Real Sociedad

La soledad de los guardametas de la Real Sociedad

Rulli y Toño, los protagonistas de la portería de la Real Sociedad. /UNANUE Y ALTERPHOTOS
Rulli y Toño, los protagonistas de la portería de la Real Sociedad. / UNANUE Y ALTERPHOTOS

Rulli y Toño están sufriendo esta temporada defendiendo el puesto más delicado del fútbol: la portería

Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

No era casualidad que en la infancia, la época por antonomasia para experimentar, nadie quisiera ser portero. Nadie quisiera asumir la responsabilidad para destruir en vez de crear. Para recibir balonazos a cambio de una gloria efímera. No. No era casualidad. Para ser guardameta hace falta estar hecho de una pasta especial. Hay que ser valiente, claro, pero también te tiene que gustar una cosa. Te tiene que gustar la soledad.

La soledad para aguantar tantos minutos lejos del balón. Para estar preparado cuando el rival llega en manada. Para despejar los centros envenenados y atajar los misiles desde fuera del área. Para tener las luces largas y anticiparte a los pases en profundidad. Para ser contundente en el área pequeña. Y para asimilar que, aunque hagas bien tu trabajo, siempre habrá genios que sean más listos que tú. Más rápidos. Más fuertes.

La portería de la Real Sociedad tiene una importancia capital desde la llegada de Eusebio. Suya es la tarea de empezar el juego, casi siempre jugando con el pie y buscando al compañero libre. Es quien decide dónde empieza el camino, qué ruta hay que seguir, por dónde encontrar un atajo y cuál será la variante en caso de dificultades. Es quien radiografía la presión del rival y elige al hombre libre más adecuado, quien da continuidad al movimiento del balón y quien corrige los espacios tras su defensa, en ocasiones un océano de cincuenta metros de largo. Y si no, siempre quedará Xabi Prieto para saltar y peinarla...

Gerónimo Rulli y Toño Ramírez están sufriendo esta temporada defendiendo el puesto más delicado del fútbol. Los dos tienen pocos motivos para sonreír. El argentino está en curva descendente y parece no encontrar la salida del túnel. Su figura está en entredicho porque no transmite seguridad. Nunca había encajado tantos goles, ni había dejado la puerta a cero en tan pocas ocasiones. El runrún de la grada es cada vez más sonoro. Y las paradas ya no son las de antes.

Toño, por su parte, ha jugado varios de los más partidos más desagradables de la campaña. Estuvo la noche del fracaso copero ante el Lleida. Estuvo en el repaso del Villarreal en El Madrigal. Y estuvo este pasado fin de semana en Mestalla. Salió en las fotos de los dos goles. Los dos eran evitables. Especialmente el segundo. Y, claro, el riojano duda. Y si duda un portero, el equipo también.

No queda otra que perseverar. Ya lo decía Goethe: «El talento se cultiva en la soledad». Y Henrik Johan Ibsen fue más allá: «El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo». La soledad. La soledad de los guardametas.

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