Real Sociedad

Agirretxe: un nueve clásico, un nueve moderno

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Vuelo sin motor. Agirretxe celebra un gol al Almería en 2014 con su gesto característico. / AFP

Crecido al calor de Kovacevic, el mejor ariete de la cantera de la Real Sociedad desde 'Satrus' deja atrás una carrera marcada por la inteligencia

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Decir que Agirretxe cuelga las botas es una vulgaridad. Cuelga los zapatos de baile, siempre relucientes. El mejor delantero que ha dado la cantera de la Real Sociedad desde Jesús Mari Satrustegi ha sido un estilista, un intérprete privilegiado del juego y un rematador de amplio repertorio. Gran cabeceador, deja para el recuerdo goles de todas las facturas.

Su mejor arma ha sido la cabeza, por la parte de dentro y por la de fuera. Excelente en el juego aéreo, su asidero al fútbol ha sido la inteligencia. Por eso se puso a volar con Philippe Montanier, un técnico con una aproximación intelectual y teórica al juego que llegó a los mejores futbolistas. Sin obviedades, sin vulgaridades, Agirretxe daba su mejor versión. El fútbol básico, rocoso y evidente siempre le han sido ajenos.

Ha sido un delantero centro clásico en el mejor sentido de la palabra. Criado al abrigo de Darko Kovacevic, el anterior gran delantero de la Real Sociedad, siempre supo lo que un equipo necesita del nueve: que le sostenga. Tan diferente al serbio, Agirretxe aprendió bien esa lección fundamental, que ha sido ley durante toda su carrera. De ahí su extraordinario juego de espaldas y su obsesión por dejar siempre bien el balón de cara a la segunda línea. Como Kovacevic, Agirretxe ha sido un nueve al que había que ver jugar en el estadio, por su manejo del espacio. Por su gobierno del partido.

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A diferencia de Kovacevic, último superviviente de la vieja escuela, Agirretxe ha sido un delantero centro moderno, también en el mejor sentido. No empleó su formación canónica ni su poderoso físico para envolverse en el clasicismo, sino para trascenderlo. Se miró en el espejo de Ibrahimovic y Lewandowski para extender la influencia de su juego a todos los sectores del campo. Un delantero alto que juega con los pies.

Pero Agirretxe no ha sido un esteta. Ha sido un depredador. Ha marcado 75 goles con la Real, 41 de ellos en las únicas cuatro temporadas y media que ha jugado al máximo nivel. Retirado de facto con 28 años tras su lesión en el Bernabéu, son cifras contundentes.

Tres hombres claves

En su carrera han sido claves dos hombres con una visión del fútbol y las relaciones humanas de perfil elevado: el citado Montanier y José Mari Amorrortu. El hoy director del Athletic fue de los primeros en detectar su talento. Se lo llevó a Lezama en cadetes. Sabía que tenía ante sus ojos al delantero vasco de la próxima década. Roberto Olabe también ha marcado la trayectoria de Agirretxe, cuando fue a Bilbao en persona a rescatarlo para la Real Sociedad, en su anterior etapa de director deportivo. El destino quiso que poco después Amorrortu fichase por el club blanquiazul como entrenador. No tardó en hacer debutar a Agirretxe en el primer equipo.

El desastre del descenso le alcanzó en ese momento determinante de la formación de todos los jugadores, a las puertas de la élite. Tuvo que purgar una cesión en Castellón y verse adelantado por Díaz de Cerio, antes de volver para conocer de primera mano la crudeza del fútbol profesional. Fue clave la temporada del ascenso. Sus goles sujetaron al equipo en la primera vuelta, pero Martín Lasarte, el alma de aquel ascenso, no confiaba en él. Cuando el uruguayo Carlos Bueno consiguió por fin ponerse en forma, Agirretxe pasó al banquillo. Ya en Primera, quiso cederlo al Valladolid, pero la lesión de Llorente le permitió seguir en la Real Sociedad. En el último asiento del banquillo. Aún así metió tres goles.

Sufrió las paradojas del mundo de los entrenadores, seres misteriosos. Lasarte, el ideólogo del ascenso, el hombre que rescató de las catacumbas a Zurutuza y descubrió a Griezmann, no veía a Agirretxe.

Tuvo que llegar Montanier para que la tendencia cambiara. Para siempre. El francés no le conocía -no salía en los vídeos- y el primer día le dijo que podía buscarse equipo. A las pocas semanas le llamó al despacho y le dijo que si seguía trabajando así empezaría la liga de titular. Desde entonces ya nunca perdió su cartel de estrella.

Las cuatro temporadas que van desde 2011 hasta 2015 son las de un idilio. Con el juego y con el gol. Y con la grada. Contra todo convencionalismo, la afición futbolística no está compuesta por masas de gente adocenada y rudimentaria. El fútbol sofisticado de Agirretxe llegó de forma natural a la afición, que le adora.

Un vacío gigantesco

Por eso, el vacío que deja Agirretxe es gigantesco. No tanto por el fútbol, porque lleva tres años sin jugar. Sino porque con su retirada desaparece el último estandarte de la última gran Real Sociedad, tras las salidas de Griezmann, Carlos Vela, Xabi Prieto, Iñigo Martínez y, en menor medida, Markel Bergara, Carlos Martínez y Alberto de la Bella.

De la generación que salvó al club tras el descenso solo queda Zurutuza. Y solo Asier Illarramendi puede hablar en primera persona de aquello: jugó un partido en Segunda.

La marcha de Agirretxe coloca en el primer plano ese problema de identidad que afronta en estos momentos el club. Con la salida casi simultánea de sus cuatro capitanes, entre ellos los dos futbolistas guipuzcoanos de mayor recorrido, todo el peso de la historia cae de golpe sobre dos hombres: Illarramendi y Mikel Oyarzabal.

El mutrikuarra debe soportar la carga con solvencia. Es la gran estrella del club, su fichaje más caro, tiene recorrido al más alto nivel y su fútbol no ofrece la más mínima duda. El eibartarra es una figura en ciernes, una versión mejorada de Nihat y un futbolista de nivel internacional. Tiene 21 años. Todos los demás cimientos del equipo han llegado desde fuera.

Con Imanol Agirretxe se va el mejor delantero de la cantera de la Real Sociedad desde Satrustegi, lo que son palabras mayores. Solo Peio Uralde le puede discutir esa posición, con sus increíbles cien goles. El valor añadido que tiene el hecho de haber pertenecido a una generación que no solo jugó muy bien al fútbol sino que salvó al club de la desaparición invita a colocar al usurbildarra en la silla inmediatamente a la derecha de Satrus.

La Real no puede tomarse a la ligera la retirada de Agirretxe, por sus múltiples significados. El acertadísimo fichaje de Willian José ha cubierto su hueco deportivo. El ascenso de Mikel Oyarzabal debe cubrir el vacío identitario y filosófico. Agirretxe entró en la Real Sociedad volando y se va andando. Le retira una lesión. No es el final merecido para un futbolista de su categoría. Pero el fútbol es como la vida: no tiene nada que ver con la justicia.

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