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REAL SOCIEDAD

Arconada: «La Real tiene ahora los jugadores, el juego y la estabilidad para poder llegar a una final más pronto que tarde»

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Luis Miguel Arconada. / MICHELENA

  • LUIS MIGUEL ARCONADA, EMBLEMA DE LA REAL SOCIEDAD, El capitán de la Real Sociedad campeona rememora el título de Copa en Zaragoza, ahora que se cumple el 30 aniversario

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El martes 27 se cumplen treinta años del título de Copa que la Real consiguió en La Romareda ante el Atlético de Madrid en un día inolvidable para todos los realistas. El sofocante calor que acompañó en todo momento a la celebración del partido convirtió aún en más épico un triunfo que quedará para siempre en la historia del club blanquiazul y en la memoria de sus aficionados. El penalti decisivo que detuvo Luis Miguel Arconada (San Sebastián, 1954) a Quique Ramos es el símbolo de un recuerdo imborrable.

- Es fácil recordar que la final se jugó ante el Atlético de Madrid, pero ¿cómo fue ese camino hasta el último partido?

- Las primeras eliminatorias de Copa se jugaban a partido único en campo del rival de menor categoría y, lógicamente, todos los equipos a los que visitábamos se dejaban el alma para tratar de ganarnos. Nosotros siempre jugábamos con el equipo titular, no había rotaciones, porque el objetivo sí o sí era ir pasando eliminatorias porque después de ganar las dos Ligas queríamos una Copa. La presión del público en cada uno de los partidos lejos de Atocha era impresionante. Recuerdo que ante el Montijo hubo mucho jaleo porque ellos reclamaron fuera de juego en nuestro gol. Nos llegaron a romper la luna del autobús.

- La Real eliminó al Basconia, Montijo, Villarreal, Eibar, Mallorca Atlético y Athletic. ¿Qué supuso ganar en semifinales con un gol en San Mamés?

- La rivalidad con el Athletic siempre ha existido, pero en ese momento, más que por el rival, el premio era llegar a la final de Copa, a la primera de la Real. Fue una eliminatoria cerrada, con dos equipos peleando de tú a tú. En la ida se lesionaron Loren y Santi Bakero cuando ya habíamos hecho los cambios y jugamos el segundo tiempo con diez. Ese empate sin goles en inferioridad en Atocha nos hizo ver que en San Mamés podíamos ganar, como así fue.

- (...)

- Salvando las primeras eliminatorias, con la dificultad de jugar en campo contrario a un único partido, se puede decir que tuvimos un camino a la final relativamente accesible. Un sorteo favorable siempre ayuda. En la siguiente temporada tras ganar la Copa, en la 1987/88, tuvimos un camino mucho más complicado para llegar a la final. Eliminamos al Real Madrid en semifinales.

- ¿Qué supuso ganar la Copa cinco años después de lograr el segundo título de Liga?

- Aquel título fue muy importante para la Real porque después de los dos campeonatos de Liga consecutivos, la llegada de Toshack al banquillo con nuevas ideas y el importante relevo generacional que se estaba produciendo, fuimos capaces de reconstruir un equipo competitivo capaz de dar renovadas alegrías a la afición de la Real. Y, además, en el plano personal, para mí representaba una enorme satisfacción haber sido capaz de recuperarme de la gravísima lesión de rodilla que había sufrido meses antes.

- ¿Cómo fueron los días previos a la final?

- Nos lo pintaban negro desde Madrid. En el Atlético estaban revolucionados, daban por hecho que nos iban a ganar. La víspera nombraron presidente a Jesús Gil y Gil y éste se presentó en Zaragoza con Paulo Futre, al que acababa de fichar. Todo lo que nos llegaba de Madrid era una avalancha. Nosotros tratamos de no cambiar las rutinas. Sabíamos que nuestra afición iba a estar muy presente en Zaragoza y queríamos darles una alegría. La responsabilidad era muy grande porque era la primera final de la Real y sentías la trascendencia que encerraba estar tan cerca de poder proporcionar una gran satisfacción a toda la afición de la Real. Fueron días preciosos.

- Las crónicas destacan el sofocante calor que hizo el día de la final.

- Era impresionante. No exagero si digo que fue el partido de mi carrera deportiva en el que más calor he pasado. Todavía hoy me pregunto cómo hicimos para aguantar en pie hasta la prórroga. Tratamos de hidratarnos desde el calentamiento, pero no había manera de mitigar el calor. Los minutos previos al inicio del partido los pasamos calentando en uno de los fondos mientras acababa un partido de selecciones sub21, buscábamos la sombra pero no había manera. Eso sí, nuestra afición ya animaba y cantaba sin parar sin haber empezado a rodar el balón.

- Por la Real jugaron Arconada; Sagarzazu, Górriz, Dadíe, Gajate, Luis Mari López Rekarte; Bakero, Larrañaga, Zamora (Mujika m.86), López Ufarte (Martín Begiristain m. 103) y Txiki Begiristain. En el Atlético Madrid, lo hicieron: Abel; Tomás, Sergio, Ruiz, Quique Ramos; Julio Prieto, Marina (Salinas m.64), Landáburu; Uralde (Setién m.86), Da Silva y Rubio.

- El partido empezó bien para los intereses de la Real.

- Marcamos rápido. El primer gol fue precioso, con una asistencia de chilena de Bakero a López Ufarte. Cuando mejor lo estábamos haciendo, Da Silva empató. Pero otra vez nosotros, en este caso por medio de Txiki, nos pusimos por delante antes del descanso. En el último cuarto de hora de partido, el Atlético, que tenía un gran equipo, fue capaz de empatar.

- Pese a la presión mediática, el árbitro soportó bien esa presión, según detallan las crónicas.

- Joaquín Ramos Marcos era una persona correctísima, pero por diferentes motivos había estado recusado por la Real. Mi relación con él siempre había sido muy buena y en esa final mantuvo el tipo. No tenía un papel fácil porque podía dejarse influenciar, pero lo resolvió muy bien.

- Antes de llegar a los penaltis, ¿hubo opciones para ganar en la prórroga?

- La gente estaba muy cansada y no era fácil hacer oportunidades.

- Supongo que en la Real jugaban con la baza de tenerle en la portería si se llegaba a los penaltis.

- En esos momentos nunca sabes qué es lo mejor, mucho menos con ese calor. Estás en una prórroga y procuras no encajar goles.

- Antes de los penaltis, usted buscó la soledad, según se puede apreciar en las fotografías que acompañan estas líneas.

- En ese momento, por mucho que te animen, lo que buscaba era concentrarme lo máximo posible en los penaltis. Mi obsesión era ver qué jugadores del Atlético de Madrid eran los que iban a tirar porque yo tenía estudiados a todos. Previamente, yo había decidido no tirar. Solo lo había hecho una vez en una eliminatoria de Copa de la Liga ante el Espanyol y el recuerdo que tenía no era del todo positivo pese a marcar. Recuerdo que N’Kono estaba en la portería y no veía más que portero, lo contrario que cuando estás bajo palos. En una final no lo quiero ni imaginar...

- Antes no había los medios que existen hoy en día. ¿Cómo espiaba a sus rivales?

- Hoy en día, un portero puede recibir de sus entrenadores toda la información masticada de sus rivales, pero en aquella época todo era trabajo personal. Igual que había que preocuparse de los guantes y tacos, en esos tiempos me ocupaba de estudiar no solo los penaltis sino también las faltas, si las tiraban por encima de la barrera, por un lateral… Analizaba y apuntaba todos los penaltis viendo en televisión el programa ‘Estudio Estadio’. Apuntaba hasta el último detalle porque no es lo mismo tirar un penalti con 3-0 que con el marcador apretado. Cuanta más presión, el jugador es más propenso normalmente a asegurar su lanzamiento al lado en el que se siente más cómodo. Siempre he defendido que cuanto más se prepara un portero, más suerte tiene. En aquel momento tenía los deberes hechos porque acerté la dirección de todos los lanzamientos del Atlético y mis compañeros que tuvieron que asumir la gran responsabilidad de lanzar los penaltis también hicieron una aportación decisiva al triunfo final.

- ¿Cómo es posible que recuerde con detalle esos lanzamientos después de treinta años?

- La vida pasa rápido, treinta años son muchos, pero hay detalles que no se olvidan. El primer lanzamiento a cargo de Rubio lo toque, pensaba que lo había parado, pero entró. Da Silva tiró fuera después y el último, el cuarto, lo paré. Ellos tenían varios zurdos y para un portero como yo, cuya pierna buena era la derecha, siempre resulta más complicado.

- Detuvo el lanzamiento, alzó el puño y en la grada estalló la fiesta.

- Recuerdo que cuando le paré el penalti a Quique Ramos sólo pensé en no perder los guantes, que eran especiales y me había costado mucho conseguirlos en Alemania. Y también que el delegado federativo, Julián del Amo, se me acercó enseguida para apremiarme a ir lo más rápido posible al palco a recibir y levantar la Copa. El momento en el que el rey Juan Carlos me entrega la Copa no lo olvido.

- Habían vivido ya las celebraciones de las dos Ligas y la Supercopa. ¿Qué hizo diferente a esta victoria?

- Era la primera y eso la hace especial. La recuerdo con mucho cariño por el buen ambiente que vivimos en Zaragoza con tantos seguidores realistas desplazados. Era nuestra primera final de Copa después de haber llegado a semifinales en temporadas anteriores. Ganar la Copa supuso una alegría inmensa para toda esa generación de futbolistas. No había más que ver nuestras caras en la vuelta de honor al campo.

- Permítame un paréntesis. ¿Qué opinión le merece que los futbolistas bajen ahora a sus familiares y amigos al césped cuando ganan los títulos?

- (Se encoge de hombros) Son modas. Lo importante en esos momentos es el equipo y la afición.

- Esa noche después del partido durmieron en Zaragoza.

- Lo de dormir es un decir. Tuvimos una cena en el hotel, hubo juerga y volvimos al día siguiente. En la primera Liga, el recibimiento fue días después ya que fuimos directos desde Gijón a Madrid porque teníamos que jugar la semifinal de Copa ante el Sevilla. En la segunda Liga sí tuvimos recibimiento después de ganar al Athletic en Atocha y en esta ocasión regresamos en autobús desde Zaragoza al día siguiente.

- (...)

- En contraposición a la alegría de esos días vino poco después el fallecimiento repentino de Sagarzazu cuando estaba haciendo la pretemporada con el Deportivo. El partido de Copa fue el último que jugó. Estábamos en Milán, en la presentación de Gullit y Van Basten, invitados para jugar un amistoso, cuando nos comunicaron la fatal noticia. Fue un palo tremendo.

- ¿Podrá ganar otro título la Real?

- Ojalá. La Real tiene ahora los jugadores, el juego y la estabilidad para poder llegar a una final más pronto que tarde. Hoy en día, por cómo está montado el fútbol, por la diferencia de presupuestos que hay entre los clubes, es más fácil ganar una Copa que una Liga. Y me atrevo a decir que es más factible hacer un buen papel en la Europa League. Poder levantar un título o llegar a una final es un hito que marca y que supone una inyección de alegría tanto para el club como para sus aficionados. No hay más que ver lo que ha supuesto para el Alavés llegar a la final en la última edición de Copa. Ojalá seamos capaces de valorar lo que supone jugar la Europa League y disfrutemos de cada partido porque es una competición en la que la Real puede hacer un buen papel. Si el sorteo le favorece en su camino... ¿Por qué no?

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