Real Sociedad

La Real se despide de Xabi Prieto y Carlos Martínez

La Real se despide de Xabi Prieto y Carlos Martínez

Xabi Prieto y Carlos Martínez se despiden hoy del público realista al final del partido contra el Leganés en Anoeta

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

¿Quién parará el tiempo a partir de ahora? Xabi Prieto se retira. Atrás quedan 530 partidos en los que se lee la historia de la Real Sociedad de los últimos quince años, en los que entre las innumerables batallas que lidió estuvo la más difícil, la más importante, la de la supervivencia del club.

Se marcha Xabi Prieto, el hombre que se jugó su carrera por la Real Sociedad y acertó. Porque devolvió al club toda su grandeza y porque ese compromiso le permite retirarse hoy como un héroe.

Con él se va Carlos Martínez, que no tiene poca culpa de la longevidad deportiva del capitán. Durante muchos años, el navarro recorrió la banda de arriba abajo sin desmayo para que Prieto pensase. La pausa y el derroche. Cada carrera de Carlos Martínez ha sido un regalo para Prieto. Han sido decenas, en decenas de partidos, en decenas de años. Miles de oportunidades para pensar, inventar, crear. Los dos se van juntos y queda un surco en la banda derecha de Anoeta.

Xabi Prieto se incorpora a la en el escalón más alto posible, el que está justo debajo de los campeones, inalcanzable por los siglos de los siglos. No queda por debajo de nadie más, ni de Griezmann, ni de Javi de Pedro, ni de Kovacevic, ni de Kodro, ni de Mikel Aranburu.

Pero la labor del capitán no termina aquí porque el futuro le espera como representante del club. Euskaldun y elegante como un patricio romano, representa Gipuzkoa en toda su diversidad y el deporte en sus mejores valores. La Real estará bien representada por este caballero donostiarra allá por donde vaya.

La trayectoria de Prieto es tan extensa que cada aficionado puede quedarse con lo que quiera. Muchos elegirán su debut en el Bernabéu. Aquel día de 2004 puso tan alto el listón que la caída podía ser tremenda. Nunca se bajó de esa altura.

En la hora del adiós, se amontonarán los elogios a su persona y se corre el riesgo de olvidar al futbolista. Y Prieto ha sido un excelente jugador. Sus mejores características han sido obvias, el regate en sus inicios convertido en manejo del balón en el tramo final de su carrera, cuando dejó de encarar para repartir juego. Ese ha sido el leit motiv de su carrera: general fútbol.

Siempre ha jugado de organizador. Mucho tiempo en aquella banda derecha que Carlos Martínez limpiaba de rivales empujándoles sin misericordia hasta la línea de fondo y más allá. En la última etapa, por dentro. Hasta cuando la Real Sociedad subió a Primera a pelotazos su cabeza dirigía el juego sin que el balón tocase el suelo. Siempre encontró la manera de influir en el juego.

En cuanto al comportamiento, que tanto elogio ha despertado y seguirá provocando, es lo que menos mérito tiene. Porque Xabi Prieto es así. La elegancia es su forma de ser.

Como todos los futbolistas de larga carrera, también ha sido un superviviente. Sujetado por un físico privilegiado -la lesión que le hará salir hoy al campo en malas condiciones es una excepción-, ha contado sus temporadas de treinta en treinta partidos. Siempre ha estado disponible. Durante quince años. Más de quinientos partidos. Como su juego, su correr también ha sido engañoso. Parecía pisar de puntillas, otra forma de engañar al rival.

Carlos Martínez ha sido otra clase de futbolista. Puede irse satisfecho. Ha tenido el privilegio de vestir la camiseta de la Real Sociedad durante más de diez temporadas y se va con el cariño de la gente. Ha hecho mejores a muchos compañeros con sus desvelos, con sus carreras infinitas para resguardar a Prieto y sus cruces a vida o muerte para salvar de graves apuros a los centrales.

Como todos los artistas, Prieto ha tenido sus manías. La mayor, no fallar ningún penalti más que uno contra el Athletic. O lesionarse solo dos veces en su carrera, las dos después de transformar una pena máxima.

La camiseta número 10 de la Real Sociedad, la de Zamora y De Pedro, ha estado bien custodiada. Mikel Oyarzabal espera recoger ese legado porque tiene estatura para recibirlo y ponerlo a volar con un fútbol antagónico al de Prieto: violento, vertical, concreto, vibrante y moderno.

El fútbol al que llegó Prieto y el que deja cuando se va no tienen nada que ver. Ha evolucionado con él. El chico con el balón pegado a la punta del pie derecho es un hombre con la Real Sociedad y todo el fútbol en la cabeza. Se va un grande. Y, con él, su gran escudero.

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