Real Sociedad

La Real se desmorona

Prieto disputa un balón con Sergio Ramos./REUTERS
Prieto disputa un balón con Sergio Ramos. / REUTERS

Se instala en la parte baja de la clasificación con cifras de descenso en las últimas 20 jornadas

JAVIER ONDARRETASan Sebastián

La Real se desmorona a cada jornada que transcurre. La vergonzosa derrota del Bernabéu es la confirmación de una trayectoria declinante en la que el equipo blanquiazul ha ganado sólo 17 de los últimos 60 puntos en juego. En el cómputo de las últimas veinte jornadas ocuparía el cuarto puesto por la cola en la clasificación. El balance en la competición de la regularidad es desolador para un equipo con las aspiraciones de la Real, y lo que es peor, dibuja una tendencia negativa persistente con la excepción de la reciente victoria en Anoeta ante un débil Deportivo. Además, la Real cayó eliminada de la Copa ante el Lleida, y en contraposición, afrontará ahora los dieciseisavos de la Europa League ante el Salzburgo.

La crisis de juego y resultados que atenaza a los realistas es innegable. Afecta a la confianza de los jugadores, a la propuesta de juego y al desenlace de los partidos. No es un problema coyuntural, sino estructural, ya que el equipo está describiendo esta temporada una trayectoria errática.

La falta de solidez defensiva condena al equipo y desperdiciar ocasiones de gol lo está matando. La Real tiene un grave problema de desequilibrio en ambas áreas, sobre todo a la hora de encajar una media de dos goles por partido de forma recurrente.

Ante una evolución tan preocupante, negar la evidencia es el peor de los remedios. Entrenador y jugadores deben ser plenamente conscientes de que es preciso que cambien algunas cosas de forma urgente e irrenunciable. Lo contrario, supondría arriesgar la posibilidad de que la temporada acabara desembocando en un fracaso sin paliativos.

La Real es desde hace demasiado tiempo ya un equipo sin ninguna solidez defensiva y sin apenas consistencia en el centro del campo. Acomodado y previsible. Ha dejado de ser un bloque capaz de imponerse a cualquier rival. Gana casi siempre en porcentaje de posesión de balón, pero esta engañosa estadística no garantiza sacar adelante los partidos. Y en fútbol, resulta indispensable ganar. No sirve sacralizar un estilo de juego, si éste no conduce a conseguir victorias. En consecuencia, la persistencia en el empeño de atrincherarse en un estilo o filosofía de juego, basado en la posesión de balón, no deja de ser algo perverso, cuando no garantiza a la Real ser un equipo defensivamente sólido, equilibrado y competitivo.

Lento y previsible

El equipo realista se ha acostumbrado a manejar el balón con un juego de toque parsimonioso, horizontal y carente de la movilidad y velocidad necesarias. Es muy previsible, no sorprende, abusa del juego al pie y se olvida de hacerlo al espacio.

Presenta un evidente desequilibrio posicional sobre el terreno de juego y tampoco los jugadores se aplican con la intensidad y agresividad en las marcas que se requiere en el plano defensivo para incomodar el juego de los rivales. La Real no es capaz de replegarse con rapidez para defender, tampoco defiende con las líneas juntas y no llega con velocidad al área rival tras robo y en situación de contragolpe.

Ganó 9 puntos en las tres primeras jornadas y solo 17 más de los últimos 60 disputados

Es un equipo lento, sin solidez defensiva y demasiado fácil de contrarrestar para los rivales

En definitiva, sufre enormemente cuando no tiene el balón, pero tampoco es un equipo intenso y disciplinado para recuperarlo cuando lo pierde en posiciones adelantadas. Lo peor, es que los rivales ya tienen su medicina: replegarse, cerrarse por dentro, dejar más libres las bandas y esperar cómodamente a una sucesión ininterrumpida de centros sin peligro que la Real desaprovecha porque sus jugadores habitualmente están en inferioridad dentro del área rival.

Eso en Anoeta. Fuera de casa, con ejercer presión en la fase de inicio de juego blanquiazul, es suficiente para desarbolar al equipo de Eusebio. La conclusión final es que la Real tiene un severo problema en las dos áreas. En la propia, porque le hacen demasiados goles en contra. En la opuesta, cuando desaprovecha ocasiones y no es capaz de materializarlos a su favor.

Innegable retroceso

La Real ha visto cortada de cuajo su progresión esta temporada y se encuentra en franco retroceso. Lo más preocupante es que ni técnico ni jugadores parecen ser conscientes de ello a tenor de sus autocomplacientes declaraciones públicas. El centro del campo es incapaz de sujetar al equipo.

Illarramendi no puede llegar a todos los sitios. Zurutuza atraviesa una alarmante crisis de juego. Xabi Prieto no es un centrocampista para dar consistencia a una línea formada por un pivote y dos volantes. Canales no es centrocampista. Y además, Eusebio no parece estar dispuesto a apostar por Zubeldia con pleno convencimiento. Lo mismo sucede con Jon Guridi y ha descontado completamente a Rubén Pardo. Su apelación recurrente a contar con los jugadores del filial se cae por su propio peso.

Sin capacidad de reacción

Eusebio parece estar atrapado en un laberinto. Sin capacidad de respuesta efectiva a los males que acredita el equipo. Sin acierto para modificar el rumbo de los partidos cuando se ponen cuesta arriba, porque sus cambios son también muy previsibles. En muchos casos, demasiado tardíos y acostumbran a ser casi casi siempre de jugador por jugador, sin modificar nunca el dibujo táctico.

Está agotando su crédito a marchas forzadas. Las buenas intenciones y los propósitos de enmienda se quedan en papel mojado cuando los hechos comprobables en forma de resultados no respaldan la bondad de las palabras. Y menos cuando el equipo hace el ridículo fuera de Anoeta como ante el Villarreal y Real Madrid.

La Real debe reaccionar sin demora. El calendario inmediato no invita al optimismo a tenor de la trayectoria reciente. La importancia de la Europa League queda desdibujada ante la necesidad imperiosa de considerar el partido del domingo ante el Levante como el más importante. Seguir manteniendo una línea tan pobre y errática de resultados conduciría a corto plazo al equipo blanquiazul a sumergirse en una indeseable crisis deportiva de incierta resolución. Los partidos no se ganan superando a los rivales en porcentaje de posesión de balón. A veces éste es el camino más corto para acabar perdiéndolos. Y eso es lo que también le está pasando con demasiada frecuencia a la Real.

Lo que los blanquiazules necesitan de forma urgente y prioritaria es convertirse en un equipo defensivamente sólido y consistente, porque los partidos empiezan a ganarse cuando la portería propia no recibe goles en contra.

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