Real Sociedad

Brasil, campeona del mundo en 1982

Goleador. Willian José celebra su gol, que abrió el marcaodor, y luego asistiría de tacón a Juanmi en el segundo tanto realista./LOBO ALTUNA
Goleador. Willian José celebra su gol, que abrió el marcaodor, y luego asistiría de tacón a Juanmi en el segundo tanto realista. / LOBO ALTUNA

El delantero da un paso adelante en su estatura como futbolista y reclama el papel de líder del equipo

IÑAKI IZQUIERDO

5 de julio de 1982. Barcelona. Estadio de Sarriá. Una obra de arte sale a jugar a fútbol. Es la selección de Brasil, una belleza. Desfilan Leandro, Junior, Sócrates, Falcao, Toninho Cerezo, Zico... Poesía en movimiento. Por tener, ese equipo hasta tenía portero, Waldir Peres, toda una rareza tratándose de Brasil, siempre preocupado por lo que ocurre en la portería contraria, no tanto en la propia.

Detrás del equipo, bajo un calor mucho mayor que el de ayer en Anoeta, un hombre camina cabizbajo. Sabe que esa maravilla tiene un fallo. Y que enfrente está Italia, especialista en esa faceta del juego: el error del contrario. Como el Atlético de Simeone, 35 años antes. Ese hombre pensativo es Telé Santana, el seleccionador brasileiro. No tiene delantero. Ha puesto a Serginho, un tanque del Sao Paulo, pero no sabe jugar.

Italia sí y gana 3-2, los tres de Paolo Rossi. ¿Cuánto habría dado aquella tarde Telé Santana por tener a Willian José? Todo, porque con el delantero de la Real Sociedad el Brasil de 1982 habría sido campeona del mundo y miraría de frente a la de 1970, la de Pelé, Gerson, Tostao, Jairzinho y Rivelino. Sócrates, Zico, Falcao, Toninho Cerezo... y Willian José.

El delantero realista hizo ayer un partido imposible de describir. Gigantesco. No solo fue imparable y decisivo, su influencia en el juego fue tan asombrosa que cuesta describir el peso que tuvo en el resultado. Tras la marcha de Vela, se exigía al brasileño un paso adelante. Que no se limitase a ser un atacante excepcional -lo ha sido desde el primer día- y asumiese el liderato del equipo. Su personalidad en apariencia retraída no ayudaba. Parecía más cómodo en su papel de justiciero silencioso. Willian José dejó boquiabierto a los aficionados de la Real Sociedad. Pidió que el club construya el equipo de los próximos años sobre sus hombros (y los de Illarramendi).

Frente a otros futbolistas que llegan fácil a la grada, Willian José es alérgico a la demagogia. Lo suyo es la contundencia. Parecía que el césped de Anoeta se hundía por donde él pisaba, tal era su peso en el partido. Volvió a marcar el primer gol del partido, el que anotan los buenos. Fue la décima vez. Lleva 14 en Liga.

Luego dio el segundo a Juanmi. Las televisiones repetirán el taconazo. Lo importante es cómo destrozó toda la defensa del Atlético de Madrid con su poder intimidatorio. Una zaga, la colchonera, que no es de las que suele pasar miedo, precisamente.

Imanol le quitó del campo para que recibiera una ovación. Había completado una obra maestra. Quizá ayer fue el día en que cambió Willian José. El día en que se convirtió en líder, en esa clase de futbolista que habría marcado en aquella tarde de 1982 en Sarriá.

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