'Sisplau', el aficionado ghanés artífice del ascenso a Primera

El Girona tiene su particular 'Manolo el del bombo' en la grada de Montilivi

A.V. SAN SEBASTIÁN.

Effah Kingsford viene a ser 'Manolo el del bombo', en versión Girona. Es un aficionado de origen ghanés que es el mejor animador del equipo en las últimas temporadas. Es fácil identificarle porque está en continuo movimiento en el transcurso de los partidos. Es un hombre menudo que lleva la bandera del Girona atada al cuello y las mejillas pintadas de rojo y blanco.

Pero nadie le conoce por su nombre sino por su apodo. Es el 'Sisplau' (contracción de 'Si us plau', que significa 'Por favor' en catalán). Es lo que repetía este ghanés nacido en 1982 cuando llegó a Girona hace más de diez años tras una larga travesía por el desierto. De Ghana pasó a Mauritania, de allí a Fuerteventura en una patera y de allí a la península.

Cuentan que una vez, un malherido Girona, más cerca de los puestos de descenso a Segunda B que del ascenso a Primera, jugaba en casa contra el Numancia. El inefable Effah Kingsford se giró hacia la grada y vio la decepción y la falta de ánimo en las caras de la hinchada. Empezó a pedir el apoyo de la afición con una de las pocas expresiones que conocía bien en catalán: «Les pedía que animasen por favor. Que 'si us plau' animasen». Aquella petición consiguió calentar los ánimos de Montilivi y Effah se convirtió en un héroe para la grada.

El día del ascenso a Primera las cámaras de televisión recogieron a un subsahariano con un bombo, llorando en la grada. «El Girona ha subido en parte gracias a mí. Yo soy responsable del ascenso en un 30%», afirmaba.

Otra de las curiosidades de este Girona es el futbolín que la plantilla tiene en el vestuario y que salió a la luz el día en el que ganaron al Real Madrid. El grupo se fotografió con el futbolín en primer plano. Fue el técnico Raúl Agne el que decidió ponerlo en 2008 cuando el club pasaba por momentos económicos difíciles. Tanto que corría el riesgo de desaparecer. Dentro del vestuario no se hablaba de otra cosa que de las nóminas que faltaban por cobrar. El entrenador tuvo la idea de poner un futbolín para que la plantilla tuviera una distracción después del trabajo. El equipo logró subir y el futbolín se quedó.

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