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CELTA 1 - REAL SOCIEDAD 1
La Real sólo puede empatar en Vigo ante un Celta que jugó con diez la segunda parte
27 de enero de 2013
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Duelo. Chory Castro, uno de los realistas más activos, intenta superar a Demidov. :: EFE
ENVIADO ESPECIAL A VIGO | .-

Empate agridulce. Balaídos es un campo en el que no se encuentra a gusto la Real y se volvió a demostrar. No realizó una buena primera mitad y en la segunda, después de jugar con un jugador más durante 41 minutos, tan solo fue capaz de igualar la contienda mediante un gol de Elustondo al ermatar un córner. Al final, queda la sensación de que se ha dejado escapar una buena ocasión para haber avanzado aún más en la clasificación.

Los realistas volvieron a demostrar que, salvo la excepción del día del Barcelona, cuando se quedan en superioridad les cuesta mucho atacar defensas rivales bien plantadas y encontrar situaciones claras de remates con las que poder certificar los partidos. Sucedió recientemente contra el Deportivo, al que tampoco se le pudo hincar el diente en Anoeta a pesar de jugar con uno más durante media hora. Una faceta del juego más en la que hay que progresar.

Vigo, siempre en el recuerdo. No visitaba Vigo desde hace diez años, desde aquel fin de semana mágico en el que, a pesar del desenlace, vivimos unos sentimientos únicos e inolvidables que perdurarán en nosotros para siempre. Ha pasado una década pero es curioso cómo los recuerdos resisten firmes el paso del tiempo. Recorrer la zona de La Piedra conquistada entonces por la marea blanquiazul, la plaza de la Constitución -rebautizada como de la Real Sociedad según rezaba el cartel que algún aficionado osó colocar sobre el original-, los bares del Arenal, la calle Elduayen desde la que surgió la kalejira más multitudinaria jamás vista en este campeonato por una afición visitante o aquella cafetería en la avenida do Fragoso en la que servidor cenó el sandwich más triste de su vida con los ojos llorosos mientras por la calle contemplaba el autobús del Celta vitoreado por los suyos tras haber certificado la clasificación para la Champions... Un sinfín de imágenes en la retina que uno refresca con gusto cada vez que visita esta ciudad y le sirven para comprobar lo grandes que somos. En estos diez años hemos superado cientos de vicisitudes y aquí estamos, vivitos y coleando, caminando de nuevo con fuerza en la mejor Liga del mundo. Y haciendo historia, que es la que se escribe domingo a domingo. No se pudo ganar, pero al menos no se perdió.

El halago debilita. El exceso de confianza después del glorioso triunfo ante el Barcelona se presentaba como el mayor de los peligros en la siempre difícil visita a Balaídos por dos motivos. Primero, porque es un virus que reduce la agresividad e intensidad del que lo padece. Y segundo, porque enfrente estaba un Celta que sólo había recibido 7 goles en su campo esta temporada y que gozaba de un reconocido buen trato de balón en su juego. Por eso, al desayunar con la prensa viguesa delante no me agradó leer que Paco Herrera decía que «la Real es el rival más complicado que hay en la Liga». Un gentleman el técnico celtiña, que sabía cómo traspasar la pelota al tejado blanquiazul. El viejo axioma de que el halago debilita. La Real no cayó en la trampa, pero sí que le costó trabajar un partido que al final terminó salvando mediante una acción aislada a balón parado.

Superioridad celtiña en la medular. Montanier realizó dos cambios respecto al partido contra el Barcelona. El primero era lógico, la presencia como central derecho de Elustondo ante las lesiones de Mikel González y Ansotegi. Quizás debido a que el beasaindarra es más centrocampista que central optó por mantener a Markel en la medular en detrimento de Pardo para reforzar el aspecto defensivo colectivo. La gran sorpresa estuvo arriba, donde un desafortunado Ifrán dejó en el banquillo a un Griezmann que lleva un par de meses por debajo de su nivel habitual. Esa teoría de que el técnico francés sienta al que ha marcado no se cumplió con Chory, ya que a pesar de estar durante la semana entre algodones estuvo presente en el once.

Pero el Celta sorprendió desde el principio al jugar con cuatro jugadores en el centro del campo dispuestos en rombo que le dio superioridad numérica ante Markel, Illarramendi y Prieto. Oubiña ejerció de cuatro, Bermejo de mediapunta fijando a Markel y, de esta manera, Augusto y Krohn-Dehli jugaron con mucha libertad. No es casualidad que el primero estuviese a punto de marcar en un tiro cruzado que desvió bien Bravo ni que el danés marcase su primer tanto en la Liga. Ni que estuviese a punto de hacer su segundo en un tiro lejano al que respondió con un paradón el meta chileno.

Faltó velocidad con el balón. Ante esta situación la opción que tenía la Real era aprovechar los espacios que dejaba el Celta a sus espaldas en sus contragolpes. Pero un elemento necesario para sorprender al contrario, la velocidad, no se vio en el primer acto. Los realistas no movieron rápido la pelota en ningún momento y el único recurso ofensivo eran los centros de Carlos Martínez desde la derecha -Ifrán desperdició uno muy claro- y alguna genialidad de Illarramendi cuando se incorporó a campo contrario. El mutrikuarra dio una valiosa asistencia al charrúa, pero el remate de éste golpeó en un defensa y no encontró portería. La Real no se encontraba a gusto, sufría atrás cuando Elustondo tenía que salir a banda a medirse con Iago Aspas y entre líneas cuando los dos mediocentros subían al ataque y los volantes célticos ocupaban esa zona para lanzar la contra.

Cabezazo salvador de Elustondo. En la segunda mitad la lesión de Iago Aspas, que fue sustituido, y la expulsión de Augusto mermaron al Celta que, aún así, pudo hacer el segundo gol en un disparo de Park que salvó Bravo. En superioridad la Real no supo crear situaciones claras de peligro, aunque terminó encerrando al rival en su área. Si antes había faltado velocidad para trenzar las contras, ahora lo que faltaba era agilidad en la circulación del balón para romper la basculación defensiva celtiña. Hasta tal punto que tuvo que ser Elustondo quien desatascara la situación con un brillante cabezazo. Con el paso del tiempo, apreciaremos más el punto.

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