Diario Vasco

IMÁGENES PARA EL RECUERDO

Un ascenso «con pleno y propio merecimiento»

La Peña Anastasio, presente en Puertollano, donde Boronat, de cabeza, marcó el primer gol. Los aficionados invadieron el campo y auparon a los jugadores. En Alderdi Eder no cabía un anfiler.
La Peña Anastasio, presente en Puertollano, donde Boronat, de cabeza, marcó el primer gol. Los aficionados invadieron el campo y auparon a los jugadores. En Alderdi Eder no cabía un anfiler. / FOTOTECA KUTXA
  • «Jamás vibró la provincia y San Sebastián como esta ocasión», recogía la crónica del partido publicada por este periódico

«Con el 2-2 en el Calvo Sotelo, la Real Sociedad entra en Primera División con pleno y propio merecimiento». Este era el titular que este periódico dedicó a cinco columnas al ascenso en Puertollano. La crónica del partido, firmada por Iturrioz, se publicó el martes 25 de abril porque como recordarán los lunes no se publicaba EL DIARIO VASCO. Ese mismo día la Real compartía portada con el astronauta ruso Vladimir Komarov, fallecido cuando trataba de aterrizar la nave 'Soyuz'.

En páginas interiores, en las dedicadas al deporte, se recogía la crónica acompañada con dos fotografías, una de la multitud que acompañó al autocar hasta su llegada a Alderdi Eder y otra del recibimiento a la delegación realista en el consistorio, encabezado por el técnico Elizondo y el capitán Martínez.

El redactor iniciaba la crónica poniendo en valor este ascenso en Puertollano. Ninguna de las tres promociones anteriores en las que había participado la Real ante el Murcia, Mestalla y Córdoba podía compararse con ésta, a su juicio. «No la tiene, en ningún orden, porque jamás vibró la provincia y San Sebastián como esta ocasión. Este éxito ha sido logrado de manera tan saturada de emociones y de riesgos que, si no tiene parangón, tampoco será fácil que vuelva a repetirse nada semejante».

«Al partido lo habíamos entre todos rodeado de un ambiente enrarecido (...) Las suspicacias que apuntaban no sabemos que maquiavelismos respecto a la Real Sociedad, hasta el punto de que algún jugador del Calvo Sotelo estuvo vigiladísimo día y noche llegando incluso a controlar sus conversaciones telefónicas».

Iturrioz se detiene en el papel que tuvo la txaranga de la Peña Anastasio en el transcurso del partido. «Cuando la Real arrastraba la tara impresionante en aquellos momentos incluso temida como definitiva de los dos goles en contra, algunos del público pedían música a los anastasios».

«¿Para qué ahondar en el análisis de algo que importa poco o nada en las formas cuando lo trascendental es la consecuencia», se preguntaba el redactor a mitad de la crónica. «Decir que la Real Sociedad fue un manojo de nervios sueltos no será descubrir el Mediterráneo y puntualizar nada insospechado. Que sorprendió su juego, aparentemente sereno y eficaz en los quince primeros minutos hasta elaborar tres situaciones que estuvieron rozando el gol que hubiera, seguramente, evitado toda angustia que se padecía después».

«Es de justicia admitir -continúa- que tras ese periodo favorable, el imperio de los nervios hizo que luciera más el fútbol».

«Quedó justificado el segundo gol, el del empate, porque sin distingos de nadie, todos sus jugadores se emplearon en la lucha con entrega absoluta (...). Elizondo había hecho algo que me causó admiración: alinear a un debutante, en un partido excepcional». Fue primero Marco Boronat, «con una música llena de dolor y furia», quien acortó distancias. La gloria estaba reservada para un jugador del filial, Jesús Aranbarri. El debutante puso las tablas definitivas a ocho minutos del fin y dio con ese tanto, «qué gol, señores», el ascenso. La música comenzó a ser entonces «atronadora»

Seis horas desde Vitoria

«Todo aquello tuvo su más brillante remate en el regreso del equipo vencedor al txoko. Como dato indicador de lo que fue su paseo triunfal por toda la provincia diremos que a las cuatro de la tarde salía de Vitoria el autobús realista y que a las diez de la noche, bien dadas, pudo llegar al Ayuntamiento de la capital». El autobús se detuvo en Aretxabaleta, Eskoriatza, Aranzazu, Zumarraga, Ormaiztegi... «Sería exagerar el cálculo si decimos que habría más de 30.000 personas a poco que el autobús realista dejó atrás Amara donde también había varios miles (...) Alderdi Eder, bajo un cerrado sirimiri, que no enfriaba ánimos, albergó a otra serie de miles de entusiastas que atronaron con sus vítores».

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