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La esperanza duró tres minutos

  • Un gol de Garitano nada más empezar el partido en Valencia encendió efímeramente la esperanza realista que apagó la remontada ché

La Real llegó a la última jornada de la temporada 2006/07 con el agua al cuello. La derrota ante Osasuna en El Sadar y el empate sin goles ante el Racing en Anoeta en los dos partidos anteriores dejaron al equipo de Lotina a dos puntos de la salvación.

Para salvarse, el conjunto guipuzcoano debía ganar al Valencia y esperar que el Betis cayese en Santander o el Athletic ante el Levante en San Mamés, además de un pinchazo céltico en Balaídos, donde el Getafe debía arañar al menos un punto. De las 81 combinaciones posibles, solo seis favorecían a los blanquiazules.

La esperanza realista en Valencia duró tres minutos. Los que transcurrieron desde que Garitano marcó nada más comenzar el partido hasta que empató Villa. Pero ni si quiera en esos 180 segundos la Real estuvo fuera de los puestos de descenso. Le hacía falta un gol del Racing que nunca llegó.

La primera parte finalizó con empate a dos. El segundo tanto realista fue de Díaz de Cerio, que recuerda «la tensión que había durante el descanso. A pesar de haber hecho la goma durante toda la temporada, teníamos opciones de salvarnos. Había esperanzas».

En el banquillo realista se seguían el resto de partidos a través de la radio. «A medida que pasaban los minutos y los resultados no eran favorables no nos queríamos ni acercar», cuenta el delantero de Herrera.

La desolación se apoderó del vestuario cuando Teixeira Vitienes señaló el final del encuentro y se certificó el descenso realista a Segunda. «Fue un palo, pero de alguna manera ya nos habíamos mentalizado de lo que podía ocurrir en Valencia. Mucho más duro fue no poder ganar al Racing en Anoeta una semana antes. Tuvimos un penalti en el 43. Aquelló prácticamente nos sentenció», dice el atacante.

Miguel Ángel Lotina y Darko Kovacevic ofrecieron recientemente dos entrevistas a este periódico en las que contaron sus experiencias. El entrenador, que ahora dirige al Tokio Verdy japonés, lamentó la situación a la que llegó la entidad blanquiazul. «El descenso fue un tropiezo muy grande para un club con la historia de la Real. Comenzó la Liga con dos puntos en ocho jornadas y aunque estuvimos muy cerca de mantenernos, no pudimos completar la remontada. Hicimos una campaña bastante meritoria. Ahora la Real ha recuperado el sitio que le corresponde».

«Una espina clavada»

Para Kovacevic el encuentro fue especial por doble motivo. En lo colectivo porque la Real descendía y en lo personal porque fue la última vez que defendió la camiseta blanquiazul. «Aquella tarde no la olvidaré nunca. Cuando bajamos a Segunda fue la primera vez que lloré en mi vida. Tengo una espina clavada por no haber ganado una Liga, pero el descenso es una decepción que voy a llevar toda mi vida. Me dolió porque no me pude despedir de la gente, sobre todo de la afición», contó el ariete serbio, el que más partidos ha jugado en la historia del club.

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