Real Sociedad

Solo un realista pudo con el martillo de Thor

Goleador. Mikel Oyarzabal persigue un balón durante el encuentro de ayer en el Lerkendal Stadium de Trondheim./JOSE MARI LÓPEZ
Goleador. Mikel Oyarzabal persigue un balón durante el encuentro de ayer en el Lerkendal Stadium de Trondheim. / JOSE MARI LÓPEZ

Oyarzabal pone el único rayo de luz en la tierra de Odin con un gol que vale un pase a dieciseisavos

RAÚL MELEROSan Sebastián

Hubo que esperar hasta el minuto 89. La puntera, esa bota izquierda de Mikel Oyarzabal dejó en nada el cerrojo noruego y puso algo de luz a una tarde-noche no tan fría como se esperaba, pero gélida en cuanto a sensaciones.

El Rosenborg fue un frontón. Nueve hombres a poco menos de 35 metros de su portería. Los escandinavos se encomendaron a Odin, Thor, Asgard y toda la pléyade de deidades vikingas para no llevarse un carro de goles. Porque en cuanto a fútbol, poquito.

Ahí apareció un guerrero blanquiazul. No le hizo falta empuñar ningún arma, ni llevar la cara pintada para atemorizar a los noruegos. Lo intentó de todas las maneras y quizá el premio gordo, el gol, llegó de la forma menos esperada. El eibartarra ya le avisó a Hansen poco antes de que el cuero besara la red del actual campeón de la liga noruega. Cogió un balón sobre la línea del área grande y le quiso dar una rosca que salvara al defensa y cogiera una curva para que el cancerbero local no pudiera llegar. Pero se le fue alto. Se lamentó, miró al cielo con gesto de rabia, se estiró la zamarra implorando algo de fortuna al asedio blanquiazul contra el fuerte vikingo (quince tiros a puerta y 67% de posesión).

Poco después llegó la redención. Provocada en primera instancia por un eléctrico Jon Bautista, antes Vela también tuvo un par de opciones para marcar, y que después fue rubricada por la puntera de Oyarzabal que con un sutil toque dejó en nada el plan defensivo del Rosenborg. Todo el equipo se abrazó al canterano que se fue a celebrar el gol al córner donde aguardaban enfervorizados los cuatrocientos seguidores blanquiazules que desafiaron al frío.

Oyarzabal fue uno de los más activos durante la primera parte. Pisó el área, buscó la meta rival, bien con un disparo, bien con un pase para habilitar a un compañero. No pudo ser. Sus dos colegas en el ataque -Willian Jose y Juanmi- se fueron al banquillo y ocuparon su lugar Bautista y Vela. Y apareció la luz. Justo en el momento adecuado ya que Trondheim es una localidad boreal, que en esta época del año ve cómo sus días se acortan. También la marcha de su Rosenborg, otrora verdugo del Real Madrid y de grandes equipos europeos, que en la actualidad demuestra que solo con un fútbol rocoso no se llega muy lejos.

Mikel Oyarzabal, máximo artillero realista en lo que se lleva de curso con ocho dianas, desenterró el martillo de Thor. Lo cogió y, con sutileza, desbarató el plan vikingo que solo fue acumular hombres en torno a su portería.

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