Real Sociedad

¿Por qué le hacen tantos goles a la Real Sociedad?

Aritz pugna por un balón con Januzaj ante la mirada de Pardo. / ARIZMENDI
Aritz pugna por un balón con Januzaj ante la mirada de Pardo. / ARIZMENDI

La Real Sociedad es el cuarto equipo que más tantos ha encajado, trece en seis partidos, por detrás de Eibar, Málaga y Deportivo. Problemas físicos en los centrales titulares, dos laterales casi noveles y la falta de coordinación al interactuar hombres que no han jugado juntos, algunas de las causas

MIGUEL GONZÁLEZ SAN SEBASTIÁN.

La Real es el cuarto equipo más goleado del inicio de Liga, con trece tantos recibidos en seis partidos. Solo le superan el Eibar (14), Málaga (14) y Deportivo (15). Hasta el momento únicamente ha dejado su portería imbatida en la segunda jornada, en la que ganó por 3-0 al Villarreal, a la que habría que añadir el triunfo europeo ante el Rosenborg en Anoeta. Sin embargo, los nueve goles encajados en la última semana, a tres por encuentro, han encendido las alarmas y la pregunta, con el inminente viaje a Rusia para medirse al Zenit en la Europa League, está en la calle: ¿Por qué encaja tantos goles?

Una propuesta arriesgada

Hay que partir de la base de que el estilo de juego de Eusebio implica un riesgo más elevado que otros que pudieran ser más conservadores, porque en ataque despliega mucho a sus efectivos -principalmente a sus laterales- dejando huecos a sus espaldas que, si no son bien compensados, pueden acarrear peligrosos contragolpes rivales. Eso sí, una vez dominada la idea a desarrollar sobre el terreno, los aspectos positivos superan a los negativos, como se pudo observar la pasada campaña, en la que la Real no solo jugó un fútbol de alta escuela sino que se clasificó directamente para Europa.

Pero conviene no olvidar que la pasada campaña el cuadro txuri-urdin fue el décimo que más goles encajó, a pesar de acabar sexto en la clasificación. Recibió 53 tantos en 38 partidos (1,39 de media), más que conjuntos que quedaron por detrás como Athletic y Alavés (43), Espanyol (50) y Eibar (51). El Leganés, que fue decimoséptimo, solo recibió dos más. Por contra, en ataque solo hubo cuatro equipos que superaron las 59 dianas blanquiazules, los que están en Champions: Madrid, Barcelona, Atlético y Sevilla.

Una zaga bien distinta

La defensa de la Real que maravilló la pasada campaña durante tres meses entre las jornadas 5 y 16 estaba compuesta por Carlos Martínez, Navas, Iñigo y Yuri. Ahora, el primero de ellos se recupera de una grave lesión de rodilla; los dos centrales salen de sendos contratiempos físicos que les han hecho estar inéditos en este arranque de curso; y el cuarto juega en el PSG. Este cuarteto que se hizo indiscutible hasta diciembre pasado promediaba en lo físico 1,84m y 80 kilos. La defensa que jugó ante el Valencia tenía 1,76m y 71 kilos. Un perfil bien diferente.

Cuando cayó Carlos Martínez, Eusebio encontró en Odriozola a una pieza fundamental para sacar aún más chispa a su estilo de juego, ya que aportó profundidad y verticalidad en una banda en la que Vela siempre se movía por dentro. Y con el resto del equipo armado, se trataba de acoplar un jugador a un conjunto. No costó mucho, aunque los rivales siempre quisieron buscarle las cosquilas al joven donostiarra en la segunda vuelta. Ahora es diferente, porque un equipo se sustenta sobre la defensa y si sus cuatro integrantes, por diversos motivos, son nuevos y nunca han jugado juntos, la cosa se complica bastante.

Movimientos descoordinados

El problema no es tanto del rendimiento invididual que ofrece cada uno de estos defensas, sino de su entendimiento colectivo. Esa es la clave para que todo funcione de una manera coordinada. Pero eso requiere tiempo y es algo que en el fútbol no sobra.

La jugada del 0-1 del Valencia es significativa. Un saque de banda en contra en campo rival acaba en gol por una mala disposición colectiva. Para empezar, sorprende que Juanmi, el extremo más cercano a la jugada, y Willian José estén emparejados con los dos centrales, Gabriel y Garay. Con el brasileño situado entre ambos, ya se hubiera evitado que jugasen con ellos y se hubiese ganado un hombre más para defender en banda a los receptores más cercanos sin obligar a la defensa a bascular tanto, ya que Zaza y Rodrigo sacaron de sitio a Odriozola y Aritz. Por dentro, Prieto fija a Kondogbia y Zurutuza a Guedes. El asunto es que el saque largo termina en la cabeza de Zaza para que prolongue. Ante semejante basculación, Zubeldia tiene que ir a la caída a una zona que no es la suya, vencido completamente a la derecha a pesar de jugar de central izquierdo. Guedes, que gana la acción a Zurutuza, llega antes y se planta solo ante Rulli. No ha sido un problema de destreza individual de los futbolistas, sino de posicionamiento y toma de decisión.

En el 2-3 también sucedió un desajuste evidente. Para empezar, nadie tapa la salida de balón de Gabriel -Januzaj era el más cercano-, y luego Pardo no cierra el pase por dentro. Santi Mina saca de zona a Odriozola y Aritz con un simple desmarque de apoyo. Ambos pican el anzuelo. Sobre ese espacio generado, Guedes no tiene más que romper por ese pasillo para asistir a Zaza. No puede concederse un gol con tanta facilidad. Ha faltado coordinación.

Debilidad defensiva en los laterales

Odriozola y Kevin son dos jugadores de clara vocación ofensiva que aún están arrancando en Primera. Su aportación en ataque es brutal. El donostiarra se ha erigido en una de las revelaciones de la categoría y el de Baiona ha firmado en sus dos últimos partidos un gol, un remate al larguero, una asistencia a Oyarzabal y la jugada previa al córner que dio origen al gol de Aritz.

Pero atrás la historia es diferente. Dentro del área, ambos han sufrido en los duelos por arriba en este inicio de Liga. Sobre todo, en la zona débil de juego. Wass le ganó a Kevin en Balaídos en el 1-0 y Adrián a Odriozola en el 2-2 en Riazor. El primero, además, con menos rodaje, aún debe distinguir cuándo seguir en individual a su par por dentro y cuándo quedarse en zona. En el 1-2 no lo hizo con Guedes y no impide ni el pase del portugués ni que le ganen la espalda. Se queda en tierra de nadie. El paso de los partidos le ayudará a interpretar mejor los movimientos. Odriozola también se vio involucrado en el penalti a Morales el jueves ante el Levante y en el primer gol de Adrián (1-2) en Riazor tras una diagonal de Schär que le pilla muy basculado. Un peaje que siempre hay que pagar con los jóvenes para recoger luego buenos frutos.

Tener posesión en zonas avanzadas

Salvo alguna excepción, a la Real le está costando tener posesión en zonas avanzadas para, desde ahí, atacar al rival. Lo que se llama acampar en cambio contrario. Lo hizo ante el Villarreal, en la última media hora de Riazor, contra el Rosenborg y en el partido ante el Levante. Desde ahí, somete a los rivales y las vigilancias son más sencillas por la cercanía de los compañeros al balón y porque el rival tiene muy lejos la portería de Rulli como para hacer daño. Eso sí, la cosa cambia cuando el contrario juega 1-4-4-2 y deja dos delanteros descolgados. Entonces Illarramendi tiene que estar más retrasado y la Real se parte. El año pasado ya se le atragantó este dibujo y en esta parece que también.

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