Real Sociedad

Mikel y Xabi Olaziregi: «Xabi Prieto era un gran jugador pero mucho mejor persona; por eso ha llegado tan lejos»

Xabi Prieto con Xabi Olaziregi
Xabi Prieto celebra con Xabi Olaziregi el triunfo en Cádiz en 2010 que significó poner un pie en Primera División. / JOSÉ MARI LÓPEZ

MIGUEL GONZÁLEZSAN SEBASTIÁN.

En la vida de Xabi Prieto su debut con la Real Sociedad en 2003 supuso un punto de inflexión, porque dejó de ser aquel chaval humilde, tímido y amigo de sus amigos que disfrutaba dando patadas a un balón en el Santo Tomas Lizeoa para iniciar su camino hacia la leyenda en la que se ha convertido en el club de sus amores. Para hablarnos de ese otro Xabi recurrimos a sus primeros entrenadores en la ikastola cuando era un niño, los hermanos Mikel y Xabi Olaziregi, quienes le dirigieron durante cuatro años hasta que dio el salto a la Real Sociedad. A través de ellos descubrimos cómo sentía y soñaba en aquella época el hoy capitán txuri-urdin.

- ¿Cómo era aquel Xabi Prieto al que nadie conocía?

- Un extraordinario futbolista pero sobre todo, una gran persona. Por eso ha llegado tan lejos. Xabi Prieto nos hizo disfrutar mucho a aquel grupo porque no solo aportaba la calidad futbolística sino que generaba un buen ambiente alrededor suyo que hacía que todo fuese más fácil. El último año antes de irse a la Real conseguimos el ascenso a Liga Vasca cadete, un hito para una ikastola. Recuerdo que en Berio le ganamos a la Real, el único partido que perdieron en todo el año, y en Zubieta nos marchamos 0-2 al descanso y después nos remontaron.

- ¿Se veía entonces que llegaría tan lejos como ha llegado?

- Sinceramente, sí, y están los padres del equipo de testigos. Porque hablábamos con ellos y decíamos que ese chaval iba a llegar a Primera. Lo tenía todo, no solo como futbolista, sino también porque reunía esos valores como persona que le han permitido hacer una carrera así.

- ¿Cuáles destacarían?

- Muchos, la humildad, la generosidad, el compañerismo... A Xabi Prieto le gustaba más dar un pase de gol al compañero que marcarlo él mismo. Especialmente si era un suplente que había salido al campo. Él jugaba siempre, pero había otros que tenían menos minutos y era consciente de que si marcaban eran los chavales más felices. Por eso era tan gran capitán, porque siempre estaba pendiente de que todo el mundo estuviera a gusto. El año pasado, cuando renovó por un año, se llevó a los amigos de la ikastola a cenar. Así es Xabi.

- ¿...?

- También era una persona muy comprometida. Destacando como destacaba siempre se quedó en el equipo para jugar con los amigos a pesar de que le pretendían otros clubes, como la misma Real o el Antiguoko. Y hasta que no se desmanteló el equipo en juveniles se quedó con nosotros. Cuando Iñigo Martínez se marchó al Athletic pensé lo mal que lo habría encajado Xabi sabiendo cómo es él para estas cosas.

- ¿Qué más destacarían de él?

- Que siempre tuvo claro que quería ser futbolista. Recuerdo que en aquella época Cruyff quiso sacar un proyecto para crear una especie de universidad del fútbol y él nos decía que iba a estudiar eso. Pensábamos que estaba de broma pero si le mirabas a la cara veías que iba muy en serio. Le encantaban los futbolistas exquisitos. Entonces era un enamorado de Rivaldo.

- ¿Cómo así?

- Le encantaban los virtuosos del balón. Xabi Prieto se fijaba en lo que hacían, sobre todo los brasileños, y trataba de emularles. Se pasaba mucho tiempo haciendo cosas imposibles con el balón: tacadas, rabonas, regates... Muchas veces le utilizábamos como reclamo para enseñar a otros compañeros gestos técnicos. No es extraño que haya sido tan bueno en ese aspecto, porque ha pasado muchas horas dándole al balón.

- Algo malo tendría también, ¿no?

- Pocas cosas. En el primer viaje que hicimos en el Lizeo en autobús para jugar un partido en Zumarraga iban los chavales alborotados. Y él solía llevar la voz cantante. Así que cuando llegamos al campo le pusimos de suplente y le hicimos calentar desde el primer minuto la banda. A pesar de no jugar, no paraba de animar a los compañeros.

- ¿Ya entonces era un apasionado de la Real?

- Sí, yo creo que por su familia, que era muy txuri-urdin. Nosotros somos socios desde hace treinta años y también nos preocupábamos porque nadie se desviara del camino -risas-. Era un época en la que empezaban a verse camisetas de otros equipos, por aquello del merchandising, pero nosotros les dijimos que solo podían entrenar con la ropa del Lizeo o la camiseta de la Real.

- ¿Qué número solía lucir?

- El '10', como en la Real. Xabi Prieto es un jugador al que le iba como anillo al dedo ese dorsal. En el fútbol de siempre el 10 ha ido asociado a ese futbolista diferente, especial, técnicamente exquisito, y él lo era.

- ¿En qué puesto jugaba?

- En el centro del campo o en la mediapunta, porque era donde mejor se le podía aprovechar. Hacía de todo, driblaba, pasaba, repartía juego, tenía buen disparo... En la Real fue Olabe el que le colocó en la derecha y ahí ha hecho carrera, pero nos hizo ilusión cuando Montanier le colocó de mediapunta porque es la posición en la que siempre creíamos que podía dar lo mejor.

- ¿Qué se siente al haber entrenado a alguien que ha significado tanto para la Real?

- Mucho orgullo, porque Xabi ha sido siempre alguien muy cercano. Conocemos a sus padres, José Mari y Eguzki, a su hermano Iñaki, que casi era mejor jugador que él pero que prefirió ser médico antes que futbolista, y es una satisfacción enorme ver lo que ha conseguido. Cuando el día del ascenso en Cádiz vino a la grada a saludarnos fue algo increíble. ¡Qué gran chaval!

- ¿...?

- Hay una anécdota que le define. Cuando cumplió 500 partidos en la Real -cuenta Mikel- le mandé un whatsapp de felicitación y su contestación me dejó de piedra cuando decía que sin aquellas tarde en Berio con nosotros no habría podido llegar hasta donde ha llegado.

- Su hueco será difícil de llenar...

- Su decisión de quedarse en una época tan difícil para la Real fue clave para remontar el vuelo.

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