El último romántico

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Se va Xabi Prieto y con él parte de la historia moderna de este club. El capitán representa el último eslabón con el viejo Atocha, ya que fue en ese campo donde aprendió a amar a este club y lo que significa vestirse la camiseta blanquiazul. En la tribuna de Duque de Mandas, a la que le llevaban cada quince días su aita y su osaba, descubrió una pasión que con el tiempo se convertiría en su profesión, porque más que jugador de fútbol, la suya ha sido jugador de la Real Sociedad. No había peor castigo en casa cuando hacía una trastada que amenazarle con no ir a Atocha. Se ponía recto como una vela.

En Anoeta ha vivido más tardes sobre el césped que en la grada, lo que confirma una trayectoria al alcance de muy pocos. Pero el verdadero valor de su carrera no reside en los números sino en el sentimiento que ha demostrado por la Real Sociedad. Le tocó vivir la época más difícil, aquella en la que el club, acuciado por las deudas, estuvo a punto de desaparecer. En un fútbol en el que el amor a los colores hace tiempo que se perdió, él no quiso abandonar el barco cuando se iba a pique y apostó por su equipo de siempre. Su decisión de quedarse en Segunda fue la señal de que aquí había vida y un futuro era posible. En unos años la Real subió a Primera y alcanzó la Champions con un grupo plagado de canteranos que le siguió a pies juntillas. Por eso verle saltar a Old Trafford con el brazalete de capitán ante los miles de realzales allí congregados fue una imagen que pasará a la historia. Por su simbolismo.

La capitanía de Xabi Prieto no se ha basado en el puño de hierro sino en la fuerza del ejemplo y la profesionalidad. Es el primero en llegar a Zubieta y el último en marcharse. Los Mikel González, Carlos Martínez, Markel, Zurutuza, Agirretxe, Illarramendi, Griezmann, Iñigo, Pardo, Zaldua, Aritz, Odriozola, Oyarzabal, Zubeldia y tantos otros han tenido el mejor espejo en el que mirarse para llegar a Primera División.

Seguramente que en otro sitio habría ganado más dinero y optado a títulos, pero qué mayor éxito puede haber en esta vida que contar con el reconocimiento eterno de los tuyos. Se va el último romántico, un futbolista con valores de otra época que vivió por y para la Real Sociedad.

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