La Real se hace el harakiri

¡Sigan, sigan!

No hay reacción. Partido tras partido se repiten los mismos errores, que ahora se agravan

Juanma Velasco
JUANMA VELASCO

Si lo de compensar a la afición por el desastre en la copa contra el Lleida -como se han ocupado de repetir entrenador y jugadores durante la semana- era esto, mejor que no hubiera habido compensación alguna. La Real va en caída libre y, lo que es más preocupante, no se aprecian señales para la esperanza. Partido tras partido se repite el mismo esquema, los mismos errores, la misma falta de confianza que hace fallar goles y encajarlos... con el agravante de que todo se agudiza y que pasa un partido más sin ganar.

El Málaga, que llegaba como colista, se llevó ayer tres puntos de Anoeta con dos penaltis regalados. Uno de ellos, el segundo, lo llegó a parar Rulli, pero la defensa no fue capaz de cerrar el rechace. El equipo andaluz no hizo ni siquiera un buen partido. Le bastó con esperar y contemplar cómo la propia Real le regalaba el partido, fallaba las ocasiones que conseguía y, ya en el segundo tiempo, se acababa de perder en una especie de quiero y no puedo en la que, incluso, dejó de lado ese estilo de dominio, posesión y sobeteo de balón que le caracteriza.

El equipo salió al campo fundido, el mismo conjunto que el pasado jueves perdió 1-3 ante el Zenit en la Europa League. Y, desde los primeros compases, se notó no solo la falta de frescura, sino la poca chispa con la que jugaba el once elegido por Eusebio. Incluso, el entrenador de La Seca optó por poner a Zurutuza, que había sufrido un esguince de tobillo en el partido europeo.

Y así nos fue. Desde el comienzo se echaron en falta jugadores de refresco. En la grada se barruntaba que Eusebio, más que nunca, iba a tener que afinar y gestionar los cambios a tiempo, para que la Real no naufragara en el segundo tiempo.

Fue peor de lo esperado. Algunos jugadores, al cansancio acumulado, le añadieron una falta de confianza que les hace errar goles o pases que, en otros momentos, entraban dentro o salían milimetrados. El pobre Oyarzabal, por ejemplo, no fue la sombra del jugadorazo que es y falló y falló uno tras otro los balones que pasaron por sus botas.

Pero no es cuestión de personalizar la crisis de juego y resultados que afecta a esta Real. Estos jugadores y este entrenador que ahora no consiguen sacar los partidos adelante son los que tienen que dar con la tecla para revertir esta espiral negativa.

Quedan dos partidos -Athletic y Sevilla- antes del parón navideño que, visto lo visto, le puede venir de cine a la Real. Más que nunca necesita recargar pilas y volver a encontrarse.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos