Diario Vasco

LA REAL EN EUROPA

De un aterrizaje in extremis en Praga al encuentro con el legendario Zatopek

Pioneros. Arriba; Urruticoechea, Gorriti, Martínez, Murillo, Gaztelu y Kortabarria. Agachados; Araquistain, Diego, Ansola, Urreisti y Boronat, posan para los fotógrafos en el inolvidable campo de Atocha.
Pioneros. Arriba; Urruticoechea, Gorriti, Martínez, Murillo, Gaztelu y Kortabarria. Agachados; Araquistain, Diego, Ansola, Urreisti y Boronat, posan para los fotógrafos en el inolvidable campo de Atocha. / AYGÜÉS
  • En su primera participación europea el equipo blanquiazul pagó la novatada ante el Banik Ostrava checo

Apenas seis años después del ascenso de Puertollano, la Real tomó parte por primera vez en su historia en una competición europea. Fue en la UEFA de la 74/75. La participación blanquiazul fue efímera, porque el equipo que dirigía Andoni Elizondo pago la novatada ante un Banik Ostrava checo que llegó a la eliminatoria mucho más rodado. El debut realista fue el 18 de septiembre de 1974 en Atocha. Aquella noche jugaron de inicio: Urruti, Gorriti, Kortabarria, Martínez, Luciano Murillo, Gaztelu, Diego, Urreisti, Araquistain, Ansola y Boronat. Uranga y Amas salieron después.

Uranga, que disputó los dos encuentros de la eliminatoria, reivindica la importancia de aquel estreno. «Se habla del ascenso de Puertollano, de la primera Liga... pero también hay que poner en valor la primera vez que se jugó en Europa. Es lo que te da prestigio a nivel internacional y el objetivo que desde entonces se ha marcado el club».

La Real accedió por primera vez a la UEFA tras finalizar la temporada anterior en cuarto lugar. «Lo realmente importante es que Elizondo nos pidió dejar el fútbol directo y apostó por el de toque. Muchos nos veían de camino a Segunda... Aquello estableció las bases del equipo que luego se proclamó campeón de Liga», destaca Luciano Murillo, que se lesionó en el choque de Atocha y no pudo jugar en Ostrava.

El equipo checo era un auténtico desconocido para los jugadores blanquiazules. «Imagino que nosotros para ellos también. Decían que eran mineros, pero enseguida se veía que aquellos en la vida habían pisado una mina. Tenían seis jugadores internacionales y fueron superiores», confiesa Carmelo Amas.

El partido de ida en Atocha acabó con victoria visitante gracias al gol de Micka (0-1). Los blanquiazules habían ganado recientemente al Barcelona de Cruyff, Neeskens, Rexach y Rinus Michels (3-2) y confiaban en su fortaleza como locales para lograr un buen resultado, pero los checos impusieron su mejor técnica, fuerza y juego colectivo.

El encuentro de vuelta se disputó dos semanas más tarde y el viaje a Ostrava estuvo lleno de incidentes, como recuerda Uranga. «Fuimos vía París. Allí tuvimos un retraso de cuatro horas. Alguno de mis compañeros no estaba acostumbrado a viajar en avión y estaba nervioso. Cuando íbamos a aterrizar en Praga, yo iba sentado en la parte trasera junto a la ventanilla. A la hora de tomar tierra vi que no había pista, que aquello era tierra... Alguno se soltó el cinturón de seguridad y corrió hacia la parte trasera del avión. El piloto rectificó la trayectoria y el avión se inclinó 45-50 grados. Tras varios intentos logró aterrizar».

El debut de Artola

Ostrava era una ciudad minera, a 40 kilómetros de Praga. En el entrenamiento previo al partido, la Real sufrió un nuevo contratiempo. «Entrenamos en un campo de tierra cerca del estadio. Urruti se lesionó y Artola jugó en su lugar. Aprovechó su oportunidad y esa misma temporada le fichó el Barcelona. ¡Lo que es el fútbol!», rememora Amas.

Con Artola y diez más, los de Elizondo no pudieron hacer frente al Banik, que se impuso con claridad (4-0). El debut europeo de la Real había finalizado a las primeras de cambio ante un rival que luego eliminó al Nantes y al Nápoles y cayó en cuartos ante el Borussia Moenchengladbach.

Antes de volver a Donostia, la expedición blanquiazul vivió otra experiencia «muy emocionante» cuando tuvieron la oportunidad de saludar al legendario Emil Zatopek, campeón de 5.000 metros, 10.000 metros y del maratón en los Juegos Olímpicos de Helsinki 52. «Zatopek participó en el Cross de Lasarte y el directivo José Mari Ferrer tenía amistad con él. Había llegado a ser coronel del Ejército, pero en la primavera de Praga apoyó a DubÄ�ek contra los rusos. Le defenestraron y pasó a ser barrendero. Vino con un buzo gris y fueron unos minutos intensos. Le ofrecimos comida y ropa, pero no quiso nada. Volvió al trabajo».

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