Real Sociedad

La portería de la Real Sociedad concluye su penitencia

Miguel Ángel Moyá se dispone a detener el balón, una acción que repitió varias veces ayer./ACERO
Miguel Ángel Moyá se dispone a detener el balón, una acción que repitió varias veces ayer. / ACERO

Moyá transmite seguridad, confianza, acierto y carácter en su debut como txuri-urdin

OSKAR ORTIZ DE GUINEA

Pocos lugares puede haber más apropiados para llegar y besar el santo que Sevilla. Una ciudad devota como pocas, con su catedral gótica, su Giralda y sus procesiones que ya ultiman cofradías y hermandades con la Semana Santa en el horizonte. Ahí se presentaba la Real, hecha un nazareno tras su decadente trayectoria y sus circunstancias en la portería. La última cruz txuri-urdin. Pero Miguel Ángel Moyá demostró en su debut que no está dispuesto a acabar también crucificado.

Casi como su llegada al partido, de incógnito y sin más entrenamientos que los realizados a las órdenes de Diego Simeone, Moyá lució un negro riguroso con el dorsal 25 a la espalda. Casi se viste antes de corto que la ropa de entrenamiento. Moyá pronto comprobó lo que supone jugar en la Real. Su vida txuri-urdin no va a ser tan contemplativa como su etapa colchonera. Y no nos referimos a que últimamente calentara banquillo. A los 20 segundos ya le llegó el balón que sus compañeros habían puesto en juego desde el centro del campo. Acto seguido exhibió su buen toque con el pie al sacar en largo hacia De la Bella.

En datos

Paradas:
4
Despejes:
1
Pases realizados:
36
Pases precisos:
23
Salidas del área:
1
Minutos jugados:
90

La Real jugó una primera mitad bastante seria, tratando de dominar el balón, algo que este año no es garantía de tranquilidad en la zaga. Así llegó el primer susto a los ocho minutos, bien resuelto por el balear al despejar con el pie fuera del área, mientras Héctor Moreno reclamaba un fuera de juego que no era y Llorente no tenía opción. La presión del Betis bajó, y Moyá apenas intervino en alguna cesión. En una comprometida dejada de cabeza de Llorente, el cancerbero de la Real debió tirarse al suelo.

Di Stéfano ayer no tendría que decirle a Moyá la célebre sugerencia a su arquero: «No le pido que pare las que van dentro, pero no se meta las que van fuera». Porque el balear detuvo las dos únicas ocasiones béticas en la primera mitad. Primero (min. 22) tras un disparo centrado de Fabián desde el borde del área que atajó con ambas manos en dos tiempos y luego (min. 37), sobre todo, sacó una gran mano para despejar un balón que cinco segundos antes lo tenía su colega Adán. El madrileño sacó en largo, y el balón peinado le llegó a Tello tras ganarle la acción a Héctor, pero Moyá extendió su brazo derecho.

Pese a su inactividad y su nula compenetración con sus compañeros por la evidente falta de tiempo, Moyá transmitió seguridad y aplomo, además de precisión para poner en juego el balón. También exhibió carácter y personalidad para salir del área a hablar con De la Bella -al que buscó en la mayoría de sus saques- mientras Llorente era atendido por la dura falta de Sergio León (m. 35).

Aprieta el Betis

En la segunda mitad, Moyá siguió demostrando su calidad. Sobre todo ante un incisivo Tello desde fuera del área. Se estiró bien para alcanzar con la zurda el disparo del catalán que rondaría el palo (m. 48) y a continuación tapó bien la internada de Junior Firpo (m. 49).

El Betis achuchó, pero Moyá siguió sobrio. Que no es poco por estos lares. Estuvo atento al disparo (m.53) y al centro envenenado (m. 59) de Tello. Detuvo fácil el flojo remate de Rubén Castro (m. 69) y cubrió el remate de Junior (m. 72) que no encontró puerta.

A partir de ahí, con los minutos más incisivos de la Real, Moyá se limitó a seguir la procesión pero aún debió intervenir en un último paso. A los pies del ídolo local, Joaquín, que si llega a haber culminado la jugada que inició él mismo casi en el área bética, lo sacan a hombros como a la virgen del Rocío. Pero el nuevo realista se puso el capirote negro y tapó su puerta. Lo mínimo que se le puede exigir a un portero en Primera. Los males en la portería parecen haber encontrado la penitencia.

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