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Jon Álvarez, hijo del campeón realista Diego, es desde esta campaña uno de los masajistas del primer plantel azulgrana
18 de enero de 2013 - 12:55
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ADN blanquiazul en la galaxia culé
Jon Álvarez, sentado abajo a la derecha, en la foto oficial de la primera plantilla del Barcelona
MIGUEL GONZÁLEZ. San Sebastián. Los partidos entre la Real y el Barcelona son un clásico de la Liga. Ambos equipos se han enfrentado en 131 ocasiones y cuando se disputan en Donostia su sabor es especial. Desde los gloriosos ochenta, cuando los blanquiazules discutieron la supremacía de los dos grandes, la visita culé ha sido especial, un atractivo aumentado en los últimos años al convertirse en el mejor equipo del mundo.

En esa galaxia azulgrana hay ADN realista y de la mejor generación de la historia. Jon Álvarez, el hijo de Diego, aquel número 8 de la Real campeona, ejerce como fisioterapeuta de la primera plantilla cuidando a diario los músculos de futbolistas de talla mundial como Messi, Iniesta, Xavi, Puyol, Valdés y compañía. Como sucede en la mayoría de los clubes de Primera, los miembros del staff del primer plantel no pueden realizar declaraciones públicas, por lo que escribiremos su historia a través de terceras personas con las que ha convivido a lo largo de su carrera.

Jon nació el 2 de febrero de 1981 en Donostia y es hijo de Diego Álvarez, el interior derecho de aquella Real que ganó las Ligas y famoso por marcar el gol de Hamburgo en las semifinales de la Copa de Europa de 1983. Como suele ocurrir muchas veces, no es de extrañar que ese niño que creció golpeando el balón que su padre se llevó de recuerdo de aquella semifinal en Alemania quisiera ser futbolista.

Aquel balón de Hamburgo
Realizó sus estudios en la ikastola Ibai de Ibaeta, en cuyo patio hacía diabluras con la pelota. Como miles de donostiarras se curtió en el torneo playero de La Concha, de donde dio el salto al Antiguoko junto a su compañero de equipo Jon Aierbe. Eran unos años en los que Ibai discutió el dominio en el arenal a los grandes Aldapeta y San Ignacio.

En el Seminario entrenaban a finales de los ochenta los equipos más jóvenes del Antiguoko y allí se juntó con una generación de excepcionales futbolistas entre los que estaban Xabi Alonso y Mikel Arteta. Roberto Montiel, hoy entrenador del alevín antiguotarra y que coincidió en aquella época con él, le recuerda perfectamente. «Era un chaval apasionado por el fútbol. Muy serio y comprometido. Nunca faltaba a un entrenamiento. Era pequeñito, pero muy rápido y con mucha calidad».

Montiel pone un ejemplo para explicar cómo es Jon como persona. «Jugaba de interior derecho, pero en su puesto había otro que también era buenísimo, Juan Muguerza, al que se desplazó a la izquierda porque no le pegaba mal tampoco con la zurda. Lejos de competir por la posición hoy mantienen una gran amistad».

Que es un chaval amigo de sus amigos lo ilustra la siguiente anécdota. «Fuimos a jugar las 7 provincias vascas, un torneo que se organizaba antes en San Juan de Luz. Era para la generación de 1982 y futbolistas de 1981 que hubiesen nacido después del 1 de agosto. Así que fueron varios de su equipo como Xabi Alonso. Jon no podía jugar porque era anterior a esa fecha pero vino al torneo y durmió con nosotros. En la final ganamos con un golazo de Xabi Alonso desde el centro del campo, pero Jon fue el que más disfrutó de todos, y eso que no jugó», apunta Montiel.

Iñigo Elarre, actual entrenador del primer equipo antiguotarra, le dirigió en Liga Vasca cadete en la temporada 96/97 antes de marchar a Barcelona. «Era un chaval supermajo. Jugaba de carril derecho y era una máquina físicamente, no paraba de correr en todo el partido. No era muy alto y eso jugaba en su contra. Ahora, con el fútbol actual donde se cuenta más con los bajitos, quizás hubiera sido diferente. No metía muchos goles pero daba un montón de asistencias. Tenía un centro con rosca que era una maravilla».

Rumbo a La Masía con 16 años
En la Semana Santa de 1997 Jon fue con dos compañeros del Antiguoko, Arteta y Yanguas, a probar con el Barcelona y les escogieron a los tres. Elarre recuerda aquella experiencia. «Les pusieron a entrenar con el equipo del Barcelona de su edad y al pobre Jon, que era pequeñito, le tocó marcar a Haruna Babangida, hermano del que ganó la Copa de Europa con el Ajax. Era el triple que él físicamente. Una bestia, pero a pesar de ello le ficharon. Eso sí, pasó de interior a lateral».

El fichaje de tres donostiarras por el Barcelona causó un gran revuelo mediático, rememora su entrenador de entonces. «Durante toda la temporada había muchos ojeadores siguiendo al equipo. No iban mal encaminados porque allí jugaban Xabi Alonso, Aduriz, Arteta e Iraola, entre otros. Pero cuando se supo que se marchaban definitivamente a Barcelona vinieron hasta televisiones a los entrenamientos. Ante tanto revuelo, decidimos que no jugaran las tres últimas jornadas ni la Copa para protegerles».

En septiembre de 1997 aterrizó en la Ciudad Condal. Empezó jugando en el Juvenil A y llegó hasta el tercer equipo senior azulgrana. En este tiempo compartió vestuario con futbolistas como Valdés, con el que ganó la Copa del Rey juvenil en 2000, Reina (Liverpool), Fernando Navarro (Sevilla), Trashorras (Rayo) y Nano (Osasuna), además del propio Arteta. Con Iniesta también convivió un año en La Masía.

Paralelamente abrió otra vía al margen del fútbol que, con el paso del tiempo, se ha convertido en su profesión. Juan Muguerza, uno de sus mejores amigos donostiarras que ahora trabaja como abogado en Madrid, se sabe de memoria este capítulo de su vida. «Siempre se había llevado bien con los libros, así que cuando terminó COU comenzó a estudiar la carrera de Fisioterapia. Hizo los dos primeros años en Barcelona, pero después tuvo que aparcarlo porque fichó por el Racing B y en Santander no había esa licenciatura», explica.

Del Barça al Racing de Preciado
En el filial racinguista estuvo dos temporadas y fue una experiencia muy grata para él. «Volvió a jugar de interior derecho, que es donde más se ha divertido siempre, y tuvo en su primer año a Manolo Preciado», relata Muguerza. «Hicieron buenas migas. Siempre hablaba de la cercanía que tenía con los jugadores y lo cómodos que se sentía con él. Entonces Preciado empezaba su carrera como entrenador y no había saltado a la fama».

De Santander salió hacia el Ourense y, tras terminar aquella temporada, decidió volver a Barcelona para retomar sus estudios como fisioterapeuta. «Ya veía que del fútbol no iba a vivir y, aunque siguió jugando en el Gavá y el Castelldefels, lo hizo por afición. Quería buscarse algo serio para el futuro», dice Muguerza. Esa decisión se vio reforzada al serle detectada una necrosis en el cartílago de la rodilla que, tras consultar con el doctor Cugat, le hizo abandonar la práctica del fútbol con 26 años. ¡Quién le iba a decir entonces que hoy estaría en la primera plantilla del Barça!
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