Real Sociedad

Real Sociedad-Zenit: «Pasamos bastante miedo»

Agentes de la Ertzaintza forman un cordón a la entrada de la plaza Ferrerías, donde los radicales del Zenit protagonizaron los incidentes. / JAVIER ETXEZARRETA/EFE

Vecinos y hosteleros de Amara se recuperan del susto causado por el ataque de los ultras del Zenit. Un testigo dice que ya la habían liado antes en la Plaza Easo, donde la tomaron con una frutería y se refugiaron de la Ertzaintza en los Carmelitas

M. ARTAZU SAN SEBASTIÁN.

El barrio de Amara amaneció ayer consternado tras los incidentes protagonizados por ultras rusos la víspera con motivo de la visita del Zenit a Anoeta. La plaza Ferrerías quedó asolada por la acción de un grupo de violentos que arrasó con todo lo que se encontró a su paso hasta que la Ertzain-tza entró en acción y cargó con dureza contra ellos. Una intervención que se saldó con cinco detenidos, todos ellos rusos, cuatro de los cuales resultaron heridos y precisaron de asistencia médica. Tres fueron atendidos en el Cuarto de Socorro y otro trasladado al Hospital Donostia. En los incidentes también resultó herido un ertzaina, que presentaba varias contusiones.

Los cinco hombres detenidos permanecían ayer en dependencias policiales y a última hora aún no habían sido puestos a disposición judicial. Se les imputa un delito por desórdenes públicos y otro por desobediencia a la autoridad.

Iñaki, vecino de Ferrerías, estaba en la zona cuando sucedió todo. «Serían las ocho y cuarto de la noche, y vi que venían desde Carlos I unos veinte ultras del Zenit armando jaleo. Entraron en la plaza y se dirigieron hacia el Bar Jon Ander, donde retaron a los aficionados que estaban allí con gestos provocadores».

Los violentos agarraron las sillas de la terraza de dicho establecimiento y se dedicaron a lanzarlas contra todo lo que se encontraron por delante, provocando el pánico de la gente que allí se encontraba. «Pasamos bastante miedo», relata una vecina que aseguraba que «vio a todo el mundo corriendo. Había mujeres y niños llorando. Vimos a alguna persona con sangre en la cara. También que llevaban porras en la mano».

En el Bar Txamarta, que dirigen los hermanos Andoni y Ander Garciarena, su padre Iñigo pone voz a lo que vivieron. Fueron precabidos y tras el anuncio del día anterior de la Ertzaintza de que se retirasen las terrazas ante posibles incidentes, lo siguieron a rajatabla. «Desde la 9.00 de la mañana cogimos las ocho mesas y 32 sillas de la terraza y las guardamos en un almacén. Los taburetes del interior del bar los subimos arriba y retiramos la vajilla y los vasos de cristal. Gracias a ello no tenemos que lamentar grandes daños».

Los ultras pasaron por delante de su establecimiento en busca de aficionados de la Real a los que atacar. «La gente entró en el bar buscando refugio y tuvimos que echar la persiana. Es una pena que haya gente así, porque antes había estado un grupo de rusos bien vestidos con sus bufandas tomando unas cervezas y no pasó nada. Se portaron bien».

En el Bar Maite, sede de la popular peña del mismo nombre que preside el holandés Ben Parhan, Itziar y Vasi no pueden aportar muchos más datos al otro lado de la barra. «De repente esto se llenó de gente y tuvimos que cerrar. Se oían sirenas y peleas. Pasamos un momento muy malo».

Txema, vecino de la plaza Easo que apura un café y tambor mayor de Jatorra, escucha la conversación y da más datos sobre la actuación de estos vándalos. «Antes de que llegaran aquí la liaron también en Amara Viejo. Venían de la Parte Vieja. Cogieron los melones de una frutería cercana y empezaron a lanzárselos entre ellos. Llegó la Ertzaintza y se produjeron varias peleas. Algunos eran unos armarios y vi a varios ertzainas por los suelos. Se refugiaron en la iglesia de los Carmelitas hasta que volvieron a salir. La gente se escapaba de allí como podía».

Larraitz Bravo, que regenta la panadería Gozona, aún no se había recuperado del susto. Hace tres meses que se hizo con el negocio y por un momento se temió lo peor. «Yo me asusto muy fácil y si entran aquí, ¿qué hago? Me destrozan todo», se preguntaba aún con el miedo en el cuerpo. «Muchas personas se refugiaron dentro y bajé la persiana. Durante veinte minutos no salieron hasta que la Ertzaintza despejó la plaza».

Vecina de toda la vida, lleva trabajando doce años en la zona -anteriormente lo hizo en los bares Arkupe y Maite- y nunca había vidido nada parecido. «Esta es la primera vez que paso miedo de verdad. A uno de estos rusos lo empotraron contra el escaparate entre seis 'beltzas' y aún se resistía. Era un animal».

Girando la esquina, delante del Bar Arkupe, fue donde la policía autonómica detuvo a este grupo de incontrolados. Jon Catalán asegura que todo sucedió muy rápido. «Vi que venían corriendo con unas sillas y los clientes que estaban fuera se refugiaron en el bar. Había varios heridos en el suelo y todos parecían rusos. Vino una ambulancia».

Jon, como buen seguidor realista, asistió al partido: «Entré diez minutos tarde y salí cinco antes para atender el bar. Lo que pasó dentro fue una vergüenza. ¿Cómo pudieron meter las bengalas si a nosotros nos quitan hasta una botella de agua?». Esa es la gran pregunta del millón, Jon.

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