Real Sociedad

No pudo haber mejor final para la película

Mágico. Carlos Vela saluda a la grada tras anotar el tercer tanto de la Real en su victoria de ayer al Sevilla./EFE
Mágico. Carlos Vela saluda a la grada tras anotar el tercer tanto de la Real en su victoria de ayer al Sevilla. / EFE

Vela acaba su etapa como realista al estilo de los elegidos, con un gol que confirma el triunfo txuri-urdin

RAÚL MELERO

¡Qué nadie pase el balón a Vela! -se escuchó por la redacción de este periódico tras el éxtasis de Anoeta, segundos después del 3-1-. Un balón más tocó el genio de Cancún antes de que acabara el encuentro. Su último toque de balón con la camiseta txuri-urdin. Una pena. No sería extraño que un talento andante como Carlos Vela hubiera terminado así sus seis años en la capital guipuzcoana. Que su último toque hubiera supuesto un gol. Una victoria. Así son los genios.

Si no resulta nada sencillo ser jugador de Primera División, menos aún es que todos los focos te apunten. Así era el envoltorio del choque de ayer para el delantero maya. Sin embargo, Vela es alguien que nunca ha extrañado ser el centro de atención. De hecho emigra a una Liga que trata de copiar el espectáculo de otras modalidades deportivas que se juegan en el país de las barras y estrellas. No se podrá retirar el '11' blanquiazul. Más que nada porque desde el año 81 nos hubiéramos quedado sin dorsales. O iban a ser a partir del 12. Ese número que lo portaron leyendas de la Real como López Ufarte o Mikel Aranburu se queda a partir de hoy sin dueño. Veremos quién se atreve a coger el 11.

Minutos 13
Goles 1
Tiros a puerta 2
Faltas cometidas 1
Balones recuperados 1
Balones perdidos 3
Fueras de juego 0

Ni en Hollywood...

Trece minutos tuvo Vela para despedirse. Fue justo después del gol de Igor Zubeldia. Y, como en toda la carrera de Vela en la Real, no decepcionaron. La primera acción fue una falta sobre Corchia. El mexicano se colocó junto a la línea de cal en el ataque izquierdo blanquiazul, con Iñigo Martínez vigilando sus talones.

Hubo que sufrir porque el Sevilla apretó para conseguir la igualada. Pero habría sido demasiado injusto. Habríaa sido como si Harry Callahan no coge al malo. O como si Rambo no se carga a casi todos sus enemigos. Porque ya que Carlos Vela pone rumbo a Los Ángeles, a Hollywood... El final debía ser de película.

Se activó la claqueta y el maya a punto estuvo de marcar en el minuto 85. Le llegó un balón en profundidad e hizo lo que le falta al equipo en ocasiones. Chispa y velocidad. Engatilló al palo corto de la meta sevillista pero su chut pegó en la parte exterior de la red. Fue el primer amago. Como cuando Wyatt Earp pierde a alguno de sus ayudantes. Todavía quedaba tiroteo.

Willian José controló un balón, abrió para la subida de Iñigo Martínez quien la puso tocada por bajo con rosca para que Vela firmara su partido 250 con el epílogo perfecto. Metió la bota izquierda y el balón besó la red para éxtasis y jolgorio generalizado en Anoeta. No se podía haber dado otro final. Los focos no cesaron de iluminar a Carlos Vela Garrido. Los genios son así. ¡Good luck!

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