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REAL SOCIEDAD 1 GETAFE 1
Carlos Martínez rescata un punto de oro en el último suspiro al restablecer un justo empate
9 de diciembre de 2012
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Testarazo. Carlos Martínez gana la espalda a Mané para rematar de cabeza el gol que dio el empate a la Real en el descuento. :: LUSA
MIGUEL GONZÁLEZ | .-

No hay forma de dar ese dichoso salto de calidad que tanto lleva buscando la Real en las dos últimas temporadas y que se le resiste cada vez que se le presenta la ocasión. Hace dos semanas fue Osasuna el que lo evitó y esta vez un Getafe que dejó hechuras de buen equipo. En ambas situaciones los blanquiazules demostraron actitud y aplicación en el esfuerzo, pero faltó acierto para superar a su adversario, lo que demuestra la igualdad que existe en el campeonato y lo difícil que es enlazar varias victorias para aquél que no se llame Barcelona o Real Madrid. Con todo, y visto el desarrollo del partido, el empate cabe considerarse justo y positivo cuando restan dos partidos antes de Navidad, en Granada y contra el Sevilla en casa, que sí parecen propicios para incrementar el número de puntos en la tabla.

Primera parte de tanteo. El guión del encuentro respondió a lo esperado. No hubo sorpresas. Se sabía que el Getafe era un equipo ordenado en defensa y bien trabajado que concede pocas alegrías atrás. Y no defraudó. Luis García acumuló hasta cinco centrocampistas en la zona ancha, con dos futbolistas en las esquinas como Pedro León y Lafita que son más de zonas interiores que de línea de banda. El objetivo era que ayudasen a Xavi Torres, Míchel y Barrada en sus duelos individuales ante Illarramendi, Prieto y Pardo, respectivamente. El resultado fue un juego muy trabado en el que apenas hubo aproximaciones a las porterías.

En el primer acto la Real supo mantener la cabeza fría y un buen posicionamiento sobre el campo para no verse sorprendida por la contra azulona. En ese papel resultó clave la aportación de Illarramendi, un futbolista con movimientos computerizados al que nunca le verán desprovisto de balón y posición. Por eso es tan válido para atacar y defender al mismo tiempo, por la velocidad a la que sabe cambiar el chip.

Así lo hicieron ambos equipos durante toda la contienda, porque al no haber un claro dominador de la posesión, el rol de atacante y defensor se intercambió continuamente. Pasada la media hora llegaron las dos únicas opciones reseñables de peligro antes del descanso. La de la Real en un cabezazo de Chory Castro en el segundo poste tras un gran centro de Carlos Martínez y la visitante en un zurdazo de Abdel Barrada tras pared con Pedro León. Moyá y Bravo no permitieron alegrías.

Pocos remates y sin acierto. El paso por vestuarios pareció sentar bien a una Real que embotelló al Getafe en los primeros minutos de la reanudación gracias a que Xabi Prieto y Griezmann hallaron más espacio en zonas interiores. Pardo sacó la escuadra y el cartabón para dibujar un pase a Ifrán que éste, después de sentar a Alexis, no acertó a definir ante Moyá. Poco después el uruguayo tampoco llegaría por centímetros a un buen balón raso centrado por Carlos Martínez desde la derecha. Pero el Getafe tardó poco en ordenarse y volver a asfixiar a la zona de creación blanquiazul, donde Illarramendi y Pardo sufrieron el buen hacer defensivo de Barrada y Xavi Torres.

En partidos de este pelo se sabe que las ocasiones van a brillar por su ausencia y que el acierto en el remate resulta decisivo. Ésta es la gran asignatura pendiente que tiene que aprobar la Real si quiere instalarse en la zona noble de la tabla. Aprender a solventar a su favor encuentros igualados y embarullados. Cuando vence es porque se muestra muy superior en el juego a su adversario, como sucedió ante el Málaga, Rayo o Valencia, por poner ejemplos recientes, o antes frente al Celta, Zaragoza o Athletic. Pero le cuesta ganar partidos equilibrados. Casos hemos visto en Anoeta recientemente ante Atlético, Espanyol, Osasuna y ayer el Getafe. Doce puntos de los que sólo se han sumado dos sin que la Real fuese inferior al contrario. Es quizás cuestión de oficio y veteranía, y para eso se necesita tiempo. En el fútbol los plazos no los marca uno mismo sino los rivales.

La ocasión que tuvo después Zurutuza a pase de Griezmann, unidas a las anteriores del Chory e Ifrán, reflejan la falta de puntería en estos encuentros en los que casi siempre gana el que da primero. Menos mal que Carlos Martínez acudió al rescate en el descuento para igualar el tanto de Lafita.

Cuidar los detalles. Otro aspecto que demuestra que a esta Real aún le faltan muchos kilómetros por recorrer son los pequeños detalles, aquéllos cuyo dominio permite ser más eficaz en el juego. Un ejemplo es el origen de las dos ocasiones que tuvo el Getafe en el partido. La primera fue el remate de Lopo al larguero después del córner cabeceado por Valera. Resulta que ese lanzamiento de esquina viene como consecuencia del intento de Illarramendi por evitar un saque de banda. Al final, resultó peor el remedio que la enfermedad.

El segundo es el propio gol del cuadro madrileño. La Real atacaba por la banda izquierda en campo contrario cuando José Ángel perdió uno de esos balones inocentes que en los minutos finales son imperdonables. El Getafe montó el contragolpe y el centro de Gavilán lo culminó de forma impecable Lafita llegando desde atrás. Pulir estas situaciones es clave para ser más competitivo y a ellas nos referimos cuando hablamos de saber manejar los tiempos de un partido. El oficio del conjunto madrileño se demuestra con un dato elocuente: cuatro de sus seis tarjetas se produjeron al cortar contragolpes realistas.

Un corazón invencible. Pocos jugadores habrá más comprometidos con sus colores como los de la Real. Por eso se han llevado calurosas ovaciones de la afición ante Atlético, Osasuna y Getafe a pesar de no ganar. Porque a un equipo se le pide, principalmente, que lo deje todo en el terreno de juego. Y luego, si hay acierto, la victoria estará más cerca. Ayer, cuando ya no había esperanza, rescató un punto en un gol que refleja la vocación ofensiva de este equipo. Centro del lateral izquierdo y remate del derecho. Un empate ganado con el corazón.

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