
Txomin Barcina salvó un punto para el Sanse en el partido disputado ante el Alavés y repitió el guión de hace una semana en Barakaldo. El filial txuri urdin acumula cinco de los nueve últimos puntos en una fase en la que se ha medido, además de al Izarra, al Barakaldo -quinto- y el Alavés -primero-, por lo que el botín no es nada desdeñable. El equipo crece y lo demuestra cada semana.
Y si hablamos de mejorar las prestaciones, hay que hablar de Nanizayamo. El joven francés, que repitió titularidad, fue uno de los mejores del Sanse gracias a su poderío físico y su capacidad para ganar balones y ofrecer segundas jugadas a sus compañeros. Ayudó mucho.
Enfrente estaba un equipo compacto, maduro, con un Beobide que da gusto ver jugar porque lo hace todo bien y unas buenas dosis de calidad en ataque con Sendoa y Viguera. No mandan en la tabla por casualidad y ayer lo demostraron en un Zubieta donde nevó a ratos.
Pero este Sanse no se rinde. Con una zaga que se hartó a pelear y unos medios que no tuvieron miedo a meter la pierna, el partido no tuvo muchas ocasiones pero ofreció lo que prometía: fútbol de verdad. El fútbol de siempre.
El cuadro albiazul lo intentó un par de veces por medio del clásico disparo de Viguera, buscando la rosca, pero ambos disparos se le marcharon arriba. Los de Meho Kodro, por su parte, apenas inquietaron con un disparo de Beitia desde la frontal y, sobre todo, una internada de Sangalli desde la banda derecha cuyo centro no remató nadie.
Ninguno había sido mejor en el primer tiempo. Ninguno cometió errores flagrantes y, por eso, el marcador no se movió. Sí lo hizo en el segundo aunque hubo que esperar hasta los minutos finales, cuando el Alavés abrió la lata para alborozo de su hinchada y parecía que los tres puntos volaban a Vitoria.
Pero no. Antes, Nanizayamo dispuso de un mano a mano que terminó con él, el portero visitante y un defensa en el suelo tras una múltiple colisión. Desde la grada la jugada pareció falta -y expulsión-, pero el colegiado se lavó las manos.
Los aficionados visitantes, que siempre se hacen oír más que los de casa, querían un gol. Lo pedían. Y tuvieron que sudar y persistir hasta los últimos minutos, porque este Sanse ha aprendido a resistir.
Los de Nacho González aprovecharon un resquicio por la banda derecha realista para marcar el 0-1 cuando sólo quedaban ocho minutos y el descuento. Juanma se coló y regaló un caramelo a Laborda, que no falló para júbilo de los suyos.
El último cartucho
El partido se ponía cuesta arriba para los realistas, que mascaban la derrota pese a completar un partido aseado, meritorio, ante una plantilla superior en todas las líneas y diseñada para ascender. Pero el equipo nunca bajó los brazos, se fue arriba con lo que tenía y logró empatar en una jugada un tanto larga y embarullada que Barcina finalizó con un fuerte disparo cruzado.
No hubo tiempo para más. El punto es más que bueno para el filial txuri urdin, que se beneficia además de las derrotas del Osasuna B y el Zaragoza B para alejarse una gota más del descenso. Y ahora deberá superar otro examen de enjundia en el campo del Real Unión.
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