le enfoque alguna cámara inoportuna y se enteren en el trabajo. No vayan a pensar que mi amigo es un irresponsable. Ha venido con tres paquetes de clínex. Además, guarda en el bolsillo de la chaqueta un pequeño tetrabrik de suero. «Me han dicho que hace maravillas», me comenta. Yo me alegro que el partido empiece de una vez.

Dos estornudos después de que el árbitro haya pitado el inicio, sobre el minuto 5, Bautista marca y se acerca a nuestro córner a celebrarlo. El de Errenteria acaba de reafirmar la decisión de mi amigo. Cerca está el canterano de volver a ver puerta y la Real parece que controla sin problemas el encuentro. Pero no.

Un fallo de Rulli deja en bandeja el empate del Rayo y cinco minutos después los visitantes le dan la vuelta al marcador de penalti ante la incredulidad de la grada. A mi amigo, obviamente, le sube la fiebre, y para la segunda mitad tan solo le queda un paquete de clínex sin estrenar.

El probiótico y Willian José

El descanso le sienta bien. Se olvida del resultado mientras sorbe por la pajita el suero con sabor a naranja. Me explica que la pajita tiene el probiótico que a fin de cuentas es lo que sana y yo me lo creo sin rechistar.

La segunda parte es plomiza y solo la novedad del campo la hace llevadera. Willian José, como el probiótico, llega a tiempo para que a los aficionados no les suba demasiado la fiebre. Mientras los resultados no sigan acompañando bien vale disfrutar de un campo sin pistas. A algo hay que agarrarse.

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