Januzaj, en el que ha sido su lugar de trabajo cotidiano durante cinco años. / FÉLIX MORQUECHO

La no renovación de Adnan Januzaj, una decisión valiente

El mensaje de despedida del jugador belga apunta a Imanol pero el oriotarra se ha ganado el derecho a modelar su plantilla después de estos tres años

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

La decisión de prescindir de Adnan Januzaj demuestra que la Real tiene muy claras sus ideas. Es cierto que su renovación podía haber estado sellada ya desde hace tiempo, pero no hay mal que por bien no venga en este caso. El jugador alargó los plazos y ahora es el club el que ha dado marcha atrás para atender los deseos de Imanol y dejarle marchar. No hay más que ver el mensaje de despedida del belga, en el que se muestra agradecido a Aperribay, Olabe y Erik Bretos sin nombrar al oriotarra, para darse cuenta de lo que ha pasado. Y no me parece mal que el entrenador tenga opinión sobre los mimbres con los que va a tener que hacer el cesto la próxima temporada. Creo que se ha ganado el beneficio de la duda en estos tres años y medio que lleva al frente del equipo.

En las últimas horas se ha contado casi todo sobre Januzaj. Y hay unanimidad en reconocer su talento y el gran ascendente que tenía sobre el vestuario y parte de la afición, pero también existe la convicción de que su calidad no se ha traducido como debía en rendimiento. Y el fútbol moderno va por otro camino totalmente diferente. Hoy que se mide hasta la intensidades de los entrenamientos, es imposible regatear al esfuerzo porque todo queda registrado. Y quien no se entrega no juega. No porque el entrenador no quiera, sino porque llega peor preparado al domingo y el equipo contrario no hace prisioneros.

Jürgen Kloop y Coutinho. La historia de Januzaj me recuerda a la de Coutinho con Kloop en el Liverpool. En la campaña 17/18 el alemán concluyó que el dibujo que más se ajustaba a la plantilla era el 1-4-3-3 y que el brasileño no encajaba. Cuando el club le planteó la opción de fichar a Salah dijo que se disputaría el puesto en el extremo con Coutinho, nunca con Mané o Firmino, a los que veía intocables.

Hoy que se miden hasta las intensidades de los entrenamientos es imposible regatear al esfuerzo

Para llegar a esa conclusión había utilizado toda la temporada anterior como banco de pruebas, en la que analizó la exigencia física que les imponía el reparto de tareas en los espacios asignados por el 1-4-2-3-1 y el 1-4-3-3. Puso especial atención en las transiciones defensivas y ofensivas. Los resultados revelaron que Coutinho era un gran jugador pero intermitente, porque cardiovascularmente no podía realizar esfuerzos del nivel de Firmino, Mané, Wijnaldun, Milner o Lallana. Era un futbolista explosivo en espacios cortos pero bajaba sus prestaciones a campo abierto.

Así las cosas, Kloop le descartó para jugar en el centro del campo en el 1-4-3-3 y solo le veía encaje en uno de los extremos, aunque le costaba seguir el ritmo en los repliegues. Hubo un momento en los que retocó el dibujo a un 1-4-2-3-1 para colocarlo de mediapunta pero los estadios revelaron que el Liverpool defendía 20 metros más atrás. Así que cuando el Barcelona puso 120 millones de euros sobre la mesa para ficharlo el alemán se lo mandó con un lacito.

Una renovación paulatina. En la Real la reflexión desde la llegada de Olabe ha ido en esa dirección, aunque antes que tomar decisiones traumáticas ha preferido apostar por una transición ordenada. Que Januzaj haya aguantado hasta ahora es el mejor ejemplo. Pero sin darnos cuenta, las caras han cambiado hasta dar con esta Real que un año no brillante acaba sexta.

El sábado pasado se cumplieron cinco años de aquel partido en Balaídos con Eusebio en el que se consiguió la clasificación para la Europa League con el gol de Juanmi en el descuento a centro de Canales. Un repaso a la alineación de aquel día nos confirma esa evolución sufrida, ya que jugaron Rulli; Odriozola, Navas, Iñigo, Yuri; Illarramendi, Zurutuza, Prieto; Vela, Willian José y Oyarzabal. Luego salieron Canales, Juanmi y Bautista, mientras que Granero, Zaldua, Zubeldia y Toño completaron la lista.

Hoy solo quedan Illarramendi, Oyarzabal, Zubeldia –que entonces estaba empezando– y Zaldua. Se han retirado Prieto y Zurutuza y al resto se les abrió la puerta en su momento excepto Iñigo, que optó por cruzar la autopista para ir a un club en el que no valiese quedar en mitad de la tabla todos los años, y Canales, que aceptó la gran oferta del Betis nada más acabar contrato.

En este tiempo han ido apareciendo desde abajo jugadores como Le Normand y Zubimendi con la competitividad por bandera y los fichajes que han llegado se han distinguido por su físico, como Merino, Remiro, Isak, Portu, Sorloth o Rico, o su oficio, casos de Monreal, Silva o Ryan. Y todos ellos han llegado después de un profundo análisis personal para conocer su encaje en el grupo y que no generasen tensiones en el vestuario. Por eso la Real se ha hecho tan fuerte estos años desde dentro.

Fichar en el desayuno. Recuerdo que hace unos años me comentaron que un importante club de Europa solía espiar a sus posibles objetivos fuera del campo. Una de sus estrategias era filtrar a una persona en el hotel de concentración y seguir el desayuno para ver si el jugador bajaba el primero o el último, cómo iba vestido, su interacción con los compañeros... Que verles desayunar les aportaba mucha información de primera mano. Ese es el fútbol de hoy en día.