Real Sociedad

Aitor Zabaleta, el nuevo pulmón de Anoeta

Aitor Zabaleta, el nuevo pulmón de Anoeta

La grada dedicada al seguidor txuri-urdin asesinado hace ahora 20 años es un claro reflejo de la transformación que han sufrido club y afición en la última década

ENEKO PÉREZ

Bufandas agitadas al viento, banderas, camisetas blancas y azules, y rostros, en su mayoría, juveniles. Cántico tras cántico, salto tras salto, y aliento tras aliento, la grada Aitor Zabaleta del nuevo Anoeta está dando sus primeros pasos y va haciendo camino poco a poco. Las casi 3.000 almas que la componen, con cada vez mayor presencia del público femenino, son una muestra objetiva de que algo en la Real está cambiando dentro de su propia afición, que es el corazón del club. Sin embargo, para llegar hasta este punto de exaltación del sentimiento txuri-urdin, ha habido que recorrer un largo y complicado camino.

Si bien el descenso de 2007 fue uno de los peores momentos en la historia de la entidad, esa bajada a los 'infiernos' consiguió, casi de inmediato, que la masa blanquiazul cerrase filas en torno al escudo realista y estuviese el bloque de fieles más prieto y unido que nunca. «Quiéreme en las buenas, pero te necesitaré más en las malas», reza un dicho popular. Y así fue. Como apunte anecdótico, jamás olvidaré lo que sentí en el segundo partido que jugó la Real en el coliseo amaratarra en su aventura en 2ª división. Fue ante el Polideportivo Ejido (qué tiempos) y en las gradas, desangeladas, no había más de 14.000 seguidores. En el descanso escuché a un señor de avanzada edad como le decía a su mujer «estamos los que estamos, ni más ni menos, con estos vamos al fin del mundo».

Ese partido se lo llevaron los andaluces (0-1), y no cabe duda de que fue un día triste y amargo. Sin embargo, nadie sabía que en ese primer curso en la categoría de plata el vínculo entre los hinchas y la institución se estaba empezando a estrechar hasta recordar la unión que había entre afición y equipo en los tiempos de Atotxa. Toda vez que el club estaba hundido en la miseria deportiva y económica, fue ese irreductible núcleo cercano a las 15.000 personas los que apretaron los dientes más que nunca y, quitándose los grilletes de la vergüenza tras unos años de silencio, volvieron a demostrar que a la parroquia realista le corría sangre por las venas y tenía ganas de luchar.

Con el empuje, cada vez mayor, del fondo sur, y en una menor medida de las tribunas y el resto del estadio, la Real, gracias a una gran generación de potrillos nacidos en su mayoría en la década de los 80 (Xabi Prieto, Mikel González, Zurutuza, Agirretxe, Dani Estrada, Carlos Martínez, Ion Ansotegi, Zubikarai y un jovencísimo Antoine Griezmann), más algún buen fichaje como el de De la Bella o Carlos Bueno, consiguió regresar a la Liga de las Estrellas, su hogar y su hábitat natural. Lo hizo apoyada en unos magníficos resultados obtenidos como local, donde se veían cada vez más camisetas y, en consecuencia, mayor presencia del blanco y el azul en el graderío.

Ese sentimiento seguía haciéndose más y más grande, hasta alcanzar su punto cumbre el día en el que se volvió a disputar un choque de 1ª división en Anoeta, el 30 de agosto de 2010 ante el Villarreal. El histórico gol de Xabi Prieto a pase de espuela de Llorente provocó un delirio irrefrenable entre los casi 30.000 fieles que abarrotaron las gradas del campo donostiarra. «Hemos vuelto», pensaron todos ellos con un nudo en la garganta y el pecho henchido de orgullo. Y así, hasta ahora. Por fin, con un estadio acorde a la categoría de la afición, sin pistas de atletismo. Sin grandes alardes, pero coqueto y resultón. A quien corresponda, gracias.

Zuregatik, Aitor. Beti gogoan.

 

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