Real Sociedad

Llegó a Girona «con una mano delante y otra detrás...»

Machín en un partido de esta temporada. / EFE
Machín en un partido de esta temporada. / EFE

Pablo Machín, el entrenador revelación de la Liga, ha conseguido que su sistema 3-5-2 sea estudiado hasta por el propio seleccionador

J.T.

Es uno de los entrenadores de moda de Primera División. El técnico revelación, sin duda, ya que está guiando al Girona a las puertas del cielo futbolístico tras haberlo cogido casi en el mismísimo abismo. Cuando Pablo Machín (Gómara, Soria, 1975) se hizo cargo del equipo, en marzo del 2014, el Girona ocupaba el último lugar de la tabla en Segunda A. Esa temporada salvó la categoría y las dos siguientes llevó al equipo a disputar dos veces el play off de ascenso, ambas frustradas, pero a la tercera fue la vencida y el pasado mes de junio ascendió al once catalán a Primera División. Item más. En estos momentos, a falta de ocho jornadas, tiene al equipo en octavo lugar, con 44 puntos, a dos de la Europa League. Casi nada.

Viene de una familia de campesinos. «Mi padre era agricultor; yo, también. En Gómara, mi pueblo de Soria, no ha habido nunca un equipo de fútbol y yo, cuando tenía 14 años, entre el fútbol y el tractor, no había dudas», contaba recientemente en una preciosa entrevista en 'El Periódico', antes de visitar el Camp Nou. «Cuando tenía que ayudarle era para quitar piedras o cargar sacos de abono, un trabajo más físico. Eso no gusta. Entre el fútbol y la agricultura, estaba siempre el fútbol multiplicado por cien».

Jugó en el Numancia de defensa y dejó el fútbol por una lesión en la rodilla izquierda. «Después de operarme me la dejaron mejor de cómo la tenía», suele contar «y como empecé a entrenar porteros con Lotina, utilizaba las dos piernas y le pegaba a la bola mejor que cuando era futbolista».

Del Numancia al Girona

No hizo la mili -fue objetor- y cuentan sus biógrafos que durante la prestación social se sacó el título de entrenador..., y el de Magisterio y el de Educación Física «porque creía que no viviría de ser entrenador, sino de maestro, ya que ni el 1% lo consigue».

Entrenó al juvenil del Numancia, al Numancia en Tercera... fue ayudante de Gonzalo Arconada, Kresic y Unzué y llegó a coger en solitario el primer equipo. «Fue enriquecedor estar al lado de él», destaca. «Unzué me enseñó la idea del Barça del juego de posición, de atacar bien y de forma ordenada para estar cerca del balón y para recuperarlo antes. Y me dejó margen para las acciones a balón parado. Haber tenido un banco de pruebas como la cantera del Numancia y haber sido segundo entrenador ha sido mi biblioteca particular», admitía para explicar el sistema 3-5-2 que tiene a todos los técnicos revolucionados, incluido el seleccionador, Julen Lopetegi.

Una historia de película

Con todo, lo más interesante de la entrevista llegó cuando le preguntaron con qué se encontró a su llegada a Girona. «Mi historia es como para hacer una película», advierte. «Llegué con una mano delante y otra detrás. Estábamos en una ley concursal. No me podían pagar mucho. Me costeaban la casa, la luz, internet, el parking y tenía un pequeñito sueldo para vivir. No tuve ni prima por mantenernos en Segunda. Creía que la merecía pero me respondieron: 'La prima es el contrato del año que viene'. Al año siguiente hicimos un equipo de supervivencia que fue un equipazo porque sumó 82 puntos. ¿Cómo les motivaba? No nos pagaban a tiempo. Les tranquilizaba: 'Si realmente nos falta el dinero para pagar la hipoteca, nos buscamos la vida y ayudamos al que lo necesite de verdad. Si estamos todo el día entrenando, no podemos gastarlo... ¿Sabéis lo que es un plazo fijo o un fondo de inversión? Pues pensad que tenemos tres meses en un plazo fijo que acabaremos cobrando aunque sea del fondo de compensación. Y si queremos seguir en el fútbol profesional, tenemos que hacer algo gordo».

Dos años después hicieron algo 'gordo', ascendieron a Primera. Y ahora tocan el cielo de Europa...

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