Real Sociedad

El donostiarra que sigue al Rosenborg

Javier Felipe posa con la camiseta de la Real en el Lerkendal Stadion de Trondheim. /
Javier Felipe posa con la camiseta de la Real en el Lerkendal Stadion de Trondheim.

Javier Felipe es un Erasmus donostiarra en Noruega que ha presenciado los partidos del Rosenborg en Europa. «La única pega de esta ciudad son los precios, el resto es una maravilla», confiesa este socio de la Real que estará el jueves en la grada

ÁLVARO VICENTE SAN SEBASTIÁN.

En la tierra de los dioses Thor y Freya, en la Noruega de los fiordos y el exquisito salmón, allí también, como no podía se de otra forma, hay abonados de la Real Sociedad. A 2.400 kilómetros de Anoeta, la primera pica txuri-urdin está puesta en Trondheim antes de que entre mañana y el jueves lleguen los trescientos aficionados que respaldarán al equipo en el campo del Rosenborg.

Javier Felipe es un donostiarra de 23 años que, «entre las diferentes posibilidades» que le salieron para cursar su último año de carrera en el extranjero, se decantó por una ciudad que aparecía nevada en buena parte de las fotografías que salseó en internet. «Quería un país del norte de Europa, quizás Alemania porque sé un poco de alemán, o uno nórdico. Noruega es un país que siempre me había atraído desde que tuve la oportunidad de visitarlo hace ya unos cuatro años. La universidad tenía buena pinta, me habían dado buenas referencias, así que aquí estoy. Encantado de la vida».

Y se marchó a Trondheim, una ciudad «similar a San Sebastián en cuanto a número de habitantes pero con una extensión mayor por estar ordenada en casas unifamiliares». De la facultad de Ingenieros de la UPV en San Mamés, donde estudia ingeniería de telecomunicaciones, dio el salto a la NTNU, que en noruego, según detalla, son las siglas de la universidad noruega de ciencia y tecnología, la que dicen fue de las primeras entidades en conectarse a internet en el mundo. «Por ahora estoy encantado», confiesa en conversación telefónica desde la residencia de estudiantes en la que ha fijado su campamento. Curiosamente, en una ciudad que alardea de su alta conectividad, no es fácil establecer la conexión vía teléfono móvil. Hay que armarse de paciencia.

Felipe habla maravillas de Trondheim, una ciudad con «buen ambiente» como no podía ser de otra forma con los treinta mil estudiantes que tiene y que contribuyen a un alto nivel de innovación -empresas como Google, Yahoo, Opera o Sun Microsystems tienen sede en la ciudad- y una vibrante vida cultural. «Pese al jolgorio que pueda conllevar tanto estudiante, es una ciudad tranquila», advierte.

Este donostiarra, que ha fijado su sitio en una residencia universitaria, esta convencido de que los aficionados de la Real Sociedad que van a tener oportunidad de conocer la ciudad «van a volver a Gipuzkoa encantados». Recomienda la visita a la catedral, «una de las más antiguas del país», a cuya parte más alta se puede subir para admirar las visitas de la ciudad después de 172 escalones, pasear por el casco antiguo y el embarcadero, conocido como 'bryggen'. «Sus edificios de colores a ambos lados del río Nidelva son la estampa más típica de la ciudad, donde siempre se agolpan los viajeros para sacar desde el Puente Viejo la preciada fotografía. No habrá aficionado que vuelva sin esa imagen en su teléfono. El centro de la ciudad es bastante pequeño y se recorre fácil».

Javier Felipe en las instalaciones del Rosenborg.

Solo ve una pega a su estancia en Noruega: los precios «sobre todo cuando vas a comer o a tomar algo fuera de casa». Trondheim no es San Petersburgo y mucho menos Skopje, ciudades en las que los aficionados de la Real pudieron alternar sin mirar la cartera.

Felipe recomienda probar el farikal, «un plato de cordero con repollo, que se sirve con patatas cocidas, y que es uno de los típicos. Y, cómo no, el salmón». El Gaula es uno de los mejores ríos salmoneros de Europa. Desemboca en Gaulosen, una ramificación del fiordo de Trondheim, en el entorno de la ciudad. «Impresionan los alrededores. La naturaleza es espectacular y no hace falta ir muy lejos. A diez minutos a pie de la residencia en la que estoy hay un alto con unas vistas impresionantes».

El problema para los aficionados de la Real Sociedad que quieran hacerse una idea de la vasta naturaleza que rodea Trondheim son las pocas horas de luz al día. «Ahora mismo tenemos unas seis horas y media de luz. El sol sale sobre las nueve y se pone a las tres y media de la tarde», dice.

«El campo es de estilo inglés»

Felipe apunta que las pocas horas de luz y las bajas temperaturas que ya castigan en los últimos días a los habitantes de Trodheim hace que a la hora en la que se jugará el partido, a las siete de la tarde, será fácil que el mercurio no pase de un grado. «Que vengan abrigados que están pronosticando bastante frío», advierte.

Este donostiarra llegó a la ciudad a finales del pasado julio, le dio tiempo a cursar un intensivo de noruego para estudiantes de intercambio, y también pudo presenciar en directo los partidos del Rosenborg previos a la fase de grupos de la Europa League. «El partido de vuelta de la eliminatoria contra el Ajax fue una pasada, impresionante. Mucha gente decía que había sido el mejor partido en muchos años en el país, al menos es más emocionante».

También ha estado en la grada en los partidos ante el Vardar y el Zenit. «El campo es relativamente pequeño, tiene unas 20.000 localidades. Es del estilo de los campos ingleses y me gusta mucho. Ante el Vardar, el Rosenborg fue superior. Se basa mucho en la defensa, se refugían atrás y salen a la contra para aprovechar las pocas ocasiones que generan. Su estilo no se parece en nada al de la Real», cuenta.

Ni que decir tiene que Felipe estará en la grada en el partido de su Real. Por el momento no tiene noticias de que algún familiar o amigo donostiarra suyo se presente en Trondheim, pero todo podría ser. «Les ha asustado el frío...».

Espera lo mejor de la Real. «Tengo esperanzas de hacer un buen año pese a que el final de septiembre no obtuvo los mejores resultados, pero me gusta cómo está jugando el equipo. Creo que tenemos opciones de hacer un buen papel tanto en Liga como en competicion europea».

Felipe se quedará en Noruega hasta junio, hará en Trondheim el trabajo de fin de máster y a partir de ahí confiesa que no sabe qué va a hacer cuando acabe el curso. «¿Por qué no quedarme por aquí? No cierro ninguna puerta», admite.

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