Números

AINTZANE ENCINAS

Antes de los 30 soñé con jugar en el equipo que imaginaba a los cinco. Antes de los 30, resté todos los minutos que faltaban para lograr un título que busqué con ahínco. Antes de los 30, imaginé encontrar el trabajo de mis sueños, perderme, viajar sola e ir a la universidad con amigos. Potenciar mis vicios, organizarme para comer a las dos, escribir tres historias y correr un maratón. Aprender a tomar café, cocinar, mudarme a un lugar nuevo... leer, leer y leer. Antes de los 30, anhelé cien veces no parar de vencer.

Lo cierto es que la mayoría de las cosas que estaban en la lista no las he conseguido. El tiempo parece de todas enemigo, es mi decimal perdido. He jugado y compartido, escrito, leído. Del porcentaje de posesión de la pelota me he reído. He sumado más de 100 goles, roles, dos ascensos y más de 380 partidos. He festejado un doblete y corregido un primer movimiento fallido.

Me he lesionado más de 22 días, he hecho de 9 y el 4 -sentada en el banquillo-. He descubierto que es indescriptible el valor de un gesto intuitivo, y obtenido la cifra menos siete en algún marcador abusivo. He encontrado y aplicado fórmulas de bolsillo para conseguir un balón dividido. He visto hacer tres asistencias de gol en un mismo partido. Me he elevado, sentido las raíces y gambeteado hasta el infinito. He entrenado al cuadrado sabiendo que todo acabaría decidiéndose por el arte de lo imprevisto.

Antes de los 30, agradecí que utilizaran conmigo la formación no deformadora, la multiplicación de valores por libertades siempre va en hora. El problema está en que la cantidad de vivencias que hasta mi edad he tenido no puede escribirse ni valorarse con dígitos. El recuerdo de una sonrisa ilimitada no se reduce sin obtener beneficios.

A mis 30, me quedé en medio y jugué hasta el extremo.

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