Hau da Anoeta, hau da gure Reala!

Aficionados de la Real agitan las bufandas en un momento del partido. Los realzales acompañaron al equipo en todo momento. / MICHELENA
Aficionados de la Real agitan las bufandas en un momento del partido. Los realzales acompañaron al equipo en todo momento. / MICHELENA

El sentimiento realzale aflora a borbotones en un nuevo Anoeta que tiene la virtud de intimidar y ensordecer

Álvaro Vicente
ÁLVARO VICENTE SAN SEBASTIÁN.

No creo que la Real Sociedad jugara un buen partido; se vació, sí; lo intentó, también, Garitano lo planteó de libro en las mermadas circunstancias en las que tiene el equipo, pero fútbol, a cuentagotas. Tampoco el Barcelona. Lo justo hubiera sido el empate. Pero a quién le importa ese pequeño detalle en el día después. ¿Hubo partido? ¿Se jugó? Porque ayer no fuimos al fútbol, fuimos al campo. Lo que importa es que este equipo y su gente tiene una nueva casa en la que la ilusión se palpa y en el que el sentimiento realzale al que se refirió el bueno de Agirretxe en su homenaje en los prolegómenos afloró ayer a borbotones desde los minutos previos al inicio del partido hasta que se apagaron las luces.

El nuevo Anoeta escenificó ayer lo que supone ser de la Real Sociedad. Tiene que ser un marciano el realista al que no se le puso la piel de gallina cuando los jugadores asomaron por el túnel de vestuarios y, bufandas al aire, atronó el txuri urdin de Sabadie cantado como nunca por las 26.756 almas que se dieron cita en el, ahora sí, campo de fútbol. Solo por ese momento mereció pagar la entrada. Lástima que el speaker interrumpiera ese momento para cantar la alineación de la Real. Fue un grito a coro liberador de quien ha estado 25 años soñando con un campo de fútbol sin pistas de atletismo.

El nuevo Anoeta tiene la virtud de intimidar y de ensordecer. Lo que otros tardaron años en conseguir, la afición de la Real lo ha logrado en un partido. Acompleja. ¿Qué será de Anoeta cuando esté completamente remodelado? Será un estadio feroz. Es cierto que necesitaremos tiempo hasta que el resplandor que despide por dentro el nuevo campo nos permita centrarnos simplemente en el equipo. A más de uno se nos iba la mirada fuera del césped cuando estaba el balón en juego. Será cuestión de tiempo. Habrá tardes en las que jugaremos en casa y fuera a la vez. Pero fuera de la lógica, en un pis pas, el aficionado rugió sin miedo a descolocar el orden del edificio. Consiguió que por momentos todo fuera fútbol, solo fútbol. Mucha parte de culpa la tuvieron quienes poblaron la grada Aitor Zabaleta, todos de pie y con la camiseta blanquiazul. El sueño del presidente Jokin Aperribay y su consejo hecho realidad después de un puñado de vicisitudes legales, dificultades económicas del club, y trabas administrativas y políticas que han rodeado al proyecto desde su puesta en marcha en 2004.

El acierto que da y quita

Y eso que habíamos entrado al nuevo Anoeta con las bocas abiertas, ejerciendo una admiración tranquila, lenta, casi miedosa, por cada detalle, sin dejar de mirar dónde se ponían los pies, para no romper o manchar nada. Alzaban los realistas los móviles al cielo con la sincronía de un batallón. Y se sobrexcitaban con los selfies. Era el día de observar, de recorrer los vomitorios y las galerías, de reconocer la nueva casa, de palpar los materiales a semejanza de un piso piloto. Y de observar desde las atalayas. Ayer no era un día más porque habituados a utilizar prismáticos, por fin sentimos que volvíamos a ver fútbol con olor a hierba, como en Atotxa. Eso no se olvida.

Lástima que los puntos se le escurrieran a la Real Sociedad, que perdonara las tres ocasiones que dispuso en el primer cuarto de hora de la segunda parte. La ansiedad le hizo daño a la hora de construir el juego. Es lo normal cuando tienes que multiplicarte, cuando Pardo tiene que tapar a Rakitic, Zurutuza a Sergi Roberto y Zubeldia a Rafinha. Resulta que cuando recuperas el balón estás tan cansado que las paredes te salen más por entusiasmo que por precisión y que tus jugadas más peligrosas nacen de una sucesión de rebotes y de disputas más bien desordenadas. Así llevábamos 64 minutos de partido y hasta ese momento el once de la Real, con siete canteranos, estaba convirtiendo en realidad lo que llevaba planeando durante días, pero cuando no eres capaz de sacar una contra ganadora, tampoco te puede sorprender demasiado que te den un susto. Esta vez fueron dos. Uno detrás de otro. Primero Suárez y después Dembélé. Fue un disgusto. Parece claro que la victoria se escapó porque la Real no supo hacer daño cuando se le presentó la ocasión, que alguna hubo. El Barcelona fío su fuerte a las individualidades y poco más. A eso le llaman competir.

Sin embargo, después de haber perdido la ventaja, los realistas aguantaron sin demasiados sobresaltos, a pesar de esos errores y llegaron a la última recta del partido en posición de fuerza. Sólo faltó que el cabezazo de Juanmi en el 85 hubiera terminado en las redes de Ter Stegen. Faltó precisión para poner en valor tanto trabajo. Porque en deporte de este nivel, el acierto es el que te da o te quita las victorias y los nuestros no estuvieron acertados. La Real mereció un poco más porque planteó un partido valiente, decidido, con múltiples apoyos en defensa.

Y así se lo hizo saber su afición. Era el minuto 90 y seguía animando. Y en el 93. Seguro que queda tiempo hasta que el nuevo Anoeta se llene de estadísticas, jugadas, goles, ocasiones falladas, alborozos y gestas. Cuando llegue ese día, nos sentiremos del todo en casa, quizás no lo consigamos hasta el otoño que viene cuando el campo se cierre del todo con la nueva tribuna norte, pero conseguir mirar a la cara al campeón de Liga en el día del estreno tiene un mérito enorme. Bestial. En una tarde, la sintonía entre el equipo y el aficionado ha cambiado, se ha hecho más fuerte. No se me ocurre mejor manera de garantizarse un mañana más próspero, con gente de casa en el equipo, y poder competir ante tanto fútbol de talonario. La Real es hoy más grande que ayer. Y eso no hay derrota que pueda taparlo.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos