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Cuando tu compatriota es tu peor enemigo

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Valiente. Gerónimo Rulli se desliza sobre el césped para interceptar un balón a Sergi Roberto. / REUTERS

  • Rulli no se amilanó en el Camp Nou, jugó el balón, paró, y solo Messi evitó una actuación perfecta

El futbolista que más sufre cada vez que su equipo visita un campo de los grandes, véase, Santiago Bernabéu, Vicente Calderón, o como en este caso ocupa, Camp Nou, es el guardameta. Lo corriente en este tipo de choques es acabar con una goleada en contra, teniendo que entrar a recoger el esférico de entre las redes en tres, cuatro, o incluso cinco veces en noventa minutos. Una tortura que deja el orgullo de cualquiera por los suelos. El portero de la Real conoce muy bien ese sentimiento tras cada visita a can Barça. Rulli, también.

El argentino había recibido hasta ayer en Liga seis goles de los azulgranas en la ciudad condal, a los que hay que sumar cinco más del duelo de Copa. Con estos precedentes tenía que enfrentarse el ex de Estudiantes una vez más a los catalanes. Y no se arrugó.

Como sus compañeros, Rulli comenzó valiente el encuentro. Con los pies y con las manos, el cancerbero distribuyó el juego como viene siendo habitual durante esta temporada. Si en su día Bravo demostró su calidad en el juego de pies, puede decirse que el argentino es un digno sucesor del chileno en esta faceta. No parecía muy ducho con los pies el actual 'uno' blanquiazul cuando aterrizó en Donostia. Tres años después la historia ha cambiado.

En largo y en corto

Eusebio es consciente de que para el estilo de juego que ha implantado en el equipo necesita que sus once piezas se defiendan, y más aún, tengan criterio, con el cuero entre las piernas. Rulli vistió ayer de negro, y con pantalón largo, y eso fue lo único que le diferenció de los que vestían a rayas azules y blancas. A los dos minutos le llegó el primer balón, y no fue por un disparo del rival, sino de un compañero. Ahí comenzó su peculiar distribución de juego desde su propio área.

Illarramendi, Zurutuza, Navas, Iñigo, en corto. Willian José, Yuri, Xabi Prieto, en largo. El recital de pases de Rulli en diferentes distancias resultó efectiva. No le tembló el tobillo en ningún momento. La Real estaba bien plantada en el campo, el portero argentino apenas había intervenido con las manos en el primer cuarto de juego, hasta que apareció su compatriota. La amistad entre ambos, afianzada durante las concentraciones con la selección albiceleste, dio por concluida cuando el colegiado decretó el inicio del partido.

Fue el enemigo número uno de Rulli. Pasada el primer cuarto de hora de juego, el 'diez' culé dirigió un disparo teledirigido al palo izquierdo del cancerbero, al que éste, pese a su estirada, no pudo llegar. Veinte minutos después, otra vez Messi, fue el único que pudo superar al guardameta. Solo Alcácer, poco antes de finalizar la primera mitad, pudo perforar también la meta del platense.

Ni por esas Rulli bajó los brazos ni dejó de mover el balón con los pies. Luis Suárez, Rakitic, Denis Suárez, y los propios goleadores, Alcácer y Messi le sufrieron. Rulli barrió, blocó, ganó algún que otro mano a mano, se mostró seguro en el juego aéreo y nunca se le cayeron los palos. Siguió el juego con atención y sus salidas fueron providenciales para no encajar más goles. Recibió tres, sí, pero desde hace tiempo aporta más que paradas al equipo.

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