Real Sociedad

Real Sociedad: radiografía de una crisis de juego

Eusebio, que ayer se reunió una hora con la plantilla antes del entrenamiento, aparece pensativo en Zubieta. Motivos tiene para estar preocupado./ARIZMENDI
Eusebio, que ayer se reunió una hora con la plantilla antes del entrenamiento, aparece pensativo en Zubieta. Motivos tiene para estar preocupado. / ARIZMENDI

La Real Sociedad no rinde tanto con balón como el curso pasado y la consecuencia es una debilidad defensiva que le está pasando factura

MIGUEL GONZÁLEZSAN SEBASTIÁN.

La eliminación copera a manos del Lleida ha dejado en evidencia las carencias de juego de la Real en la presente temporada. Una debilidad que ya se intuyó en partidos como los del Valencia y Betis en Anoeta a finales de septiembre y que se ha confirmado estos días contra el Las Palmas y el cuadro ilerdense. Porque es en casa donde más se le ven las costuras a este juego posicional que tan buenos resultados le dio a Eusebio en el curso pasado y que en este le trae de cabeza. Las preguntas brotan por sí solas: ¿por qué ahora no funciona lo que ante sí lo hacía? ¿qué ha cambiado? Vamos a tratar de arrojar algo de luz a la cuestión.

1. Una idea de juego compleja

El técnico acertó en su diagnóstico hace dos años cuando llegó a la Real y diseñó una idea que se adecuara a las características de sus futbolistas. Estos no eran los más fuertes ni los más rápidos del campeonato, más bien todo lo contrario, así que los organizó en torno al balón.

En los primeros meses resolvió los asuntos más urgentes con variantes tácticas que quizás no formaban parte de su libreto natural, como colocar a Reyes de pivote, pero que le permitieron ganar tiempo hasta que en la temporada pasada pudo trabajar con calma una intención de juego que asimiló la plantilla bastante rápido. Disputar un partido cada siete días y apostar por un once definido hizo que los suyos jugaran de memoria durante gran parte del campeonato. Pero ahora han cambiado muchas cosas.

Por un lado, los rivales conocen mejor la forma de comportarse de la Real y han aprendido a neutralizar sus argumentos ofensivos. Por otro, jugar cada tres días como lo ha hecho en los tres últimos meses, representa un hándicap importante en dos sentidos: obliga a rotar a los jugadores, con lo que no se domina tanto el sistema como cuando juega un once fijo, y no se dispone de tantos entrenamientos para cuidar los detalles de un desarrollo táctico del sistema tan complejo.

La mayoría de las sesiones son antes y después de los partidos, con lo que el margen para la corrección es mínimo. Y este aspecto es importante cuando se trata de mantener engrasada una idea en la que todas las piezas deben funcionar como un reloj para que sea eficaz. Complejidad implica riesgo, algo que está pagando caro ahora la Real, aunque tambien es verdad que los frutos son mayores cuando se controla esa intención. La cuestión es cuándo lo hará esta temporada, porque ya han pasado tres meses y va a peor.

2. Con un centrocampista menos

El sistema realista comprende tres futbolistas en la parcela central, dos extremos y un delantero centro. Y uno de los tres centrocampistas es Xabi Prieto, mediapunta. No hay un equipo que juegue tan expuesto en la Liga, porque si bien hay varios que se manejan con el mismo esquema, las características de algunos de sus futbolistas son diferentes, más acostumbradas a rendir en la faceta defensiva. Al menos, algunos de ellos. Celta, Real Madrid, Betis y Las Palmas son los rivales a los que se ha medido hasta ahora que emplearon el mismo dibujo. Y el Madrid jugó con un pivote como Casemiro, para cubrir las espaldas de sus compañeros, y a los otros tres les está costando carburar porque les falta equilibrio, aunque los celtiñas van hacia arriba. A diferencia de la Real, estos equipos disponen de jugadores rápidos arriba como Sisto, Aspas, Bale, Asensio, Mayoral, Tello, Joaquín o Remy -de los que se enfrentaron a los realistas-, y dominan el juego al espacio tanto o más que el de posición, al contrario que les sucede a los de Eusebio.

La campaña pasada también jugaba con tres centrocampistas, pero Oyarzabal ejercía como un cuarto oculto en la banda izquierda por el enorme trabajo defensivo que hacía. De ahí que no estuviera tan acertado de cara a puerta, porque para resolver arriba se necesita una frescura de ideas y de piernas que no tenía con las palizas que se pegaba. Ahora el eibarrés está desempeñando el rol de segundo punta que antaño le correspondía a Vela, más destinado a potenciar su faceta como goleador y asistente -lleva ocho tantos y cuatro servicios- que a fundirse en la banda. Y ninguno de los que han jugado en la esquina contraria -Januzaj, Juanmi, Canales o Vela- ha dado el rendimiento defensivo que ofreció entonces Oyarzabal. Por ahí empieza a descompensarse el equipo, porque para jugar con un centrocampista menos el trabajo sin balón de los tres de arriba debe ser muy exigente -en la presión o en el repliegue- y no lo está siendo.

3. Problemas para robar

Una de las consecuencias del punto anterior es que la Real tiene dificultades en la recuperación. Algo que contra el Lleida se acentúo al no disponer de un jugador como Willian José que la sujeta en campo contrario y permite juntar las líneas. Vela, Bautista y Juanmi no lo consiguieron, por lo que en la segunda parte el equipo se hizo largo y fruto de esa inferioridad en la zona ancha quedó a merced del contrario. La jugada del 2-1 es sintomática, porque el Lleida encadena quince pases de forma consecutiva hasta que encuentra el pase ganador a Aitor Núñez. Y en el 2-3 son diez los que da antes del centro de Molina a Bojan Radulovic. La primera jugada nació de una pérdida de Vela en el centro del campo y la segunda, de un error de Oyarzabal al tirar una pared en la frontal del área catalana.

Con un centrocampista menos que el rival y sin la ayuda de los puntas, robar se hace difícil

A la espalda de los volantes se generan unos espacios que le hacen sufrir por dentro

Curiosamente los de Gerard Albadalejo no lanzaron rápidos contragolpes tras recuperación, sino que apostaron por trabajar sendos ataques posicionales conscientes de las dificultades realistas para robar. Un Segunda B dio a probar a la Real de su propia medicina.

Además de esa inferioridad numérica en la parcela central, también se ha visto en varios partidos de casa una desorganización a la hora de ir a presionar, sin respetar los distintos escalones. Hacerlo así te deja expuesta la espalda, porque no se trata de ir a buscar al rival arriba porque sí, sino hacerlo de forma organizada. El miércoles, este problema en la recuperación se agravó porque ninguno de los que jugaron en las dos líneas más adelantadas están habituados a robar y tienen un perfil más ofensivo que defensivo.

4. Solo un pivote y debilidad en las esquinas

No es una cuestión de nombres, porque los mismos problemas que sufrieron Odriozola y Kevin el domingo ante el Las Palmas los padecieron Carlos Martínez y De la Bella en la Copa. La Real sufre mucho en los laterales porque los sitúa en campo contrario en el inicio de la jugada y sus espaldas quedan descubiertas. Solo dos grandes especialistas en las vigilancias como Illarramendi y Zurutuza pueden compensar esa apuesta, o un superdotado físicamente como Yuri el año pasado, capaz de ir y volver a máxima intensidad. Pero este año el de Zarautz ya no está, y los dos mediocentros titulares llevan una tralla importante encima que no les permite estar tan frescos como el curso pasado. No solo físicamente, sino mentalmente.

Fuera la Real sufre menos porque tiene más sujetos a los laterales, pero en casa es un coladero. El Las Palmas hace el 0-1 tras reventar Remy la espalda de Odriozola y en el 2-2 Tana se la gana a Kevin. Pero es que en el Lleida lo hace Aitor Núñez con De la Bella en el 2-1 y Musa con Carlos Martínez en el penalti del 2-2.

La fragilidad en las bandas viene dada, además de por la falta de ayudas de los extremos -Juanmi y Vela corren detrás de sus pares en las dos jugadas-, por la vulnerabilidad de la Real al jugar con un solo pivote. Si acampa en campo contrario, con la defensa en el centro del campo y buenas vigilancias, no se notan las distancias entre líneas y en las líneas, pero conforme empieza a retroceder metros se va a haciendo más frágil. Y al jugar con un solo pivote, las espaldas de los volantes se convierten en una autopista por la que el jugón de turno se pone las botas, llámese Viera o Jorge Félix.

Esta descompensación genera dudas a los laterales de si ayudar por dentro, como hace De la Bella en el 2-1, con el resultado de dejar expuesta su espalda. Una jugada calcada a la del gol de Vidal (Valencia) en Anoeta cuando Kevin siguió a Guedes por dentro y acabó definiendo el lateral por fuera. Incluso el domingo Míchel se plantó solo ante Rulli en la primera parte. Montanier tuvo el mismo problema y lo solucionó invirtiendo el triángulo del centro del campo, pasando a jugar con dos mediocentros a la misma altura y un mediapunta.

5. ¿Qué soluciones hay?

Ahora mismo Eusebio, que ayer se reunió con la plantilla, debe estar dándole vueltas a la cabeza para encontrar la receta que le permita revertir esta situación. Su idea de juego es la más conveniente para estos jugadores, pero necesita matizarla con distintas variantes que le permitan recuperar el equilibrio. Y lo importante es la táctica -la intención- y no tanto el dibujo, algo que está en constante evolución durante un partido.

Una solución es sujetar más atrás a los laterales de inicio, sin exponerlos tanto, y que se incorporen hacia arriba conforme lo haga el balón. Y no siempre necesariamente los dos a la vez, sino que en ocasiones el más alejado a la zona de juego pueda hacer labores de vigilancia sobre uno de los descolgados del rival.

La segunda opción pasa por formar con un cuarto centrocampista o situar en uno de los extremos a un hombre con más recorrido por banda y de más trabajo sin balón. Como la presencia de Willian José arriba parece innegociable, la única alternativa pasaría por devolver a Oyarzabal a la izquierda para situar a Januzaj de segunda punta, aunque el eibarrés es ahora el referente en zona de finalización. También podría jugar con tres centrocampistas más poderosos, incluyendo a Zubeldia junto a Illarramendi y adelantando a Zurutuza -una posibilidad que aún no ha explorado, pero en este caso se quedaría fuera Prieto, quien también podría encontrar acomodo en un esquina. Opciones hay, pero se trata de dar con aquellas que permitan fortalecer el aspecto defensivo sin debilitar el ataque. El fútbol es una cuestión de equilibrio y la Real de ahora está más desequilibrada y desajustada que nunca en la etapa de Eusebio.

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