Zurutuza y Kevin, los cicerones en su estreno

Januzaj, en sus primeras carreras como realista.
Januzaj, en sus primeras carreras como realista. / ARIZMENDI

En su primer día en Zubieta, Januzaj encontró un gran apoyo en los dos realistas que hablan francés

IMANOL TROYANO SAN SEBASTIÁN.

La barrera del idioma para relacionarse por primera vez con sus nuevos compañeros no fue tan acusada ayer para Adnan Januzaj en su estreno en Zubieta. El belga, de origen albano-kosovar, domina unas cuantas lenguas, pero el castellano aún no se encuentra entre ellas. Aprenderá pronto, según confesó. Sin embargo, el atacante encontró dos grandes aliados en el vestuario con los que comunicarse. Zurutuza y Kevin no se separaron ayer del nuevo realista, ya que los dos hablan perfectamente en francés.

Así, el ya 'exred-devil' saltó al campo José Luis Orbegozo en compañía de Kevin, que pese a jugar en la selección sub 21 portuguesa, es natural de Baiona. Después de posar para la fotografía de rigor junto a Eusebio, cuando los blanquiazules comenzaron a realizar unas vueltas de calentamiento, el belga se situó en la parte trasera del grupo franqueado por el lateral zurdo y Zurutuza.

Acto seguido, el preparador físico, Gerardo Izagirre, mandó parar a los jugadores y organizó una serie de ejercicios de pases. De esta manera, Januzaj entró en contacto con el balón por primera vez en Zubieta.

Illarra y Rulli regresan

El belga calzó botas de fútbol moradas, del mismo modelo que suelen llevar los futbolistas ligeros y rápidos, como él. Aunque ayer no alcanzara grandes velocidades -no completó la sesión entera con el grupo- sus piernas, finas y no excesivamente musculadas, denotaban rapidez y agilidad.

Después de participar en diversos rondos, en los que, como buen novato, tuvo que iniciar el juego en el medio con la tarea de robar el esférico, el ayudante de Eusebio, Xabier Ruiz de Ocenda, le separó del grupo junto a Illarramendi. Éste último regresó ayer a los entrenamientos, como Rulli. A partir de ese momento el nuevo fichaje de la Real realizó carrera continua en compañía del mutrikuarra a un ritmo no muy exigente que les permitía conversar. Además, ambos jugadores llevaron a cabo una serie de ejercicios con balón.

Al final de la sesión, tras una hora y media de trabajo sobre el José Luis Orbegozo, el belga se detuvo a autografiar las camisetas, libretas y balones del centenar de niños que presenciaron el entrenamiento. Ningún chaval se quedó sin su firma, ya que dedicó más de un cuarto de hora para hacer felices a todos los jóvenes seguidores.

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